nuevamente asistimos a este espectáculo dantesco de como nuestro querido país, esa loca geografía es arrasada por el fuego provocada por inconcientes, tanto nacionales como extranjeros, por aquellos que persiguen fines no declarados y pirómanos.
Valga mi reconocimiento a todos aquellos que luchan bajo precarias condiciones, brigadas forestales, bomberos y tantos otros a controlar, a lo menos, este desastre.
Pobre Chile, cientos de miles de hectáreas consumidas año tras año por la fuerza devastadora del fuego que no reconoce clase social, etnia o edad ni género, es una fuerza que genera simetría, todo queda plano, marchito, nada más se distinguie, aparte de unos choncos de árboles chamuscados, muertos, sin vida.
Se me caen las lágrmias y sufro de desesperanza.
un saludo
Joachim Seefeldt






