Juan Martínez

Seguridad en el trabajo, a propósito de la San José

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REALIDADES DEL CONTROL DE PÉRDIDAS EN CHILE

 

El drama de los 33 mineros atrapados en la mina San José ha traído tras de si una brisa que pareciera prometer una  renovación en las prácticas del control de pérdidas o de la seguridad minera.  Afortunadamente los 33 salvaron con vida, pero en mi mente tengo 3 muertes recientes en la minería: un trabajador de la refinería de Chuquicamata,  uno en un stock de mineral también en Chuquicamata y otro en una mina cerca de Petorca, vayan para sus familias mi más sentido pésame y, para que ojalá  nunca más ocurran estos lamentables hechos es que me propuse exponer mis ideas en el presente trabajo el cual, por supuesto esboza ideas generales, pero muy sentidas de mi parte, ya que parten de un convencimiento profundo de la cuestión.. 

 

La certeza que tengo es que las inaceptables tasas de accidentabilidad reinantes en el país (así como en muchos otros en el mundo) tiene su origen en una vergonzosa realidad para nosotros,  que nos creemos los reyes de la creación y esta es ni más ni menos que una alta desprevención frente a los numerosos riesgos que en todo instante amenazan nuestras vidas, salud y bienes más preciados, y es que el riesgo, que es la contingencia o proximidad de un daño,  puede que nos golpee hoy, mañana, en un año o quizás nunca, pero siempre será una amenaza.  Ejemplos de riesgo son: Que se desplome el techo de una galería minera y nos aplaste, coger el sida, perder nuestro dinero en una mala inversión, etc.

La explicación que yo tengo para esta desprevención que,  a veces raya en suicida es en primer lugar la ignorancia de los principios fundamentales de la prevención y de los conceptos básicos de riesgo y peligro.  Sumado a esto la actitud negativa que se crea en nosotros, los seres humanos,  cuando se nos pretende imponer la seguridad por la fuerza, por ejemplo, cuando la ley del tránsito nos dice que hay que usar el cinturón de seguridad so pena de sufrir una multa. Así, lamentablemente, estamos viendo frecuentemente que la gente muere por no usarlo. ¡Qué lamentable!.  Por otra parte están los que parecieran creer que la ley es solo para los otros y así tenemos que es frecuente ver a parlamentarios, que son los que hacen las leyes y a carabineros, que son los que controlan su cumplimiento que tampoco usan el cinturón de seguridad o cometen otras infracciones a la Ley de Tránsito, señal inequívoca que no tienen conciencia de la necesidad de su respeto para salvaguardar vidas y las de inocentes que podrían resultar afectados de un eventual accidente.  Yo digo: Podrán violar las leyes humanas, pero no las de la naturaleza (caso la de la inercia, cuando no usan el cinturón de seguridad).

Ahora bien, pareciera que la ignorancia,  afecta tanto a la gente común y corriente, al pueblo raso, como también a las más altas autoridades,  de todos los poderes del Estado, esto es de quienes administran los recursos de la nación y los que hacen las leyes que nos rigen ¿Grave no?  Seguramente que es por esto que las leyes que hacen no sirven para lo que se supone deberían servir y seguimos marcando el paso de la marcha de los desprevenidos.  Ejemplos de malas leyes son a mi entender la 16.744 de Seguro Obligatorio contra el Riesgo de Accidentes del Trabajo y Enfermedades Profesionales y la ley 18290,  del Tránsito.

 Ahora voy a decir por qué creo que la ley 16.744 está mal hecha y debe reformarse y ahora.  Esta ley tiene varios reglamentos que la complementan, uno de ellos es el Decreto Nº40 que es el Reglamento Sobre Prevención de Riesgos Profesionales el cual en su Art. 8º estipula “Para los efectos de este reglamento se entenderá por Departamento de Prevención de Riesgos Profesionales a aquellas dependencias a cargo de planificar, organizar, ejecutar y supervisar acciones permanentes para evitar accidentes del trabajo y enfermedades profesionales”.  Este artículo es un absurdo, un absurdo que me mortificó mucho cuando trabajaba de Experto y que finalmente me llevó a renunciar al ejercicio de mi profesión, sencillamente porque se me hizo insoportable la labor equívoca que tenía que realizar, muchas veces con roces con la línea de mando de la administración, en fin, eso ya pasó y ahora voy a seguir con mis disquisiciones.

 Creo, firmemente, que ningún subalterno, salvo que tenga vocación “suicida” de atreve a hacerle exigencias a su jefe y en esto incluyo a los expertos en prevención de riesgos y a los miembros de comités paritarios.  En consecuencia, pienso que debería terminarse con la institución de los mencionados comités, en tanto que los expertos en prevención de riesgos estimo deberían existir, pero solo en calidad de asesores y para realizar las labores de coordinación con los organismos administradores del seguro, confeccionar estadísticas,  estar al tanto de las normas nacionales y de los adelantos y descubrimientos nacionales e internacionales, para ponerlos a disposición de su empleador.  Lo que tiene que quedar bien claro es que es la empresa la responsable por la seguridad laboral integral de sus trabajadores y esta tiene que tener bien en claro que esta responsabilidad le puede ser demandada tanto por el Estado como por sus propios trabajadores o sus deudos ante los tribunales de justicia.

 Antes sólo mencione mi idea de la eliminación del Art.8 del Decreto Nº40, pero también y de acuerdo a lo antes dicho debería terminarse con el Nº54 (por lo de los comités paritarios) y en general de cualquier otro reglamento o artículo de la ley que esté cuestionado por los cambios sugeridos.

Los empresarios y sus delegados, gerentes u otros jefes, tienen de por si la facultad de designar comisiones para realizar cualquier encargo que se les ocurra hacer en cuestiones relativas a la seguridad,  tal como para cualquier otro aspecto de sus operaciones y, con mayores posibilidades de aportar a la buena marcha de la empresa que lo que podría jamás lograr un comité impuesto por la fuerza, aunque sea de la ley.

 Hace más de 50 años que la seguridad industrial sufrió un vuelco más o menos espectacular y es que antes ella se centraba en el trabajador y en  la lesión.  El cambio en cuestión consistió fundamentalmente en que se concluyó en que la secuencia de causas que conducen a un daño comenzaba no en el trabajador, ya sea porque este fallaba al ser ignorante, terco o simplemente descuidado, sino que en la administración, por no haber establecido los controles para el riesgo en cuestión o por, a pesar de haberlos establecido e incluso haberlos publicado, no los practicaba.  Por otra parte lo que antes se denominaba simplemente “Seguridad Industrial” pasó a denominarse “Control Total de Pérdidas” e incorporó el concepto de “Incidente” el cual incluye al “accidente”, al “cuasi accidente” y a la “falla operacional”.

A mayor abundamiento quiero decir que se entiende por accidente a “un acontecimiento no deseado que da por resultado lesión, daño material o ambos y que generalmente resulta de un contacto con una fuente de energía que vence la resistencia del cuerpo o la estructura”; por cuasi accidente se entiende a un acontecimiento que por escaso tiempo o distancia no resultó en lesión ni en daño, pero que estuvo a punto de causarlos;  en tanto que por falla operacional se entiende al incidente en que no habiendo energía involucrada consiste en un error que causa daños o perjuicios varios, como por ejemplo pedir al extranjero un importante repuesto para un importante equipo y al llegar el pedido darse cuenta de que no es el que se necesita y de que la orden de pedido contenía un error. 

Quiero dejar bien en claro que a mi entender no debe Dejarse pasar esta oportunidad, en que el gobierno ha manifestado su decisión de mejorar la seguridad minera, para darle un mejoramiento integral.  Esto porque es necesario que quede bien en claro que la Administración, a través de la línea de mando que conduce a dar órdenes e instrucciones al trabajador para que ejecute su trabajo, es también responsable de la vida y salud de este y no solo de producir más y mejor.

 

A propósito de lo anterior, estoy casi seguro de que tanto el Sernageomín como los servicios de salud que reciben y procesan los informes de accidentes del trabajo que por ley les envían las empresas en estos momentos están aceptando que estas estén cargando toda la responsabilidad de estos sobre los trabajadores, en circunstancias que se sabe que, como lo dije antes, la secuencia de todo incidente que conduce a daños se inicia por una falta o falla de la administración.  Esto en si es grave

Los famosos Indices de Frecuencia

Lo he observado en la gran minería.  Existe en los gerentes una especie de fijación, absurda por cierto, con los I.F.  Mi percepción es que son capaces de hacer casi cualquier cosa por que dichos registros sean lo más bajos posibles.  El problema es que con ello llegan a caer en la ilegalidad y, por supuesto en una franca tontera, puesto que con esa actitud sólo están enmascarando el problema de la accidentabilidad y postergando indefinidamente la posibilidad de obtener los beneficios, que seguramente serían importantes, de un verdadero mejoramiento en la materia. Para manipular los índices se utilizan trucos como que a ciertos accidentados los hacen atender por fuera del sistema, como si el accidente haya sido fuera del trabajo, otros los hacen seguir asistiendo al trabajo, pero sin trabajar o poniéndolos en trabajo “protegido”, es decir haciendo nada o casi nada, echándose al bolsillo aquello que dice  el  inciso 3 del Art. 12º del Decreto Nº40 “Se incluirán en las tasas los lesionados cuya ausencia del trabajo haya sido igual o superior a una jornada normal.  Del mismo modo se incluirán aquellos casos llamados de trabajo liviano, en que el accidentado no se ausenta del trabajo, pero está impedido de efectuar su actividad habitual.

 

Otro aspecto negativo que se da con este asunto de los accidentes con tiempo perdido o con reposo de los afectados, es que las empresas mandantes algunas veces castigan a  sus contratistas por los accidentes que afectan a sus trabajadores, llegando incluso en algunos casos a rescindirles el contrato.  Obviamente que ante tamaña amenaza no hay contratista o subcontratista que, por lo menos, no intente algo para que su mandante no se entere de que se le accidentó algún trabajador.  Me imagino que por este motivo en particular  las mutualidades de empleadores se ahorrarán la prestación de muchos servicios que les habría correspondido prestar y para lo cual les están precisamente aportando mes a mes los mismos empleadores.  ¿Ven hasta  adonde se puede llegar por esta absurda cuestión?  Creo que es necesario sanear o sincerar esta desde todos puntos de vista indeseable situación, que no hace otra cosa que falsear la verdad y que descuadra totalmente nuestras estadísticas (la explicación de esto creo que aquí no viene al caso).

Y como el Sernageomín está, como se dice “en la picota” quiero manifestar la impresión que tengo acerca de este servcio, aclarando eso si que es solo en lo relacionado con los accidentes del trabajo, es decir las lesiones incapacitantes o la muerte que sufren los trabajadores.  Este servicio obtuvo, en forma exclusiva, un tiempo después de que entrara en vigencia la Ley 16744, la facultad para formar y certificar a los expertos en seguridad minera.

Con motivo de una pequeña investigación que hice para escribir este manifiesto entré a  la  página web  del Sernageomín y quise saber cual era la información que  recababa de los empresarios mineros acerca de los accidentes del trabajo que sufrían sus trabajadores y me encontré con algo que ya sospechaba y es que  en los formularios que usa  para tal efecto solicita datos que estaban bien para 60 años atrás, pero que ahora sabemos que no sirven para saber cuales son las causas reales de los accidentes que están sufriendo los trabajadores.  Por otra parte, muy importante, esta falencia permite dejar oculta la responsabilidad de los empresarios.  Lo anterior deja en evidencia una falta grande del servicio en materia de prevención.  Y es que, reitero, los empresarios son siempre responsables de los accidentes que sufran sus trabajadores.  Yo no he hecho el curso de formación de  Expertos de Seguridad Minera que imparte el Sernageomín y si lo que en esa instancia le enseñan a los futuros expertos  es la seguridad industrial que se enseñaba hace 60 años eso estaría muy mal.  Creo que esta observación amerita una investigación, para que se enmienden los errores que puedan estarse cometiendo.

Como mejorar la actual situación

En primer lugar hay que incluir en los programas de la enseñanza, desde el preescolar hasta el egreso de la universidad el ramo de seguridad y control de pérdidas.  Resulta que la carencia de esta enseñanza en nuestra niñez y juventud, se refleja en nuestra desprevención actual y en los altos precios que pagamos por ello.

 

El anterior es como el remedio para curar la enfermedad.  Ahora bien, también tenemos que aliviar los síntomas y para ello ya he mencionado la necesidad de reformar las leyes 16.744 y la 18290.  Al mismo tiempo realizar campañas permanentes, como las de la Coca Cola, para entregar ciertos conocimientos y motivar ciertas conductas.  Al  respecto, reitero, es inaceptable que siga muriendo gente por no usar el cinturón de seguridad; también por la inhalación de monóxido de carbono; que se produzcan con tanta frecuencia los famosos choques traseros; que se sigan produciendo esos terribles accidentes por la mal llamada causa del “corte de frenos”, cuando los frenos no se cortan, sino que se “desvanecen” por recalentamiento; que se sigan produciendo los incendios por recalentamiento de líneas eléctricas por hacer instalaciones fuera de norma y por maestros “chasquillas” etc.

A propósito, hace más de 50 años que los hombres de avanzada en el control de pérdidas llegaron a la conclusión y el convencimiento de que  existen tres instancias de control para los riesgos:  la primera que es la preventiva, tiene el propósito de evitar que el riesgo se materialice en un incidente que cause daño.  La segunda tiene por propósito reducir la posible gravedad del daño si es que se produce un incidente derivado del riesgo; por ejemplo no portar mucho dinero en efectivo ante la posibilidad de que a uno lo asalten, moderar la velocidad del vehículo que conduce ante la posibilidad de una colisión o choque.  La tercera tiene por objeto controlar la extensión del daño una vez producido el incidente y causado un daño: aquí están los servicios asistenciales, partiendo por los primeros auxilios para los lesionados o enseñar al personal el uso de los extintores para que sepan controlar un fuego antes de que adquiera  proporciones graves.

 

Como conclusión a todo lo antes dicho, afirmo, categóricamente que todos los incidentes causantes de los diversos daños que nos afectan, como incendios, accidentes del tránsito, accidentes en el trabajo; las crisis financieras, como la “sub prime”, delitos, etc. son nada más que síntomas del verdadero mal que es la falta o la falla en los controles administrativos que evitarían su ocurrencia o reducirían su gravedad.  A continuación voy a expresar lo que estimo son los principales daños que como sociedad debemos sufrir y soportar:

Del estado

El Estado tiene que mantener cada vez más altos contingentes de policías y cárceles para tratar de mantener controlada a la delincuencia; tiene que mantener una alta cantidad de fiscalizadores de diversas actividades; tiene que gastar grandes recursos para la atención médica de urgencia, de cura y de rehabilitación;  muchas veces tiene que gastar recursos para enfrentar demandas civiles y además pagar fuertes indemnizaciones; tiene que enfrentar conflictos sociales que muchas veces significan fuertes pérdidas de diverso orden; etc. (cualquiera otra que podamos imaginar).

De las empresas

Las empresas resultan muy castigadas por la baja calificación en prevención de riesgos de los trabajadores que contrata: pocos conocimientos y actitudes negativas, así es que a las pérdidas por malos negocios o por las contingencias de la economía tiene que sufrir las derivadas de la poca conciencia de seguridad de su personal: incendios,  muertes, lesiones y enfermedades profesionales; gastos considerables en equipos de protección personal, los que muchas veces son mal utilizados, etc.  Por otra parte están siempre sujetas al riesgo de tener que pagar fuertes indemnizaciones en el caso de accidentes graves o fatales, por daños ecológicos u otros a la comunidad.

De los trabajadores

Los trabajadores, por su propia desprevención y su actitud negativa frente a la autoridad producto de su falta de educación desde temprana edad,  sufren accidentes que pueden costarles la vida o dejarlos limitados para seguir ganándose la vida, quedando sus familias desmembradas y vulnerables a los avatares de la existencia.

De las familias

Las familias y cada uno de sus miembros pueden sufrir accidentes tanto en su propio hogar como en sus actividades fuera de este.  Son frecuentes los incendios, especialmente en barrios pobres, por instalaciones eléctricas fuera de norma; las muertes por inhalación de monóxido de carbono, por instalación fuera de norma de calefones; por accidentes del tránsito, etc.  

 Para terminar

Por favor, se los ruego, tengan mucho cuidado con copiar así de buenas a primeras lo que estén haciendo “en Europa”, fíjense que por allá también hay países como España que tienen alta accidentabilidad, tanto en el trabajo como en el tránsito y qué decir de la delincuencia y de la economía.  Nosotros tenemos capacidad para solucionar nuestros propios problemas y, si nos empeñamos, hasta podríamos exportar nuestras ideas.

Y, a tener muy presente, a no olvidarlo.  El Estado es  responsable por la conservación de la vida y por el mantenimiento de la salud y la integridad física de los ciudadanos y a todo evento.

 

 

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