A estas alturas de los acontecimientos, Alá ya le debe haber aclarado que no puede entrar al paraíso al que él suponía que debería entrar producto de su jihad, porque se estaba interpretando mal El Corán, porque no era cierto eso de que hay que matar infieles para hacer justicia; porque en ninguna parte del Corán se estimula el asesinato de personas inocentes, cualquiera que sean los motivos. Y si en alguna parte del Corán habían leído algo así, era un error de interpretación, un error de imprenta o un error del profeta que no había aprendido bien sus directrices. Y se habrá encontrado con aquellos que se inmolaron con explosivos en el cuerpo, pilotando aviones suicidas, estrellando vehículos cargados de bombas pero, para su sorpresa, no le estarían esperando en el hall del paraíso sino más bien en el portal del infierno al que se le pedía que se acercara para considerar su caso. Y en la consideración de su caso, seguramente se tomará en consideración la opinión de los miles y miles de deudos de esas personas que murieron en Atocha, en las embajadas, en las torres gemelas, en los aviones estrellados; opiniones que, pese a ser opiniones de infieles en su mayoría, serán opiniones valederas e importantes porque, en el paraíso de Alá, lo más probable es que no se hagan distinciones de razas, de religiones, de condiciones sociales, de nacionalidades o ideologías. Lo más probable es que ese paraíso sea el mismo paraíso que nos enseñaron a los cristianos, a los hindúes, a los budistas, etc, y que en ese paraíso tengan cabida aquellos que durante su vida mortal no causaron daño a sus prójimos como condición sine qua non para entrar en él. Se preguntará, a estas alturas, qué cosa podría hacer él para corregir los errores cometidos en su anterior vida terrenal y poder acceder al tan añorado edén, pero se le dirá que ya es demasiado tarde para enmendar rumbos, que las vidas quitadas no se pueden devolver y que los sufrimientos causados hay que pagarlos y dirá que él interpretó fielmente las enseñanzas del profeta y se le dirá que el profeta no es persona grata en el paraíso por escribir de maneras ambiguas y que está pagando sus propios pecados en el lugar al que a él se le invita a entrar. ¿Dónde terminará finalmente el finado? Solo Alá lo sabe y grandes son sus misterios.
A estas alturas de los acontecimientos, los defensores de derechos estarán avanzando en su cruzada de presentarlo como una víctima de los yanquis y ya, a estas alturas, uno de sus hijos está diciendo que se sienten degradados y humillados ya que es ”humana y religiosamente inaceptable lanzar al mar el cuerpo de una persona de ese nivel y de esa importancia para los suyos”. Debería respondérsele recordándole lo inaceptable de dejar bajo los escombros de un derrumbe casi tres mil cuerpos de personas que también eran de mucha importancia para sus familiares y cuyo único pecado era ser infieles. No cabe duda de que, con el correr de los días, cobrarán importancia cada vez mayor las posiciones que buscan delincuentizar a los autores de la operación que terminó con uno más de los dolores de cabeza actuales de la humanidad. Se incrementarán las acciones de protesta y a esas acciones se sumarán los Al Qaeda, los Eta, los FARC y todos los que se aprovechan de la buena fe del resto del planeta. Y cuando el próximo bombazo estalle en quizá cuál aglomeración de personas que nada tienen que ver con las políticas internacionales, con la explotación de los recursos naturales, entonces las voces de protesta se acallarán y se silenciarán, pero no habrá marchas, no habrá manifestaciones porque los causantes no estarán a la vista, no serán conocidos y porque habrá temor a lo desconocido.
Nos resulta difícil, muy difícil poder discernir entre lo que está correcto y lo que no lo está en esta maraña de acontecimientos que nos baña todos los días y que enturbia hasta a la más clara de las mentes, que enreda hasta al más organizado de los pensamientos; ¿Cuál es la verdad? ¿Quiénes tienen la razón? Lo único que nunca dejará de ser cierto, que siempre perdurará en cualquier sociedad, en cualquier país o tribu o grupo humano es que “si quiero que mis derechos sean respetados, debo respetar los derechos de mis semejantes” Hoy por hoy, a estas alturas de los acontecimientos, el no tomar en cuenta esta simple oración, nos ha traído la gran mayoría del los problemas que aquejan al mundo.
donbaldomero.
P.S. Queenpazdescanse.







quien es ala ?
Alá es la castellanización de la palabra árabe Allah, que significa en árabe el Dios único de las religiones abrahámicas (islamismo, cristianismo y judaísmo). Si bien el término es más conocido en Occidente por su utilización de los musulmanes como referencia a Dios, éste es utilizado por los hablantes de árabe de todas las religiones abrahámicas, incluidos los judíos, en referencia a Dios. El término fue utilizado también por los paganos dela Meca como referencia al Dios creador, posiblemente, la deidad suprema en la Arabia preislámica.
Los conceptos asociados con la palabra (como una deidad) difieren entre las tradiciones. Enla Arabia preislámica, Alá no era la única divinidad, sino le asociaban colaboradores y compañeros, hijos e hijas. En el Islam, Alá es el supremo y comprende todo-nombre divino. Todos los demás nombres divinos se cree que refieren a Alá. Alá es único, el único Dios, trascendente Creador del universo y Omnipotente. Los árabes cristianos de hoy, no tienen otra palabra para Dios más que Alá, usan términos tales como Allāh al-ab para referirse a Dios padre. Hay similitudes y diferencias entre el concepto de Dios tal como es representado en el Corán y la Biblia hebrea.
donbaldomero.
P.S. Extraidodewikipedia.
empieza a simpatizar este ala, sin embargo, seria tambien el Padre de Jesus, el Cristo, o como seria la cosa ?
es que no tengo suficiente poder, y tengo que asociarme con otros despoderados para defenderme de los dueños del capital y pasarles por encima.
Sobro todo cuando se juntan en una sola mano el poder político, el económico y el religioso, porque el poder militar está quedando obsoleto.