Y cuando vi sus ojazos brillantes de tanta maravilla no me pude resistir. Pasé por el acordeón del bus y me acerqué a su asiento. Me observó desde sus cuatro añitos, luego miró su paragua, que aún se tambaleaba. Podríamos decir que era un paragua azul colgando de un “toma mano” en la mitad de un transantiago, pero no le haríamos justicia. Ahora, si bajáramos unos buenos muchos centímetros, quizá nos podríamos acercar a la verdad. Era un flamenco azul colgando del cielo!!! Y él podía columpiarlo!! Su mirada volvió a mí, o más bien, a mi paragua.
“El mío


















Comentarios recientes
hace 7 horas 52 mins
hace 8 horas 3 mins
hace 8 horas 21 mins
hace 10 horas 5 mins
hace 13 horas 55 mins
hace 1 día
hace 1 día
hace 1 día
hace 1 día
hace 1 día