¡Pobre Anabel!
Recordar asesinatos, secuestros, crímenes, detenciones ilegales –sus historias–, forma parte de la idiosincrasia de todos los países, de tal forma que, la historia de una nación, es también la historia de sus asesinatos. Esto es así, aunque entiendo que es penoso para los familiares que aún viven. Más mirado desde el interior de nuestros corazones puede ser, y en cierto modo, un homenaje a la persona fallecida, que sirva para aflorar nuevamente lágrimas a esos ojos que nunca dejaron de mirar la última fotografía del ser querido.
Sin embargo, de esta manera pueden sentir en sus corazones que el recuerdo nunca muere, y que la muerte con violencia de un ser humano debe ser castigada con todo rigor por el peso de la ley –nuestros jueces- en el ejercicio de sus funciones. Es una pena que en España no sea instaurada la cadena perpetua para caso muy concretos de delitos de violación, terrorismo, atraco a mano armada, etc., etc.
Del asesinato de Anabel Segura (secuestrada durante más de dos años) y del rapto de Pepito Mendoza (estuvo secuestrado más de tres días). Crímenes que se han de recordar para que no se repitan y para honrar la memoria de las víctimas
(Leer más)