jorge Muñoz Cerda

Medios de comunicación y Fortalecimiento del Capital social:

Con el devenir de la historia, los medios de comunicación existentes en las diferentes sociedades han tenido un rol fundamental como motores de transmisión del pensamiento. Con la llegada del siglo XX, los medios de comunicación han protagonizando la mayor transformación (política, económica y social) conocida en la historia de la humanidad. Gracias a ellos se han generado un sin número de cambios sociales relevantes en la sociedad moderna, por lo que la idea de posicionar temas políticos, sociales y económicos como necesidad social está supeditada a la construcción de mensajes y entrega de información a través de ellos.

por Jorge Muñoz Cerda


La Influencia de los medios sobre nuestras imágenes del mundo es notoria y real, ya que éstos influyen en muchas facetas de nuestra vida cotidiana, a veces sin darnos cuenta. Nuestro modo de vestir para ir al trabajo, el camino que elegimos a veces para llegar a él, los planes del próximo fin de semana, nuestros sentimientos generales de bienestar o de inseguridad, el enfoque de nuestra atención sobre el mundo más allá de la experiencia inmediata y nuestras preocupaciones sobre los temas del día, están bajo la influencia cotidiana de los medios de comunicación.


La influencia de los medios de comunicación (diarios, revistas, periódicos, televisión, Internet, radio y cine) en nuestra sociedad ha sido tal, que las personas han cambiado sus costumbres y estilos de vida, comportándose de acuerdo a lo que ven, oyen y leen. Los cambios sociales y culturales que han provocado los medios de comunicación en la sociedad (grupos e individuos) -gracias a la necesidad de éstos por la información entregada- ha permitido a los temas de desarrollo social posicionarse en un trampolín mucho más sólido y alto, para transmitir las ideas tanto de la ciudadanía como del gobierno.

Debido a lo anterior es común considerar a los medios de comunicación como uno de los pilares más importantes en el desarrollo de la democracia. A ellos se les atribuye una serie de funciones como la vigilar a los poderes públicos frente a la posible comisión de abusos sobre la ciudadanía y representar la diversidad de puntos de vista existentes en la sociedad, a tal punto que la libertad de expresión ha sido considerada, junto con la libertad de conciencia, uno de los derechos humanos fundamentales dentro de las sociedades contemporáneas para que estas alcancen un desarrollo humano real y concreto.

Es aquí donde nacen las siguientes preguntas, ¿los medios de comunicación chilenos están al servicio de la ciudadanía? ¿Están realmente comprometidos con los procesos de desarrollo, sobre todos aquellos vinculados a lo regional y local? ¿Son un verdadero apoyo a la construcción de capital social que apunte a desarrollo equilibrado y humano?.....

Medios de comunicación en Chile, una triste realidad

Para Carlos del Valle, Doctor en comunicación y docente de la Universidad de la Frontera de Temuco, en Chile los medios de comunicación se caracterizan por un fuerte componente centralizador a nivel político, económico y territorial asociado a un fuerte componente ideológico, que los hace concentradores de poder. “La peculiaridad del caso chileno es que estos procesos económicos de concentración van acompañados de un marcado ‘monopolio ideológico’ y la presencia de grupos extranjeros que se mueven en la lógica de la ‘industria de la entretención’, van copando los espacios comunicativos y relegando a los márgenes la diversidad cultural y política”. “La centralización se expresa en el carácter dominante que han adquirido las empresas que se desarrollan desde la Región Metropolitana para expandirse hacia otras regiones del país y cada vez es más fuerte la presencia de audiencia en regiones de radios que pertenecen a grandes consorcios” . En el aspecto territorial, la mayor parte de los medios pertenecen a reducidos grupos de carácter oligopólicos que, desde la capital del país (Santiago) controlan el mercado de la prensa (dos grandes consorcios y un diario del gobierno de turno), la radio (dos consorcios extranjeros, siete radios institucionales y tres empresarios nacionales), y la televisión (seis canales de difusión nacional). De todos ellos, sólo una cadena de radiodifusión ha surgido en una región, aunque su lógica de administración y gestión, es similar a las cadenas nacionales.

Los estudiosos de la prensa y quienes trabajan en ella coinciden a la hora de aseverar que la concentración de los medios en Chile es tan extrema que no se da en ningún otro país en democracia. La prensa chilena se podría catalogar de un oligopolio que va extendiendo su influencia en la ramificación que no tiene que ver estrictamente con la propiedad, sino que con un montón de otras cuestiones que terminan por cerrar un círculo y hacer que en Chile, en prensa, tengamos un espacio extraordinariamente totalitario con una aparente libertad, ahí se explican las agendas temáticas, las pautas y una serie de cosas.

Además de estos factores, nuestro sistema de libre mercado juega un rol clave en la realidad de los medios de comunicación. Es a través del avisaje publicitario que se sustentan, ya que las ventas en quioscos representan una parte mínima de los ingresos. Con esto, las empresas que colocan su publicidad en los medios de comunicación pueden, en muchos casos, influir en la línea editorial, la pauta de noticias e incluso, decidir la subsistencia de éstos.

en general se puede afirmar con certeza que los medios chilenos son menos pluralistas, de peor calidad y paradójicamente, menos apropiados para las exigencias de una democracia que lo que fueron durante la dictadura. En los quioscos es posible encontrar variados diarios bien impresos, el dial está lleno de estaciones radiales y los medios audiovisuales han atraído una importante inversión extranjera. De cualquier modo, una lectura más atenta nos permite constatar que el nivel del periodismo en Chile está debajo del nivel de sus vecinos, muchos de los cuales son verdaderamente subdesarrollados. Los medios de prensa están escindidos y no reflejan al chileno promedio, que es más abierto, liberal, tolerante y curioso.

Respecto a los contenidos y las temáticas de los medios chilenos, estos adolecen de toda profundidad y análisis, por ejemplo en el caso de la televisión si tomamos un día como el domingo para ver un noticiero, es fácil notar que entre 15 o 20 minutos del total del programa están destinados al fútbol. Si se suma el tiempo que ocupa este deporte más la publicidad, es fácil darse cuenta que el tiempo real de noticias no supera el cuarenta por ciento del noticiero. Otro aspecto interesente que se le critica a los medios es su excesiva homogeneidad por ejemplo en el caso de la televisión existen concluyentes opiniones “prácticamente no sabría distinguir entre uno u otro informativo. La fuente es la misma en todos. O sea, aparece un mismo ministro en los mismos canales. ¿Por qué no buscar otra opinión que contraste? No hay comentaristas, gente capaz de dar interpretación a un hecho. Es pobre la apertura al exterior. Carecen de corresponsales que interpreten la noticia a la chilena y no a través de la CNN o la TV española, señala Hernan Uribe, Autor del libro la Invisible mordaza.

Pra este mismo autor los factores que influyen en el tratamiento de la información en Chile por parte de los medios de comunicación son los siguientes:

- Existe una excesiva centralización de lo considerado noticioso.

- La agenda es fijada por aquellos que controlan los medios.

- En el proceso de producción de la noticia, tienen incidencia directa los intereses de quien posee el poder político y económico.

- La recopilación, selección y difusión de las noticias están mediatizadas por factores estructurales y político culturales.

- Las noticias difundidas no presentan las relaciones de causalidad de los hechos y sí crean confusión o desorientación en lo receptores de ellas.

- Los sectores más pobres de la población no constituyen noticia, salvo cuando se trata de hechos delictuales o tragedias.

- Hechos susceptibles de crear conmoción local son difundidos en segundo plano, pero en cambio se da lugar a noticias distractoras de la atención sobre los problemas graves.

- La selección de noticias en los medios está marcada por la respuesta del grupo de interés dominante (mundo político y empresarial).

- Otro ángulo demarcatorio, la noticia es concebida como un producto comercial, como una mercancía, noticia es lo que se vende.

- La publicidad (financiamiento de los medios) influye directamente en la elaboración de las noticias.

- Una ventaja de los difusores o empresarios del periodismo es que a la vez venden una mercancía ideológica.

- El receptor de los mensajes informativos percibe una realidad a medias, incluso a veces deformada.

Respecto al rol del estado, es cada vez más claro que éste se encuentra ausente en la generación de espacios y condiciones necesarias para garantizar la participación en los medios de todos los sectores. Según señala Abraham Santibáñez “El rol del Estado es presentar una alternativa, ser una voz distinta, la intervención de éste se plantea no con la propiedad de un medio, sino que con la generación de espacios y condiciones aptas para el pluralismo”. Esto en Chile no se ha dado ya sea en forma directa, como es la creación de medios u en forma indirecta como es el aporte en inversión y dineros. Ejemplo de esto es que la inversión estatal en publicidad en prensa, es decir, de los avisos que las instituciones del Estado publican en los diarios, un 50% está dirigido al grupo Edwards, un 30% a COPESA y el 20% restante se distribuyen en todos los demás medios. En este sentido, el Estado aparece como un promotor de la desigualdad y de la concentración de la propiedad.


Debemos señalar además que no todas las responsabilidades recaen en el mercado, los dueños de los medios de comunicación o el Estado. En otros lugares del mundo la ciudadanía juega un rol protagónico y fundamental a la hora de exigir sus derechos frente a la libertad de información, la veracidad y la representación. En Chile, en cambio, parece no existir una cultura de exigencia de derechos en este sentido, nuestro país adolece de una conciencia social cívica respecto del tema del pluralismo, de la comunicación, se confunde mucho con diversidad, la gente cree que es plural que haya varios diarios. Pero también falta en la construcción de ciudadanía un componente fundamental y es que efectivamente un Estado democrático sea democrático en la medida en que sus espacios autónomos de comunicación social permitan la construcción de nuevos espacios donde operar diversos tipos de cuestiones.


Pese a lo irónicamente en el último Informe sobre Desarrollo Humano en Chile señala que dentro de las Instituciones que más poder han ganado estos últimos años en Chile aparecen en primer lugar los Medios de Comunicación (Diarios, TV, Radios) con un 78,4% seguido por los Empresarios con un 76,7% y el Gobierno con un 67,0%. De acuerdo a las instituciones que tienen más poder del que deberían, los Medios de Comunicación aparecen luego de los Empresarios y Partidos Políticos con un 55,0 % de las respuestas. En relación a la información y los Medios de Comunicación los encuestados creen que éstos han cambiado para mejor porque hay mayor diversidad de opiniones. También advierten que los cambios más negativos son el aumento del sensacionalismo y la pérdida de los valores y tradiciones. Por otra parte, pensando en su vida diaria, la mayoría dice que los medios le ayudan a entretenerse y distraerse de sus preocupaciones y que además, le ayudan a entender con claridad por qué ocurren los acontecimientos de Chile y el mundo. (PNUD 2004)

Algunas reflexiones

 

Como hemos visto ateriormente los medios de comunicación chilenos tienen una configuración, a nivel de estructura y funcionamiento, altamente centralizada, concentrada, cohesionada e ideologizada. Al mismo tiempo esta concentración cuenta con una red de vinculaciones a nivel económico y político en todos los sectores de la sociedad, hecho que ha convertido a los medios, a juicio de instituciones internacionales, en uno de los sectores con más poder en Chile (PNUD 2004). Este fenómeno mediático sólo contribuye a mantener un status quo social que favorece a ciertos sectores económicos y políticos, los cuales sólo responden a sus propios intereses, dificultando en gran medida cambios sociales de vital importancia para nuestro país.

Por otra parte, que el sistema mediático nacional sea extremadamente concentrado y funcionalmente centralista, muchos de los temas importantes para la sociedad quedarán supeditados a los intereses editoriales del dueño o dueños de las empresas de comunicación. Es aquí donde se extraña el rol del Estado como promotor de las políticas públicas e interlocutor válido para la representación de la ciudadanía para posicionar, a través de los medios de comunicación, temas de necesidad pública como lo son el desarrollo humano local y regional del país.

No se puede negar que al dar una primera mirada se puede concluir que en el país existen muchos y distintos medios de comunicación, pero esto no quiere decir que sólo por su existencia son sinónimo de pluralismo, desarrollo humano local y regional. Cuando la estructura mediática se presenta como en el caso chileno, el surgimiento de nuevos medios de comunicación, ya sea a nivel nacional, regional y local, que no pertenezcan o estén ligados a los grandes grupos, se dificulta, quedando sujetos a mantenerse en el mercado gracias a esfuerzos personales y a competir constantemente de forma desigual con los medios de presencia nacional, lo cual obstruye y coarta la libertad de expresión.

En este escenario debemos comprender que el desarrollo humano no puede eludir el problema de la ciudadanía cultural, en este sentido se debe facilitar al mayor número posible de personas los recursos culturales y comunicativos, a fin de poder utilizar con la máxima autonomía posible la información y poder participar de manera tanto más comprensiva en la formación de la opinión pública, al menos en los temas en los que se sientan más concernidos por su situación o intereses.

Sin duda en Chile, todo esto está condicionado por la estructura de poder y por la forma tremendamente estratificada en que socialmente se distribuye la competencia cultural o el capital cultural. Pero no es menos cierto que plantearlo como un problema no resuelto de la democracia.

Y es aquí donde no es posible construir desarrollo sin una intervención activa del Estado en la promoción y definición de los procesos de comunicación. Seguir dejando el juego de la comunicación a la libre oferta y demanda, equivale a validar un sistema desigual signado por la concentración de la propiedad, la ligereza de las programaciones y el incentivo de producciones sensacionalistas que trabajan por consumidores y no por ciudadanos. En procesos que deben avanzar desde la ciudadanía, recogiendo su participación, empoderándola en distintos espacios, Chile necesita estructuras estatales más fuertes para el desarrollo humano, no para el mercado; para la lucha contra la pobreza, no para la legitimación de la diferenciación y exclusión inhumanas; para la inclusión protagónica de la ciudadanía ejerciendo poder y, de este modo, construyendo democracia.

La institucionalidad estatal en el campo de la comunicación debe abandonar su inclinación al uso de los medios en función proselitista pro-gubernamental, abriéndose a su responsabilidad de fomentar procesos educativos y de afirmación cultural, posibilitando la existencia justa y democrática de todas las voces, incentivando la producción cultural propia y generando políticas y estrategias que partan del ser humano.

 

Es necesario definir e implementar políticas de comunicación dirigidas a promover el desarrollo. Este desafío implica el diseño de políticas públicas democráticas de comunicación a largo plazo, poniendo el proyecto social por encima del interés académico y del interés mercantil. No se trata de reponer la propuesta de las políticas nacionales de comunicación, pero es necesario recuperar su inspiración, para dar paso a la construcción de políticas ciudadanas que legitimen el derecho a la comunicación.

 

 

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