
http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/09/18/chile-y-el-mercurio.asp
Agustín Edwards Eastman
Presidente de “El Mercurio”
“El Mercurio” siente este Bicentenario con multiplicada intensidad, pues ha
vivido la historia casi completa del Chile republicano. Al celebrar su
Centenario “El Mercurio” de Santiago, en 2000, reflexionábamos sobre esa
relación especial que une al país y al diario. Pues hemos atravesado más de 18
décadas, con el esfuerzo y talento de miles de colaboradores, buscando
contribuir al progreso nacional mediante la difusión y defensa de las ideas que
creemos adecuadas y comprobadas por el tiempo y la experiencia. Por supuesto,
damos la noticia completa y tan pronta y exacta como nos es posible, pero en
nuestra línea editorial indicamos no sólo lo que vemos, sino cómo lo vemos y
por qué lo vemos, con total independencia periodística. El público chileno ha
valorado esto. Nuestro diario interpreta a la sociedad, no le dicta pautas, no la
presiona ni le impone ideas. Si “El Mercurio” no se apoyara en la realidad
social, si no entendiera en un sentido hondo el alma nacional, no sería nada ni
representaría a nadie. Debe estar sintonizado con la opinión pública y con sus
ideas permanentes, debe ser el reflejo de cada momento histórico y del
pensamiento medio de la sociedad chilena. No es un diario de élites, ni de
clases medias, ni de estratos populares. Es lo que sus fundadores quisieron que
fuera: un diario de todos los chilenos. Al interpretarlos, hemos mantenido el
diario en su nivel de influencia, calidad y equilibrio. Y esa opinión pública
nos plebiscita a diario. Si dejáramos de interpretarla, simplemente dejaría de
leernos.
Por eso, década tras década, atentos a los problemas de la
sociedad nacional, continuamente estamos investigando y publicando lo que
interesa a todos los chilenos: la educación, los problemas de la salud, el
medio ambiente y la contaminación, la familia, la cultura, el crecimiento
urbano, la droga, la delincuencia y la seguridad, la previsión, los derechos
del consumidor, entre incontables otros. Así, a todos sirve, para todos tiene
una información de interés.
Buscamos siempre sintonizar con la opinión pública chilena, que nunca es
extrema. No cree la gran mayoría de los chilenos, ni tampoco nuestro diario, en
la exaltación, la injuria, la fuerza, el desorden o la violencia. Por eso, en
momentos de extrema pasionalidad política y social, sostiene su tono moderado.
Se mantiene así fiel a la filosofía mercurial que hace más de un siglo
recordaba mi abuelo, Agustín Edwards MacClure: “Es un diario que… no se mezcla
en la política ardiente, y nada aconseja cambiar un rumbo… sabiamente indicado
por mi padre en sus últimos momentos…. Una cosa sagrada (es) la imparcialidad de
‘El Mercurio’ en las luchas políticas”.
Por cierto, en el futuro habrá siempre nuevos desafíos. Atravesamos una revolución tecnológica inmensa, pero en nuestra larga historia no es ésta la primera vez que se pronostican cambios profundos en las comunicaciones sociales: “El Mercurio” se fundó en Valparaíso 49 años antes de que se inventara el teléfono, 68 años antes de que apareciera la radio y más de 100 años antes de la televisión. En cada caso, el tiempo demostró que cada medio tiene una función no fácil de sustituir.
Un diario no es sólo un papel impreso con noticias y comentarios. Es un equipo humano que día a día escudriña los más variados acontecimientos del mundo y los pondera e interpreta para darles un orden y una jerarquía, mediante la cual se pueden situar en un contexto y, así, explicar y comprender. Otros medios tienen la obligación de dar a conocer los hechos en forma instantánea, sin poder sopesarlos ni jerarquizarlos. Otros, con ritmos más lentos, pueden desligarse de la noticia y dedicarse al comentario. Pero un diario vive a horcajadas entre la rapidez de los acontecimientos y la necesidad de ordenarlos y presentarlos según una visión del mundo, que debe tener una coherencia interna y ser de interés para la comunidad.
Hoy, al mismo tiempo que en el papel, “El Mercurio” actúa en los más avanzados soportes de la tecnología electrónica. Uno y otros ofrecen opciones que el lector puede combinar y ajustar libremente a sus intereses y necesidades —y no sólo necesidad de informarse, sino también de expresarse—. Una prueba de ello, entre muchas otras, es la enorme vitalidad con que sus lectores participan cada día en secciones complementarias, como “Cartas al Director” (centenares cada día) y el blog vinculado a la misma (miles cada día), y que en cinco años de funcionamiento ha recibido más de un millón y medio de ellos. Los soportes en papel y electrónico se potencian así recíprocamente.
Sin duda, muchas cosas cambiarán en los próximos cien años, pero “El Mercurio”, como Chile, los inicia con gran optimismo.






