Por: Jorge Muñoz Cerda
Introducción
Discutir y hablar de
El presente ensayo tiene por fin, abordar y llevar a la discusión lo que voy a llamar “la genética centralista chilena”[1] y su importancia en la formación de Chile, además de la actual institucionalidad política pública existente. El tema, en sí mismo, suena enorme y lleno de complejidades, es por esto que quiero suscribirme a algunos puntos específicos, los cuales a mi entender, de una u otra manera son medulares para comprender la actual institucionalidad publica nacional[2].
En la primera parte de este trabajo abordaremos la actual configuración de la regionalización y descentralización chilena; en esta etapa sólo me remitiré a dar, muy resumidamente, cuenta del estado del arte, en lo referido a materia de descentralización en Chile[3]. Lo anterior suena dicotómico y un poco extraño, ya que al comienzo hablo de cultura centralista, pero la verdad es que me parece un ejercicio interesante para comenzar la reflexión.
Hay muchos que creen que Chile debe descentralizarse para alcanzar mayores niveles de desarrollo e inserción en este mundo globalizado. Estos pensadores, muchos de ellos pertenecientes, irónicamente, a clases privilegiadas[4], sostienen y toman como ejemplos en sus argumentaciones realidades lejanas, historias y contextos diferentes. Miran nuestra realidad de manera segmentada, basándose en indicadores que les dicen lo que quieren escuchar. Esto a mi entender genera una serie de perplejidades, confusiones y desilusiones que sólo llevan a laberintos sin salida. No comparto además la visión de aquellos políticos e intelectuales que no se han resignado a ser lo que son (chilenos), si no que persisten de una u otra manera en pretender que aún podemos convertirnos en imitaciones aceptables de realidades lejanas.
Chile tiene una base (genética) difícil de desentrañar e imposible de omitir; al hacer un análisis de nuestra realidad, somos hijos de nuestra historia, pero no debemos olvidar que nuestra historia tiene madre, padre y abuelos, a los cuales debemos conocer.
Para lograr lo anterior entraremos al campo de la historia, donde trataremos de convertirnos en verdaderos observadores, haciendo sentido a las reflexiones de un conocido académico, quién en sus magistrales clases gritaba a los vientos “dejen que el suceso (dato) hable, usen el sentido común y vean donde otros no ven”[5]. Creo y considero que esta forma de conocer y comprender, permitirá visibilizar cuáles fueron los factores que influenciaron la formación de la institucionalidad del Estado Chileno, y el por qué de su excesiva centralización.
Si bien es cierto, cada unos de estos temas daría para escribir un libro, creo oportuno referirme de una u otra manera a ellos. Hago este ejercicio teniendo la seria convicción de que Chile, debe descentralizarse para lograr avanzar hacia un desarrollo humano real y democrático, en donde se respete la diversidad y la autodeterminación de los habitantes de los territorios. Lo que me preocupa personalmente se centra en la siguiente pregunta, “si la descentralización es un proceso imperante y necesario, ¿por qué no se avanza?, es más, ¿por qué se retrocede?”[6]. Pienso y creo que está en nuestra genética: el ser centralista, es lo que leo en la historia y creo, además, que el cambio sólo se dará en la medida que asumamos esto.
Estado del arte: Actual proceso de descentralización en Chile
En Chile, se han hecho diversos intentos por descentralizar; el más actual viene dado de la mano del golpe militar de 1973. Es aquí, irónicamente, que nace un nuevo paradigma[7], sobre el cual se articulan las nuevas políticas del gobierno, las cuales en cierto modo tienen como base la regionalización y la descentralización del país.
Con la creación de
A nivel comunal, también en 1974, se dicta el Decreto Ley 573, donde se define a las municipalidades como "instituciones de derecho público funcional y territorialmente descentralizada, cuyo cometido es dar satisfacción a las necesidades de la comunidad local y, en especial, participar en la planificación y ejecución del desarrollo económico y social de la comuna, o agrupación de comunas, sea trabajando separadamente, o coordinando su acción con otros municipios, o con los demás servicios y organizaciones del sector privado, en la ejecución de los planes de desarrollo comunal"[9].
Luego con el Decreto Ley 1.289 de 1976, las municipalidades quedaban jerárquicamente vinculadas al jefe del Poder Ejecutivo. Con todo esto, las municipalidades, que comienzan a adquirir nuevas responsabilidades en educación y salud, a comienzos de la década de los
Uno de los aspectos de mayor relevancia del proceso tiene que ver con la creciente vinculación entre regionalización y descentralización, que se lleva a cabo a fines de la década de los 70'. Sin embargo, el proyecto regionalizador no tuvo su contraparte en una efectiva descentralización de la organización administrativa, regional y local, por el contrario, por la propia naturaleza autoritaria del régimen imperante no les fueron transferidas las capacidades de decisión real en la solución de problemas, y en la búsqueda de formas alternativas de desarrollo. De esta forma, quedaron supeditados al poder central, el cual velaba por la congruencia en la aplicación de las políticas, y por la vigencia del paradigma autocrático, más que en privilegiar la participación real de los gobernados. Con todo esto, más que una descentralización, lo que efectivamente se produce es una desconcentración.
Con la llegada de la democracia la temática de la descentralización adquiere gran relevancia, especialmente vinculada a la democratización regional y local. Durante el gobierno del presidente Aylwin, se sentaron las bases de la actual estructura regional, por medio de
Con ella se genera la institucionalidad descentralizada en las regiones, y el traspaso de competencias y atribuciones a nivel regional, y se establece “que las regiones son organizaciones político-territoriales dotadas de personalidad jurídica de derecho público que gozan de autonomía relativa del patrimonio propio”[10]. También durante este período se democratizaron las elecciones municipales, y se aprobó una moderna reforma tributaria, que aumentó un diez por ciento los ingresos locales.
Posteriormente, la ley Nº 19.175 establece que la figura institucional más importante, es el Gobierno Regional; que posee personalidad jurídica y patrimonio propio, y está conformado por el Intendente Regional y los Consejeros Regionales y, desde 1995, por un equipo profesional y administrativo, especialmente abocado al tema de los procesos de modernización y descentralización del Estado. Así, a mitad de la década de los
No puedo dejar de mencionar que, a pesar de todos estos intentos, aún falta mucho por concretar en el ámbito regional y local, especialmente en lo que se refiere a la efectiva participación de la ciudadanía en instancias más cercanas a sus intereses, como son generación, funcionamiento y fiscalización de los órganos regionales.
Otro tema no menor, es la nula participación de los organismos regionales en el diseño y asignación de los fondos públicos nacionales, además de la falta de políticas que ayuden a éstos a generar recursos propios. Todo esto ha llevado, a los gobiernos regionales, a una dependencia absoluta de la asignación de recursos entregadas por el parlamento y el gobierno regional.
La lista puede seguir largamente; lo claro aquí es que este proceso, más que responder a un verdadero proceso de descentralización, responde a un simple modelo de “regionalismo desconcentrado”[11], vale decir, una forma de administración, en la cual se ve una clara regionalización subordinada al centro capitalino.
Si bien es cierto, han habido avances cualitativos, como las reformas políticas de 1991, que descentralizaron y desconcentraron ciertas potestades administrativas del Estado[12], es claro que el actual modelo de distribución territorial no es capaz de solucionar los problemas del centralismo político[13], falta de participación ciudadana y desequilibrios económicos sociales entre los territorios.
Chile y su gen centralista.
En nuestro país han existido una serie de iniciativas para cambiar el escenario existente, esta serie de enfoques en torno a la descentralización, han llevado a que se incorporen elementos de relevancia que condicionan los desafíos de la descentralización: la equidad, en el sentido de lograr equilibrio en el reparto de los beneficios obtenidos, producto del desarrollo económico, y la participación, entendida como la ingerencia de la población en el sistema de toma de decisiones.
Pese a esto, más que avances, tanto en el plano político como en el académico y el discursivo, da la impresión que retrocedemos; el centralismo aumenta en todos los planos la falta de voluntad política para superar la obsolescencia del actual ordenamiento institucional; la creación de nuevos mecanismos de control ciudadano[14], sumado a la falta de participación, el desmedido aumento de la pobreza, la destrucción del medio ambiente, entre otros factores, llaman la atención.
Pero, ¿por qué Chile no da este salto?, y es aquí, donde nacen preguntas cómo ¿le interesa a los chilenos un país descentralizado?, ¿Por qué si existe voluntad política, y se firman decálogos y compromisos, no se da un verdadero salto cualitativo al respecto? ¿Serán los descentralizadores verdaderos descentralizadores? Las preguntas pueden surgir una tras otra al igual que las repuestas.......
¿No será que, muy en el fondo, la cultura Chilena es esencialmente centralista? ¿No será que chilenos, a diferencia de los europeos estructuralmente y genéticamente, no estamos hechos para vivir en sociedades descentralizadas? ¿No será que, el centralismo, no es más cómodo, ya que delegamos en otros la capacidad de decidir, y para otros les es más cómodo decidir por los demás? ¿No será que nuestros descentralizadores, tal cual cura Gática, predican pero no practican?
Lo anterior da para pensar, y a veces, basta con mirar cosas tan simples como las bases de nuestra institucionalidad para deducir esto. Un simple ejemplo es lo que se entiende en nuestro país por ley: "la declaración de la voluntad soberana, que manifestada en la forma prescrita por
Por otra parte, no podemos dejar de lado aspectos de nuestra cotidianidad, por ejemplo, la importancia que tiene el papá en la casa, las oficinas con sus constantes ires y venires entre el jefe y los empleados, en donde todos los empleados creen que el jefe soluciona los problemas y el jefe también cree que él, es el único que los soluciona.
Pero vamos más atrás, donde nacen estos comportamientos tan bien aprendidos y tan arraigado en nuestras bases.
Para algunos autores Chile, en sus orígenes, no fue Centralista, si no más bien nació de local. En este aspecto se toman como ejemplos clásicos: los cabildos coloniales y la organización matriarcal del pueblo mapuche. La verdad es que no concuerdo con esta visión, Chile, al igual que el resto de los Estados Latinoamericanos, no conocieron en su germinación aspectos descentralizadores, si no más bien, desde la llegada de los conquistadores, América Latina se convirtió en una extensión del imperio, que fue sometido con la cruz y la espada, y regido con mano de hierro a precio de sangre.
Quiero aclarar, que la argumentación que plantea la influencia de los pueblos americanos, en este supuesto origen en lo local y con organización descentralizada, parece un poco errática. No debemos olvidar que los pueblos originarios al norte del río Maule, estaban regidos por el imperio Inca, el cual se caracterizaba por una fuerte organización centralista. En el caso de pueblo mapuche, es cierto que éste gozaba de una fuerte organización descentralizada, la cual chocó fuertemente con la visión del imperio Español, lo que se ha visto reflejado en un conflicto que ha durado por siglos.
Para entender el por qué en Chile se ha arraigado el gen del centralismo, debemos mirar el proceso macro en la génesis de nuestro país. Creo al respecto, que la paradoja, la desilusión y la perplejidad que ha caracterizado a los intentos de reformar, modernizar y descentralizar Chile, son producto de creer a ciegas que podemos reproducir la experiencia de los países Europeos o que tenemos las mismas bases que ellos.
Existen cuatro factores que han marcado a fuego en nuestros genes la tradición centralista: el primero de ellos es la ausencia de la tradición feudal en la tradición Chilena y latinoamericana en general; el segundo es la ausencia del fenómeno de la disidencia religiosa y la imposición de una sola postura[16]; el tercero es la ausencia de cualquier acontecimiento comparable con
Respecto a la ausencia de tradición feudal, ésta no existió ni siquiera por herencia en Chile, no debemos olvidar que a la llegada de los españoles este régimen político había quedado en desuso en Europa, por lo cual no fue transplantado a nuestras tierras. La importancia del feudalismo radica en la importancia que éste ha tenido, como punto cardinal, en la tradición política occidental; es en él donde se encuentra la raíz del parlamentarismo europeo, del liberalismo y de todas las variantes sociopolíticas que se originaron de ellos. Las instituciones representativas y los parlamentos son inequívocamente producto de la edad media, y resultado directo del desarrollo de feudalismo, que en sus asambleas colocaba fuertes limitaciones a la corona. Al no existir feudalismo en Chile, vale decir, grandes duques, caciques o propietarios (no confundir con patrones de fundo), no existieron poderes los suficientemente fuertes para oponerse al poder central, tanto en lo económico y militar. Esto tiene como resultado que el centro político nunca se vio obligado a renunciar al poder, o amenazado en el ejercicio de éste.
También debemos precisar, en este punto, que Castilla era en su época el estado más centralista de Europa, lo cual contribuyó a radicar fuertemente el centralismo en las tierras conquistadas.
El segundo factor de importancia, dice relación con la falta de disidencia religiosa y con la imposición de una sola visión. Al respecto debemos hacer algunas precisiones. No debemos olvidar que, el Estado español, tuvo su origen bajo el reinado de Fernando e Isabel de Castilla. Esta monarquía, como precisa la historia, fue sin duda la más fuertemente centralizada de su época, la cual fue capaz de ejercer un control efectivo sobre los territorios españoles. Lo que caracterizó a este proceso político es que, a diferencia del resto de los países de Europa, España no se vio sometida a las fuerzas de choque propias del feudalismo, lo que le dio la característica de convertirse en la primera potencia mundial. Con el descubrimiento de nuevas tierras, los reyes católicos necesitaron justificaciones legales y políticas, que les permitieran hacer apropiación de estos nuevos terruños. Es así como los reyes recurren a la institucionalidad vigente más poderosa de la época, “el papado”, quien concede a perpetuidad a
Para ver el efecto de lo anteriormente expuesto basta comparar los orígenes y el desarrollo de los países de América del Norte con los de América del Sur. Aquí se advierten inmediatamente diferencias importantes. Una de ellas dice relación con las prácticas de poder que tenían. Los colonos ingleses a su llegada sobrevivieron y prosperaron del abandono de su madre patria, desarrollando mecanismos políticos propios y diferenciados del poder central; esto generó una rápida disidencia y un fuerte rechazo a las figuras de autoridad inglesas. Por su parte, en América del Sur, la realidad era totalmente distinta. Las tierras descubiertas fueron el resultado de una aventura privada de la corona española, la cual, como primera medida, optó por institucionalizar y mantener un control directo y exclusivo de estas tierras, imponiendo, en primer lugar, una sola legislación y una sola religión (ambas altamente centralistas)[19].
El Tercer factor dice relación con la ausencia de Revolución industrial en nuestro País. No debemos olvidar que en Latinoamérica, en menos de una generación, se adoptaron tecnologías industriales que a los europeos les tomó siglos crear. Esto significó que la industrialización, como fenómeno, no alcanzó en estas tierras el resultado de un proceso autónomo de crecimiento, si no que se estableció bajo la forma de una respuesta compleja a un estimulo externo. Por tanto, la diferencia principal entre la revolución que tuvo lugar en Europa y el proceso de industrialización, tanto chileno como latinoamericano, reside en que la primera tuvo un origen periférico, que desembocó en una atenuación del poder central; en la segunda, el principal impulso procedió del centro y, lejos de debilitarlo, lo fortaleció. Mientras que en Europa el industrializador estuvo asociado a las actividades y al modo de vida de una naciente burguesía, en el caso chileno y latinoamericano, no estuvo acompañado ni precedido por la formación de grupos semejantes. Es más, se puede señalar que la burguesía latinoamericana, en general, alcanzó el poder político con anterioridad a la llegada de la industria, y que fue, en calidad de administradores burocráticos, que obtuvo directa o indirectamente el control sobre el proceso de industrialización. Posteriormente, éstos apoyaron el crecimiento industrial y corporativo; aprobaron propuestas, concedieron licencias, animaron empresas dudosas, canalizaron recursos en moneda extranjera, como crédito público en dirección a sus amigos y partidarios políticos[20].
Es importante señalar que en toda América Latina, y en especial Chile, el proceso industrializador se dio gracias a la creación de empresas públicas estratégicas y a una multitud de empresas menores dependientes. De hecho, las primeras empresas técnicamente privadas en el país, tuvieron sus orígenes en capitales extranjeros. El resultado de todo este proceso demostró que, en Chile, se crearan fuerzas altamente concentradas en las esferas de poder. A diferencia de los países Europeos, la industrialización no contribuyó a romper el excesivo centralismo, si no más bien se convirtió en un elemento reafirmante del mismo, esto se debe principalmente, a que este proceso fue dirigido y fomentado centralmente, lo que ha conducido a un reforzamiento del poder del estado central, sin haber generado desafíos periféricos de importancia.
Respecto al aspecto político, debemos remitirnos a nuestras bases políticas más profundas. No se puede negar el hecho que, desde la fundación de Chile, los ordenamientos institucionales tradicionales se han fundado en una tradición política que ha sido siempre centralista y sólo, excepcionalmente, se ha desviado de este rumbo. Claudio Véliz reflexiona al respecto: “Durante los tres siglos de dominación Ibérica sobre América Latina, las rupturas más importantes con este centralismo fueron el resultado de la defección metropolitana; la decadencia de España en el siglo XVII se reflejó en una indiferencia hacia lo asuntos de las indias o, lo que es peor, incapacidad de asumir las responsabilidades imperiales de gobierno. Desde la independencia, la pausa liberal marca el quiebre más importante con el centralismo y ésta fue, en buena medida, el resultado de una oleada de signo nacionalista, que intentó rechazar todo lo español y reemplazarlo por culturas más atractivas (Inglesa, Francesa). Identificaban con razón el concepto de gobierno centralista y autoritario con la tradición colonial, y lo rechazaban a favor de un reparto del poder efectivo, político y económico, encarnado en los credos contemporáneos radical y liberal”.
Estas visiones liberales, al poco andar, se vieron opacadas en nuestro país, los constantes vaivenes estructurales, políticos y sociales[21] generaron que Chile se convirtiera en un país altamente centralizado y jerarquizado, lo cual, pese a los avances mencionados en la primera parte de este trabajo, se ha mantenido hasta hoy en día, con todas las dicotomías actualmente presentes.
Conclusiones.
Chile necesita un cambio radical en sus bases estructurales, esto se hace urgentemente necesario para alcanzar un desarrollo integral. En mis anteriores trabajos me he propuesto la difícil tarea de apoyar estos procesos descentralización, pero no puede existir un real apoyo sin un acabado conocimiento de los procesos sociales y ésta es, la tarea en la que me encuentro ahora.
Creo fehacientemente que para generar un cambio estructural sólido en nuestra institucionalidad hay que insertar en nuestras bases el gen de la descentralización. Cómo hacer esto, esa es la pregunta que debemos respondernos con cautela. Como comunicador social creo que la comunicación se constituye en un elemento fundamental en este cambio, ya que tal jeringa puede ser portadora de esta nueva matriz genética. En la ciudadanía se encuentra la base del cambio, soy un fiel creyente de eso, es ésta la que debe demandar la descentralización y hacerse parte de ella como un proceso propio y necesario.
Es aquí donde la comunicación entra en juego, generando actos de hacer en común respecto al futuro que queremos, construyendo redes conversacionales, generando encuentros, rompiendo barreras y por sobre todo, democratizando la palabra, palabra que se constituye en motor de cambio.
Debo dejar en claro que cuando hablo de comunicación no hablo de medios de comunicación de masas, ni de medios institucionalizados del Estado. Hablo de procesos muchos más complejos que se dan y reproducen en toda la red social. Los actos del habla crean realidades, nuestras propias realidades[22], como país debemos romper esa matriz centralista arraigada en nuestros genes y para lograr esto, como primer paso, nuestra ciudadanía debe liberarse del yugo de la incomunicación que ha sembrado en nuestras conciencias los grupos dominantes, que hoy se esconden como lobos con piel de oveja, detrás de una institucionalidad pública que los avala y muchas veces permite excesos.
Bibliografía
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[1] Cuando me refiero a lo genético hago alusión a las bases esenciales que conforman nuestra cultura. El enfoque adoptado en el presente trabajo, permite dejar atrás la vieja dicotomía entre historia y estructura, ya que tal como sostiene Marchals Sahlins “un acontecimiento siempre es una ocurrencia interpretada”. Es a través de la praxis que las estructuras sociales se ponen en marcha, reproduciéndose, pero también transformándose en función de múltiples factores externos (ecología, contexto sociohistórico, etc) e internos ( fricciones, contradicciones, etc.) que son interpretados, analizados y rechazados.
[2] Comprendiendo las bases estructurales de nuestra institucionalidad, las cuales se encuentran arraigadas en nuestra cultura, podemos hacer efectivas propuestas de cambio. Debemos comprender que se trata de reemplazar los enfoques históricos, tradicionales, el estudio de las sociedades y grupos “fuera del tiempo”, para restituir los regímenes, historicidad y los mecanismos mediante los cuales se fijan memorias y se revalúan las categorías culturales.
[3] En esta parte del ensayo sólo me limito a dar cuenta de los hechos en forma muy resumida y cronológica para que el lector, que no conozca en profundidad estos procesos, se haga una escueta idea de ellos.
[4] Digo esto en forma irónica, ya que como veremos más adelante, la mayoría de los cambios políticos y sociales en nuestro país, se han dado a partir de los centros y de intereses superiores, que tienden a imponer sus ideas.
[5] Guillermo Davinson, Antropólogo del Departamento de Servicio Social de
[6] Concuerdo con Henrich Von baer, quien plantea que, si bien es cierto en Chile han existido experiencias inéditas respecto a descentralización, en los últimos años han existido mayores retrocesos que avances.
[7] Sergio Boisier, ironiza con esto en sus clases y charlas, ya que según su visión, el actual proceso de Descentralización Chileno nace de instituciones altamente centralizadas y jerarquizadas, como son las Fuerzas Armadas.
[8] Actualmente 15 regiones y 342 comunas.
[9] Raczynski y Serrano, 2001:33
[10] Raczynski y Serrano, 2001:33
[11] Esto se debe, principalmente, como señala Juan Carlos Ferrada, a que el Estado chileno históricamente ha sido unitario, centralizado. Para él esto se explica por razones históricas, políticas y culturales de profundo arraigo.
[12] Estas reformas, si bien es cierto constituyen un cambio cualitativo en el reparto del poder administrativo estatal, ya que descentralizó y desconcentró algunas potestades, no implican una democratización efectiva del poder político estatal, ya que sólo alcanzo el ámbito municipal y sólo, imperfectamente, el regional.
[13] Henrich Von baer, es categórico en señalar que el actual modelo de desarrollo chileno, no ha sido capaz de superar graves problemas estructurales, que potencian el subdesarrollo, como son la pobreza, el excesivo centralismo y la progresiva obsolescencia del sistema institucional.
[14] Carlos del Valle toma como ejemplo, las políticas culturales, las cuales en Chile siguen una lógica institucional altamente controlada y poco participativa. “En efecto, desde una perspectiva endógena, de movilización social y de autogestión organizativa, si bien el Estado-nación no debe definir y arbitrar una política cultural, debe garantizar la participación democrática de las comunidades regionales y locales, en la definición y decisión de las políticas culturales. De lo contrario, la cultura tiende a la elitización y la institucionalización y, asimismo, al estereotipo, de acuerdo a los grupos sociales participantes: “indígenas conflictivos”, “sectores populares y pobres sin iniciativa”, dónde opera la lógica del desposeído, no sólo material, sino casi “espiritual”.
[15] “Andrés Bello definió a la ley, en el artículo 1º del Código Civil de Chile. No debemos olvidar que el Derecho Chileno tiene una fuerte base positivista. El concepto de Derecho positivo está basado en el iuspositivismo, que es una corriente de pensamiento jurídico que considera al Derecho como una creación del ser humano. El hombre crea el Derecho, las leyes (siendo éstas la voluntad del soberano) crean Derecho. Al contrario del Derecho natural, en el cual el Derecho estaba en el mundo, y el ser humano se limitaba meramente a descubrirlo y aplicarlo. En este sentido, el Derecho positivo descansa en la teoría del normativismo, elaborada por el téorico del Derecho Hans Kelsen en el siglo XX, y que estructura al Derecho según una jerarquía de normas.
[16] El catolicismo posteriormente se impuso en Chile como religión oficial.
[17] Este proceso se afianza con la bula Universalis ecclasiae regimini. Este documento constituye la concesión más importante arrancada al Papa, ya que constituye la base de patronato real, el cual se va a constituir en el origen de muchas discusiones después de 1810, entre lo nuevos regímenes republicanos y el Vaticano, pues aquellos trataban naturalmente de mantenerse como herederos de la expulsada administración colonial, mientras que el papado veía en la crisis de independencia una oportunidad de recuperar terreno perdido ante el regalismo tres siglos atrás.
[18] Basta con mirar los noticieros para darse cuenta de los niveles de influencia con que cuenta aún la iglesia Católica en nuestra sociedad.
[19] En este aspecto es necesario señalar que los orígenes centralistas latinoamericanos no hay que buscarlos en España, si no más bien en
[20] Un ejemplo claro de este fenómeno lo vemos en el proceso de privatización de Chile, posterior al golpe militar, en donde empresas estratégicas del estado fueron vendidas a precios inferiores a su valor real a partidarios del nuevo régimen. Para mayor información revisar “Desaparecidos en Acciones” El Estado tras el proceso de Privatización. Laureano Checa, Claudia Lagos y Ana Martínez.
[21] Sucesivos golpes de estados, cambios en los cuerpos legales, inestabilidad política, fueron la tónica imperante en la formación de nuestra republica,
[22] Siguiendo los pensamientos de John L Austín.



















estimado
bienvenido a este lugar. Aqui si que encontrara sorpresas, ya vera.
Respecto a su articulo, exelente. Muy buena base de antecedentes historicos y propone ud todo una nueva conceptualizacion.Es entretenido e interesante como aborda el tema y su articulo es bastante educativo, ademas de un buen manejo interdisciplinario.Falto ahi la Filosofia Guerrera no mas, jaja!
Es solo que comprendera que no me sumo de buenas a primeras a luchar contra esa "genetica de la centralizacion".Creo mucho mas factible y positivo el potenciar una genetica que luchar contra ella. En cualquier caso, introducir el gen de la descentralizacion seria un experimento que a mi juicio podria terminar haciendo estallar todo el laboratorio. Hay ciertos individuos de ciertas lineas geneticas (razas) a los cuales si se les "cambia un gen", simplemente se trasforman en delincuentes, eso lo dice la ciencia aunque el establishment siempre intenta desacreditar aun a los mas connotados cientificos que hagan la mas minima alusion a que los humanos somos algo mas que engranajes de la maquinaria economica. Y habran asi mismo ciertos paises (segun yo Chile) que serian un caso analogo y no estoy dispuesto a ponerme a experimentar, no por el temor al riesgo presente en toda experimentacion, si no que porque a mi parecer, este riesgo es inecesario, de hecho no me quedo clara o visible la argumentacion de POR QUÉ se necesita el gen de la descentralizacion. El cambio meramente por cambio no me hace mas sentido que seguir una moda extranjera y ya sabemos que lo que luce bien en otros, no necesariamente lo hara en nosotros, sin embargo me parece de gran valor su llamado de atencion hacia los procesos sociales que la comunicacion pueda generar, liberando a la ciudadania de los yugos programaticos de los grupos de poder. Sera realmente que esta ciudadania, ya mucho mas comunicativa y mejor informada pida ser inyectada con el gen de la descentralizacion? Sera esta peticion realmente, hecha desde el corazon de una ciudadania bien informada o sera mas parte de la propaganda sistemica la cual podria tener sus miras en un futuro Estado Federal en Chile para concretizar "antiguas profecias"?
Como siempre, el tiempo dira.
Por ahora cada uno haga sus apuestas.
Le reitero la bienvenida y felicitaciones, asi como agradecimientos por abrir un debate con respecto a este tema....es decir si es que alguien quiere o puede debatir aqui despues de como han estado las cosas ultimamente por estos lares...
Saludos.
Drakkar.
No te emociones Drakkar...
...que el autor del artículo no habla de "genes" raciales...sino más bien es un término que usa en el sentido figurado para construir su ensayo.
Saludos.
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Movimiento Ola Verde
asi lo entendi Puma
por eso respondo en el mismo tono figurativo o mas bien analogico.
Saludos.
Decentralización un buen camino
Estimado Drakkar, cuando me refiero a la genética, me refiero a las bases históricas, sociales y culturales que han configurado nuestra identidad nacional. Gratamente he leído en este mismo sitio una iniciativa para definir nuestra identidad nacional, interesante y difícil proyecto, pero debo decir que lo poco que he leído en este foro, concuerda con lo que muchos chilenos piensan.
Respecto a la descentralización te puedo comentar que al igual que todos los modelos políticos viene desde fuera, somos aún país muy joven para poder crear nuestros propios modelos (camino necesario y deseable que debemos optar) por lo tanto debemos mirar otros experiencias y aplicarlas. En el caso de la descentralización, considero que es un modelo de gobierno que respeta a lo menos tres aspectos básicos de lo humano: es altamente democrática y representativa de los territorios, da un manejo adecuado del poder y por último es un real aporte al desarrollo.