
Hace algunas semanas anuncié la suspensión de mi militancia en el PPD. Lo hice como protesta por la indolencia de las autoridades del Partido frente a las malas prácticas internas y al grave fracturamiento de la ética. Este problema esta afectando también al conjunto de los partidos, a la Concertación y al propio Estado. Por su causa hay desilusión y desconfianza de los ciudadanos.
Considero que nuestro acto de rebeldía ha tenido consecuencias positivas que no se pueden ignorar. En el Consejo General efectuado este fin de semana observé en la mayoría de los delegados un apoyo a nuestros planteamientos y un sincero deseo de cambiar y eso me convoca a mantener mi militancia en el partido, pero no como miembro de la Comisión Política.
El resquebrajamiento de la ética comenzó dentro. No hay diferencia alguna entre hacer fraude en una elección, la compra-venta de votos, el acarreo, la amenaza como forma de obtener incondicionalidad, la oferta de empleo como compensación por los apoyos incondicionales o por mentir;
y la compra de facturas falsas para engañar al fisco en la rendición de cuentas de campañas políticas.
Pero lo que se requiere son hechos y no palabras. Acciones concretas y no gestos comunicacionales como aquél levantamiento de manos con el que fui sorprendido tras mi intervención en el Consejo General.
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