Chile, primer lugar en desigualdad
El crecimiento económico por sí mismo no cierra la brecha entre los ingresos: hay factores de fondo que ayudan a perpetuar la inequidad.
Entre ellos se incluye la concentración del capital financiero en pocas manos; la brecha de los ingresos laborales entre los ejecutivos y la mano de obra; la disgregación de la fuerza sindical y la inoperatividad de elementos que potencialmente podrían disminuir las desigualdad, como la calidad de la educación pública.
Ninguno de estos factores puede ser modificado sin la construcción de una democracia real que dé poder resolutorio a la gente.
Un informe elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ubicó a Chile en el primer lugar de los países con peor distribución del ingreso y con los mayores índices de pobreza entre los miembros de esta entidad. Y pese a que tanto el Gobierno como el empresariado confían en que el crecimiento y la generación de empleos mejoren la situación, expertos aseguran que se trata de problemas estructurales derivados del sistema económico que impera en el país.
Un panorama poco alentador respecto de la distribución del ingreso en el país reveló este martes el informe “Panorama de la Sociedad”, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Según el documento, Chile ocupa el primer lugar respecto de la desigualdad de la distribución de los ingresos en su población y se posiciona en el tercero en cuanto a los índices de pobreza. Un diagnóstico que pone el dedo sobre la yaga, después de todas las gestiones que se realizaron para que nuestro país, finalmente, pudiera entrar al grupo de las naciones más ricas.
De acuerdo a lo que indicó la OCDE, Chile posee un coeficiente de Gini – que mide la desigualdad- de 0,50, mientras la media de la organización es de 0,31. Es decir, el país se encontraría al nivel de Brasil, México y Zambia. Por otro lado, se alcanza un total de 18,9 por ciento de pobreza, lejos del 10 por ciento en promedio que registran los países miembros de la OCDE.
Estas cifras, en todo caso, no son una sorpresa. De hecho, la encuesta Casen de 2009 – que se dio a conocer el año pasado- ya indicaba un aumento en la brecha de los ingresos autónomos entre los ricos y pobres durante el periodo 2009 – 2006. Así el 10 por ciento más rico incrementó en un 9,1 por ciento sus ingresos, bordeando los 3 millones de pesos en promedio, mientras que el 10 por ciento más pobre redujo este ámbito en un 26 por ciento, alcanzando cerca de 63 mil pesos. La encuesta también reveló un aumento de la pobreza de un 13 a un 15 por ciento.
Frente a este escenario, el ministro de Planificación, Felipe Kast, comentó que “es una vergüenza social que en un país que crece tanto tenga estos niveles de pobreza y de desigualdad y, por lo mismo, estamos teniendo un gasto social muy fuerte e importante y no solamente eso, sino que un crecimiento económico que es la gran herramienta para destruir la pobreza. Sin empleo es muy difícil que podamos lograr el desafío de garantizarle a cada chileno, un lugar de dignidad”.
Con mayor optimismo , el presidente de la Confederación para la Producción y el Comercio (CPC), Andrés Concha, aseguró que estos indicadores son efectos de la crisis económica y que con la recuperación del crecimiento, el escenario volvería a ser favorable.
“Coincide con un periodo de desempleo y altos precios de los alimentos como ocurrió en 2009. Eso juega en contra de la distribución del ingreso. Esperamos que esas cifras puedan mejorar con la expansión de la economía y el aumento del empleo porque realmente la capacidad de insertar en el mundo del trabajo a la gente que está cesante o inactiva, genera un impulso que se ve altamente beneficiado en los sectores de menores ingresos”, dijo Concha.
Sin embargo, para el economista y director de la FLACSO, Andrés Solimano, la desigualdad en la distribución de los ingresos del país es un problema estructural que más allá de aspectos coyunturales, se relaciona con el sistema económico imperante en Chile y que no ha podido ser resuelto por ningún Gobierno en las últimas décadas.
“El índice de Gini está sobre el 50 por ciento en Chile hace por lo menos un cuarto de siglo. Puede tener vaivenes, como bajar la desigualdad en años de crecimiento económico y subir en periodos de recesión porque se afecta más a la fuerza laboral que pierde empleos e ingresos. Eso es cierto, pero todo eso pasa en torno a una media de desigualdad en torno a un 50 por ciento. Eso ya es un problema estructural y no parte de un ciclo”, precisó Solimano.
De hecho, Chile pasó de tener un ingreso per cápita de 4 mil 500 dólares en los ´80 a 13 mil en 2010 y la desigualdad se ha mantenido constante. “El crecimiento económico por sí mismo no cierra la brecha entre los ingresos”, afirmó el experto.
En este sentido, el economista indicó que existen ciertos factores de fondo que ayudan a perpetrar la inequidad a lo largo del tiempo. Entre ellos se incluye la concentración de la tenencia de activos de las grandes industrias en pocas manos; la falta de reducción de la brecha de los ingresos laborales entre los ejecutivos y la mano de obra; la disgregación de la fuerza sindical que disminuye el poder de negociación de los trabajadores y la inoperatividad de elementos que potencialmente podrían disminuir las desigualdad como la calidad de la educación pública que serviría como movilizador social.
A juicio de Solimano es necesario promover un consenso social para impulsar iniciativas como una Reforma Tributaria – el elemento por excelencia para reducir las brechas- y una Reforma Educacional que potencie la educación pública.







al obtener las dos primeras mayorías y pasar ambos a la segunda vuelta demuestran que aún cuando los analistas internacionales aseguran que hay que celebrar el enorme crecimiento que ha experimentado Perú hasta ahora sin embargo se deduce conforme a los resultados electorales que no se tradujo en una redistribución de esa riqueza y gran parte de la población peruana demostró entonces estar muy desconforme con los anteriores gobiernos al extremo de que Toledo, quedó bastante más abajo porcentualmente que el resto.
Disculpen si estoy meando fuera del tiesto pero todos ustedes saben que yo no entiendo nada de política ni tampoco me interesa. :)
Saludos Cordiales
TOMAS NOMAS
pero quise cooperar con ese ejemplo para que aquí en AtinaChile se analice qué pasará en Chile si a pesar de aumentar la riqueza la gente de a pie sigue igual o peor que ahora.
Saludos Cordiales
TOMAS NOMAS
Creo que esta imagen que subió Konrad en su último artículo Hermanos y Vecinos les ayudará a entenderlo. :) Ja Ja Ja
Saludos Cordiales
TOMAS NOMAS
Ya que ellos son el problema, por lo tanto, no son parte de la solución...
Entiéndanlo de una vez, jaja...
Una democracia real, por si sóla, no es suficiente para mejorar "el mal llamado problema de la distribución del ingreso"...
Ni siquiera entienden realmente el problema y por eso lo llaman así...
Por otro lado, algo que si es un problema, es que no quieren resolver el problema...
Si lo quisieran resolver, hablarían los medios de comunicación todos los días de un concurso nacional para presentar un proyecto o idea que lo resuelva...
¿Hablan todos los días los medios de comunicación acerca de la búsqueda de ese proyecto país que resuelva un problema tan preocupante como el que se ha señalado acá?...
La respuesta es: ...
¡ Adivinen ! ...
Correcto... Le han atinado... La respuesta es no, pero, ¿por qué la respuesta es no?...
La respuesta es no porque "NO LES INTERESA RESOLVER EL MAL LLAMADO PROBLEMA DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO"...
Ya que, si les interesara resolverlo, todos los días los medios de comunicación estarían promoviendo una iniciativa gubernamental para encontrar un plan a nivel nacional que resuelve ese fantasmagórico problema...
Pero, no lo hacen, porque no les interesa resolver el problema...
Ya que si les interesara resolver el problema, todos los días los medios de comunicación... Todos los días... Todos...
no puede ser modificado sino por la violencia o por una democracia real, que recoja la voluntad de corregir el sistema, nacida de un imperativo ético o sólo de la legítima resistencia al abuso, de la rebeldía natural de cualquier ser vivo.