matias cornejo bunger

Reflexiones entorno a la Producción y Realización De Obras Cinematográficas en Latinoamérica.


El desarrollo del cine independiente, sus dificultades y el requerido apoyo institucional

Matías Cornejo Bunger(1)

Si se me presentase la oportunidad de ser docente en alguna Escuela de Cine o Comunicación Audiovisual, la primera pregunta que haría a los alumnos de primer año sería: ¿Cómo se llega a tener una película en salas para su proyección al público? O bien, ¿Cuáles son las etapas específicas en la producción de un filme?

Cierto es que han entrado a estudiar para poder aprender el oficio y ser capaces de responder aquellas preguntas en el futuro, más imagino que varios levantarían la mano para contestar, siguiendo su intuición. Supongamos que las respuestas siguieran la siguiente lógica:

1. tener una idea.

2. escribir un guión.

3. conseguir técnicos.

4. realizar casting de actores.

5. filmar (optar por un formato).

6. editar.

7. distribuir.

8. exhibir en salas.

Un esquema preciso, ordenado e incluso de una simpleza aparente tal que animaría a muchos más a hacer películas.

Sin embargo, quienes hemos estado involucrados en el desarrollo de un proyecto fílmico desde su punto cero, vale decir, desde “la idea fílmica”, intentaríamos explicarle a aquellos estudiantes –sin descorazonarlos o deprimirlos- que la tarea de realizar una película es similar, por su complejidad, consumo de recursos y esfuerzo a construir una pirámide y que se debe trabajar primero la base para llegar finalmente a la punta, al gratificante corte final y su proyección en la pantalla de alguna sala en penumbras. Sólo entonces uno sonríe y piensa: lo logramos.

Pero la sonrisa da paso a un nuevo desafío puesto que inmediatamente se desencadenan otros procesos tan fundamentales como la realización de la película misma. Se deben iniciar sin demora las gestiones de producción que incluyen negociar la distribución de la película; conseguir una plaza en los diversos festivales para su reconocimiento y abrir la ventana que acercará la película a los mercados ventas internacionales; promocionarla, puesto que el dinero invertido debe recuperarse en plazos razonables y mas importante aún, generar beneficios suficientes que permitan pagar aquellos sueldos que no fueren cancelados durante la preproducción puesto que, en ocasiones se requiere llegar a acuerdos económicos y porcentuales con actores, técnicos o productoras, quienes confiados en el producto final se asocian a la producción invirtiendo –como capital de riesgo- los pagos que les corresponden en pro de aumentar los fondos que lleven a buen puerto el proyecto fílmico en el cual participaron.

En el proceso de recuperar lo invertido nos encontramos con uno de los puntos que, a mi juicio, dificulta significativamente el desarrollo de la producción cinematográfica en muchos países de Latinoamérica: el reducido tamaño de sus mercados locales. La excepción la constituyen precisamente aquellos países que, teniendo una gran población y por ende un número de espectadores importante, como Brasil, México, Argentina, Colombia presentan a su vez un grado de desarrollo de la industria del cine mundialmente reconocido. Por ejemplo, si tomamos el mercado en Chile, con una población de 16 millones, hace casi imposible el retorno de los fondos a los socios inversionistas basado exclusivamente en la asistencia a salas, por masiva que ésta sea. Difícilmente se logrará costear la producción de una película de nivel internacional de p.ej. 2 millones de dólares.

Se concluye entonces que la industria cinematográfica de aquellos países con una menor producción relativa de películas DEBE estar basada en una apertura a mercados externos. Se deberá abandonar la idea de considerar exclusivamente a los ingresos obtenidos del espectador local como la base de recuperación de la inversión. Los ingresos deben tendrán dos fuentes: una local y una que provenga de mercados externos. Cuando nos referimos a mercados externos tenemos principalmente a Latinoamérica en mente, que representa una población de más de 450 millones de personas que comparten una lengua en común (a excepción de Brasil, donde sería necesario el subtitulaje). Tomando en consideración la potencialidad este escenario, me parece que debiera explorarse la constitución de una institución que congregue a las distintas entidades encargadas del fomento cinematográfico en cada país y logre constituir una instancia de apoyo efectivo y más amplio para que una película boliviana, venezolana, uruguaya, chilena, en fin, cualquiera producción de cine latino tuviera siempre acceso a la oportunidad de estreno en salas a lo largo y ancho de Latinoamérica.

Abrirse a los mercados de Latinoamérica, ofrece posibilidades de mayores beneficios, continuidad en el desarrollo de la industria, estabilidad y empleo para los estamentos profesionales y acceso a conocer nuevas realidades y culturas a través de las obras fílmicas.

Otro escollo al emprendimiento cinematográfico es la dificultad que enfrenta la producción al acceso a fuentes de financiamiento. Todos aquellos que han realizado alguna película coincidirán conmigo lo difícil que resulta interesar, o preferible convencer, a inversionistas privados para que apoyen un determinado proyecto fílmico. Es que se trata de vender una suerte de intangible cuyo retorno dependerá de muchos factores. Sin embargo, una opción concreta que facilita la estructura de financiamiento son los fondos concursables de instituciones estatales o privadas específicamente destinados al fomento de la industria del cine. Podríamos pensar, o mejor dicho soñar, que los realizadores cinematográficos tuvieran la oportunidad de concursar también a fondos de una institución latinoamericana creada para estos efectos. Tendríamos así una instancia internacional e intercultural que, con su apoyo pienso, fomentaría la participación de capitales privados en la industria del cine. Esta institución podría servir además como un organismo consultor para la creación de fondos similares en los diversos países asociados.

Los fondos concursables son sin duda un tremendo apoyo a la realización de una obra cinematográfica. Sin embargo, desde un punto de vista pragmático y objetivo, depender del resultado del concurso a esos fondos, resulta a veces más un obstáculo que un soporte para el realizador. El timing de la producción se debe ajustar a la espera de los resultados durante un par de meses luego de presentado el proyecto a los fondos concursables, lo que genera ansiedad si se depende en un porcentaje muy alto de los fondos. Y a veces no siempre el proyecto se adjudica el monto solicitado, situación que incide directamente en la posibilidad de completar las etapas para llegar a la ansiada copia final.

Con esto hemos dado una mirada general a las dificultades que enfrentan los cineastas latinoamericanos en la distribución y financiamiento de sus proyectos fílmicos y esbozamos la necesidad que sus esfuerzos cuenten con un grado de apoyo institucional. Sin embargo, la realización de película alguna sería posible sin el concurso de las personas que intervienen en ella. Creo en el talento del cine latinoamericano, lo he visto en los festivales, conozco el ímpetu por filmar y contar historias. El potencial de desarrollo es muy grande y sólo debemos encontrar los mecanismos adecuados de apoyo a la realización para que el negocio del cine en Latinoamérica sea una actividad comercialmente rentable y un aporte permanente al arte de la cinematografía mundial. Este desafío hace que debemos concentrarnos muy profundamente en profesionalizar cada área de la producción cinematográfica, iniciando el proceso desde las instituciones que imparten la carrera audiovisual y cine. El mayor desafío se encuentra en diseñar la carrera para que el estudiante ya en primer año conozca en la práctica el trabajo de producir una obra cinematográfica –un cortometraje, por ejemplo, en el formato que sea- y deba pasar por la experiencia de ejercer cada cargo, porque hacer cine es como zarpar en barco, donde cada quien tiene sus obligaciones y todos dependen de todos, independiente de que el director o el productor marque el rumbo. Es necesaria la existencia constante de nuevas generaciones de jóvenes cineastas bien preparados, en específico en el área producción, que según ha sido mi experiencia es uno de los engranajes más débiles en la realización cinematográfica de los jóvenes recién egresados. Como dije, una película es un trabajo en equipo, nadie sobra –y si sobra, no se requiere. Es común que en la producción independiente (la verdad es complicado hablar de una industria cinematográfica) el director sea productor a su vez, combinación que en ocasiones va en desmedro del trabajo de dirección y del resultado final de la película, ya que una misma persona debe preocuparse de filmar y cómo lograr filmar lo que quiere.

Cerrando esta mirada personal y rápida sobre la creación cinematográfica en Latinoamérica quisiera dejar sometidos a discusión los tres puntos siguientes los que considero son parte fundamental de los cimientos sobre los cuales se debe construir que para el futuro de la industria del cine Latinoamericano:

1. Profesionalizar el área cinematográfica en todas sus facetas a partir de una formación de alto nivel de los estudiantes, los futuros cineastas.

2. Profundizar el apoyo estatal o privado al fomento del cine a través de fondos concursables, pero analizando y adecuando los procedimientos de otorgamiento de los aportes para optimizar el uso de los fondos y su mejor asignación.. Explorar la creación de una institución latinoamericana de fomento al cine.

3. Crear una institución que englobe Latinoamérica en su totalidad y que posea herramientas adecuadas para permitir la apertura de los mercados para las películas de los distintos países y que desarrolle y apoye alternativas de redes de distribución con mayor cobertura para las mismas.

Latinoamérica no debe limitar el talento creativo maravilloso de sus realizadores. Al contrario, debe fomentarse el desarrollo de éste con convicción y energía, implementando medidas tan ingeniosas e imaginativas como las películas mismas. El talento y su adecuado fomento permitirán, sin duda, que cada país de Latinoamérica pueda proyectar la inmensa riqueza artística y de creación de sus realizadores, quienes con tesón, talento y trabajo bien hecho esperan su oportunidad para entregar al mundo, con una sonrisa, el fruto de sus desvelos.

([1]) Productor, director y guionista de cortos y largometrajes. Su último trabajo es "Lo Bueno de Llorar", guión escrito junto al director Matías Bize.
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