
No es la primera vez que amigos extranjeros me hablan de Chile como un país
"fashion". Sí,
"fashion" en todas las dimensiones del precepto,
"fashion" en lo bueno y lo malo, en los éxitos y los fracasos, en las tristezas y las algarabías. Es que la mirada de personas que no están impregnadas de la rutina del país, que no son devoradas por el frenetismo de nuestras incapacidades, siempre pueden representar un quiebre en la forma entender nuestra sociedad.
En verdad, nunca había pensado que este país pudiera ser
"fashion", la realidad de esta pequeña franja de tierra no me daba para razonar esto. Sin embargo, después de conversarlo con la Maquita, llegamos a entender algunas cosas a las que se podrían haber referido nuestros amigos foráneos.
En primer lugar, comprendimos que cuando ellos se refirieron a
"fashion", no estaban hablando de un país "de moda", porque a pesar de las luces mediáticas internas, Chile siempre ha sido sólo un pasajero de portadas y debates internacionales. Para ellos, creo,
"fashion" lo plantearon como un concepto más pasivo, un país que sin muchas luces, sigue las tendencias internacionales sin inventar ninguna, que asume roles de ratón más que de científico.
Mis amigos que saben de historia me dirán, pero, a veces sin lograr entender la razón de ellas, las tendencias mundiales adoptadas por Chile, tienden a ser precedidas de grandes anuncios y exageraciones en su aplicación. Desde el 48 chileno (1848) hasta asunción de una mujer a la presidencia (2006), nuestros actos han estado marcados por el seguimiento de una pomposa vanguardia. No hace mucho, quisimos seguir el socialismo con Allende y observando la experiencia soviética y cubana, buscamos la forma de implantarlo en nuestra democracia.
Después, los golpes de estado fueron moda y los militares chilenos magnificaron un "golpazo" con Hawker Hunter y Rockets contra el palacio de la moneda. Luego, los modelos neoliberales se hicieron patente en los ochenta, las privatizaciones estuvieron en boga y sin dilación la aplicamos hasta en salud y educación, entendimos que el mercado debía resolver todo y no demoramos en creer esto a ojos cerrado. Así llegamos a la transición y los gobiernos de la concertación continuaron la tendencia a través del modelo de los consensos, la tercera vía y una mujer en el gobierno.
Sí, somos
"fashion", no hay duda. No sé si será bueno o malo, si estamos condenados o bendecidos, lo único que sé, que a mis amigos les gusta este sello y, a veces, no muchas, a mi también.
Sergio Toro Maureira
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Rompemos con el modelo esperado...
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Si!! Yo también!!!