Se nos viene el principal evento literario de la república: la Feria
Internacional del Libro de Santiago (FILSA). Según los vagos
antecedentes de los cuales mal dispongo, debería darse el vamos en el
mes de noviembre. ¡¡Y es la Feria del Bicentenario!! Luego, tendría que
ser la más apoteósica y monumental de todas. Al menos eso creo. Con esa
versallesca posibilidad en ciernes, se ha buscado que estén
representadas todas y cada una de las regiones en el magnus eventus
literatus (lo sé: estoy usando de manera muy poco original,
calificativos endilgados en crónicas anteriores.
Pero continuemos: Todas las regiones representadas. Esa es la meta.
Algo así como lo mejor, pero lo mejor-mejor de lo nuestro en materia
libresca. En este tema, aún tengo en la memoria la anterior
participación de la región de Coquimbo en la FILSA, creo que fue el año
2006 ó 2007. En esa memorable ocasión casi ardió Troya, y el escándalo
sombreó los pasillos y oficinas del poder de la correspondiente Seremía
de Cultura.
Ocurrió que en aquella ocasión la región invitada era la de
Coquimbo, que como nuestros lectores sabrán incluye a las provincias del
Choapa, Limarí y Elqui. Pues bien, en aquella fecha, y acaso con la
usanza ya centenaria ¿o bicentenaria? del centralismo, los líderes
culturales eligieron entre cuatro paredes y entre los más cercanos entre
amigos y amigotes. ¿Y qué cree usted que pasó?... Las autoridades de
turno nombraron sólo a escritores de Elqui. Las provincias del Chopa y
Limarí fueron pasados por el aro, y cayeron en la categoría del unto, o
usando una expresión moderna, fueron enviadas a la papelera de
reciclaje. Los reclamos y la bronca, especialmente en Choapa fueron
mayúsculos: sendas y justas notas de protesta aparecieron por aquí y
acullá, encabezadas por la poeta Ana Leyton, que prácticamente no dejó
títere con cabeza. También, y de manera menos furibunda pero con igual
indignación, nos sumamos los limarinos…Cuento corto: el gobierno
regional, compungido y avergonzado por el entuerto, trató de arreglar el
asunto, y en los días siguientes una delegación de urgencia, o de
parche, se las echó pa´la capital. Y entre esos literatillos de las
olvidadas comarcas, iba el autor de estas líneas escabrosas.
Ahora, en el año del Bicentenario, otra vez se busca una
representación de escritores digna para la FILSA…Y, como dice la
canción, creo que del Temucano: “se nos viene el problema,
nuevamente”…Glup!!...Ayayaycito
Una ilustre entidad, cuyo nombre sería Corporación Montegabriela y
–otra vez- el Gobierno Regional de Coquimbo se meten entre las coces de
los Rocinantes y Rucios, entre los cascos de los Bucéfalos, Babiecas y
jamelgos de variopinta alzada para seleccionar a los bardos, narradores,
dramaturgos, cronistas, fotógrafos, recopiladores y demases que
escriben y publican libros, revistas, folletos, folletines y hojas
huachas, para una digna y representativa legión de plumas regionales. Y
se publicaron las bases, de manera celerísima, a 150 por hora, dada la
cercanía de los tiempos, y con el tradicional ímpetu chapucero que nos
caracteriza…Uf. Y ya puestos en este trance, y para una solución del
nudo, con una sabiduría salomónica, los burócratas y gestores culturales
han ideado una manera que busca sacar con pinzas a los elegidos: y –
con una originalidad y creatividad pasmosas- han meditado que la mejor
manera de hacerlo es mediante un ¡Concurso!
Para tratar de ordenar el maremágnum creativo, los convocantes dividen en cuatro categorías los textos:
1.-Ediciones de producción artesanal. ( 5 % del total)
2-. Ediciones de cuadernillos. ( 5 % del total)
3.- Ediciones de factura de excelencia. ( 55 % del total)
4.- Ediciones de publicación temática. ( 35 % del total)
Cada una de estas categorías debidamente explicitadas para que el asunto marche sobre ruedas o rieles y no haya sobresaltos.
Debo confesar que cuando me hablaron sobre esta opción de enviar
libros de nuestra autoría a la FILSA, pensé era una muy buena manera de
difundir lo que hacemos. Posteriormente, al leer las bases, el
entusiasmo se vino guardabajo al instante. Tratemos de explicar el
motivo de este bajón:
Mis cuatro libros (el primero, poemas; el segundo, cuentos; el
tercero, crónicas; y el cuarto, fotografía con prosa) se pueden incluir
en cualquiera de las cuatro categorías que señalan las bases. Digo que
entran en la categoría de Producción artesanal porque están hechos a
mano y con la mínima ayuda de la tecnología. Escritos, editados,
corregidos, impresos, pegados, plastificados y vendidos por mí. Uso
herramientas como una computadora y una impresora del montón con tinta
alternativa o pirata. Le sumo sofisticadas herramientas manuales como un
corta cartón, un cuchillo, una regla metálica, pegamentos apestosos y
hasta tóxicos, plástico autoadhesivo para las portadas. Apretadores y
herramientas creadas o adaptadas según la necesidad. A ello le adiciono
dosis altas de paciencia y concentración y un caos creativo de papeles,
tintas y desorden que pone en duro trance el aguante de mi esposa. Y,
como decía, mis libros y revista se pueden incluir en cualquiera de los
niveles, pues, modestia aparte, los libros me quedan bastante bien
hechos.
Y además, otra vez haciendo a un lado mi natural modestia: están
bien escritos, lo cual es muy importante. En cuanto al valor literario,
no soy yo el llamado a calificar a mis “hijos”. Pero tornemos al “modo
de hacer”: Así, con la práctica y en un proceso de error y mejora, he
creado un sistema artesanal que sirve para ir publicando poco a poco mis
libros. Y varios colegas literatos de Ovalle, a la vista de los
resultados, me han ido pidiendo les imprima algunos libros. Y así lo
vengo y sigo haciendo desde el año 2006. ¡Ah, lo olvidada!.., falta
agregar la “Revista Literaria Tipeos”…aires literarios, de este año. Por
supuesto que todas las ediciones son en modesto tiraje…Van saliendo a
goteras y según las “apremiantes necesidades del mercado” Ja.
Decía que el gusto duro menos que oferta de farmacia. Ello porque a
medida que avanzaba en la lectura de las benditas bases, la cosa se
ponía cuesta arriba o abismo abajo -como usted prefiera. Lo primero era
que había que postular, es decir someter mi trabajo de 20 años de
escritura a un grupo de desconocidos, pues las bases no dicen quiénes
serán los calificados seleccionadores, los Bielsas literarios. Sólo
nombra a umbrosas instituciones como el Gobierno Regional, Concejo de la
Cultura, Dibam y Corporación Montegabriela. Me pregunto, serán, como
dice una canción: Será un ingeniero, dice el abuelo. O un gran
arquitecto, sería perfecto. Tal vez un artista..¡Qué horror, un
bohemio!...¿O alguno que siga las huellas de Jesús Nazareno?… Lo más
seguro es que quién sabe. Por lo tanto, o por lo rematadamente tonto que
soy, permítanme dudar de las condiciones e idoneidad del jurado para
dirimir estos intríngulis literarios.
En una de ésas me equivoco, y el jurado seleccionador es una pléyade
de hombres buenos certerísimos…No lo sé. Sólo sé que el asunto no
termina de convencerme. Además, y en esto mis dudas y planteamientos
acaso estén errados, pero ¿los burócratas especializados en el tema
cultural, a quienes se les paga al parecer generosamente por hacer esta
tarea, no conocen a los autores de la región?...La pregunta seguro está
de más, y los funcionarios son parte de la media nacional que señalan
las escalofriantes estadísticas: forman parte del 60% de ciudadanos
chilensis que no leen ni las etiquetas de los alimentos que consumen.
Además, me molesta esta impronta seleccionadora que se da en la cabecera
regional (¡oh, el centralismo!)…Desde la capital regional seleccionarán
a los limarinos, choapinos, a los coquimbanos para saber si son dignos
de figurar al lado de la colonial y señorial serenense. ¿Sólo en Serena
hay gente capaz para elegir?... Se me ocurre que esta comisión podría
haber invitado a los más destacados autores regionales para concurrir
con sus obras a la FILSA. No someterlos a un indignante proceso de
selección en manos de un jurado desconocido que por lo tanto no da
garantías de calidad. Acá en la provincia del Limarí hay notables
narradores, poetas e investigadores, que se han ganado sobradamente su
derecho para estar en cualquier feria del país u otras más
empingorotadas. Lo mismo en el Choapa…En Serena, claro, no los conocen. Y
como no los conocen, hay que adjuntar, Juajuajua: Certificados de
residencia, es decir, se mal duda de los autores limarinos y demases, y
hay que ir al extremo de solicitar la venia de Carabineros para que
certifiquen la certeza de la información. Se pide, además, un CURRICULO.
Eso demuestra que nuestras autoridades y gestores involucrados en esta
gestión cultural no conocen siquiera a los principales escritores de la
región.
Lo otro: como los burócratas que diseñaron las bases, desde sus
amplios o mínimos escritorios, no saben de la realidad de los literatos
de la región, se olvidan o no saben que al ser “Artesanales”, las
ediciones son en número mínimos. Luego, no creo haya autores que
imprimiendo de manera artesanal sus libros tengan un stock como para
partir a la FILSA. Eso ya nos deja a todos los artesanales afuera.
Otro aspecto no menor, es el registro de Propiedad Intelectual. Una
leguleyada que los burócratas consideran indispensable. Y aquí tenemos
otra dosis de realidad que los jerarcas culturales no manejan: un
porcentaje importante de los escritores no tiene registrados en los
anales de la república sus textos. ¿Las razones?...Son varias. En mi
caso, ninguno de mis cuatro libros tiene el bendito registro leguleyo.
Eso es razón para estar fuera…Sin derecho al pataleo. Quienes
escribimos en las fronteras, en los márgenes de la “legalidad”, no
existimos para nadie. Bueno, en realidad, sí existimos para nuestros
escasos y eventuales lectores, ya sea en papel o en formatos
electrónicos.
Por estas y otras razones es que la Provincia del Limarí
prácticamente no envío libros –o fueron muy pocos- a esta selección. Y
no es que no existan autores de peso en la Provincia del Liq Malliñ
En definitiva, cualquiera sea el resultado al que llegue esta
comisión de notables, no cabe duda que esta selección no será – una vez
más- representativa de la realidad literaria de la región.
Y antes del punto final, un alcance más. Me refiero a los famosos
fondos del Estado para la creación literaria. Precisamente, los
verdaderos creadores literarios, es decir los poetas, cuentistas,
novelistas y dramaturgos debemos estar permanentemente en competencia
con investigadores, recopiladores, cronistas, quienes son los niños
mimados y obtienen la mayoría de estos fondos. Y ¡ojo! con esto no digo
que los temas no creativos sean menos importantes. Su valía es notable,
por cierto. Es claro que necesitamos conocernos integralmente, en lo
histórico, social, étnico, pero pienso al igual que muchos colegas
escritores creativos, que nosotros los escritores somos los parientes
menos considerados. Ese es otro tema, al que espero hincar el diente en
mi próxima verbosa y diarreica crónica. Ja.






