

Desde el retorno a la democracia hemos escuchado a sucesivos gobiernos concertacionistas que habrá prioridad por la cultura. En el caso específico del libro, hubo algún candidato, luego presidente, que en su campaña prometió eliminar el IVA a los libros. Por supuesto que luego encontró muchas excusas para no hacerlo.
Creo, en todo caso, que no es el IVA lo que provoca los alarmantes niveles de no lectura en nuestro país (una vueltecita por el ciberespacio revela que este es un problema mundial). Creo que el problema pasa por una actitud ante la cultura, ante el libro, como una cosa aburrida y sin interés comercial. Hoy serían impensables las revistas como Billiken y El Peneca, que tanto recuerda mi padre.
Sin embargo debemos señalar una obviedad enorme: para que haya lectores, debe haber escritores y como en toda actividad humana, las personas requieren un cierto reconocimiento, un estímulo, sino a nivel individual, al menos a nivel colectivo. Es el sano orgullo de saber que uno se dedica a una actividad que para el país es importante y que de ello se ocupan las máximas autoridades.
En 1972 una ley cuya intención ignoro, modificó las bases del Premio Nacional de Literatura y en uno de sus aspectos más nefastos, lo convirtió en un premio bianual.
Los sucesivos jurados del Premio fueron poco a poco estableciendo una tácita alternancia entre narradores y poetas, que no está escrita en ninguna parte, pero que se respeta.
Este año nos corresponde, nuevamente, conocer quién será el ganador, seguramente un narrador, ya que en 2004 el premio recayó en el extraordinario poeta Armando Uribe.
Ha habido varios ministros y gentes vinculadas a la Economía, que han dicho que hay un problema de dinero para volver a la anualidad del premio. Actualmente, el galardón conlleva un reconocimiento de 12 millones de pesos y una pensión vitalicia de 600.000 mensuales. Una verdadera jubilación para los escritores. La
Revista de Libros de El Mercurio, sugirió el viernes algo que concitaría gran respaldo entre los escritores. Bajar el premio a seis millones, la renta mensual a $ 300.000, pero volver a convertirlo en anual. Aunque la idea sea vergonzosa al lado de los $ 20.000.000 denunciados para ejecutivos de Codelco, es una idea responsable que viene del mundo de la cultura y que ojalá las autoridades actuales puedan repensar.
Otro hecho interesante y digno de meditar, es devolverle a la
Sociedad de Escritores de Chile, SECH su asiento en el jurado.
No hay que seguir postergando a los escritores. Ya es suficiente con la piratería, los bajos índices de lectura, el desconocimiento supino de nuestros mayores talentos y otro largo etc.
Es la hora de devolverle al Premio Nacional de Literatura el valor y el respeto que merece.
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prof. Benedicto González Vargas.
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