Wilfredo Castro.

Región de Coquimbo en la FILSA 2010.

 

 

Se nos viene el principal evento literario de la república: la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA). Según los vagos antecedentes de los cuales mal dispongo, debería darse el vamos en el mes de noviembre. ¡¡Y es la Feria del Bicentenario!! Luego, tendría que ser la más apoteósica y monumental de todas. Al menos eso creo. Con esa versallesca posibilidad en ciernes, se ha buscado que estén representadas todas y cada una de las regiones en el magnus eventus literatus (lo sé: estoy usando de manera muy poco original, calificativos endilgados en crónicas anteriores.

Pero continuemos: Todas las regiones representadas. Esa es la meta. Algo así como lo mejor, pero lo mejor-mejor de lo nuestro en materia libresca. En este tema, aún tengo en la memoria la anterior participación de la región de Coquimbo en la FILSA, creo que fue el año 2006 ó 2007. En esa memorable ocasión casi ardió Troya, y el escándalo sombreó los pasillos y oficinas del poder de la correspondiente Seremía de Cultura.

Ocurrió que en aquella ocasión la región invitada era la de Coquimbo, que como nuestros lectores sabrán incluye a las provincias del Choapa, Limarí y Elqui. Pues bien, en aquella fecha, y acaso con la usanza ya centenaria ¿o bicentenaria? del centralismo, los líderes culturales eligieron entre cuatro paredes y entre los más cercanos entre amigos y amigotes. ¿Y qué cree usted que pasó?... Las autoridades de turno nombraron sólo a escritores de Elqui. Las provincias del Chopa y Limarí fueron pasados por el aro, y cayeron en la categoría del unto, o usando una expresión moderna, fueron enviadas a la papelera de reciclaje. Los reclamos y la bronca, especialmente en Choapa fueron mayúsculos: sendas y justas notas de protesta aparecieron por aquí y acullá, encabezadas por la poeta Ana Leyton, que prácticamente no dejó títere con cabeza. También, y de manera menos furibunda pero con igual indignación, nos sumamos los limarinos…Cuento corto: el gobierno regional, compungido y avergonzado por el entuerto, trató de arreglar el asunto, y en los días siguientes una delegación de urgencia, o de parche, se las echó pa´la capital. Y entre esos literatillos de las olvidadas comarcas, iba el autor de estas líneas escabrosas.

Ahora, en el año del Bicentenario, otra vez se busca una representación de escritores digna para la FILSA…Y, como dice la canción, creo que del Temucano: “se nos viene el problema, nuevamente”…Glup!!...Ayayaycito

Una ilustre entidad, cuyo nombre sería Corporación Montegabriela y –otra vez- el Gobierno Regional de Coquimbo se meten entre las coces de los Rocinantes y Rucios, entre los cascos de los Bucéfalos, Babiecas y jamelgos de variopinta alzada para seleccionar a los bardos, narradores, dramaturgos, cronistas, fotógrafos, recopiladores y demases que escriben y publican libros, revistas, folletos, folletines y hojas huachas, para una digna y representativa legión de plumas regionales. Y se publicaron las bases, de manera celerísima, a 150 por hora, dada la cercanía de los tiempos, y con el tradicional ímpetu chapucero que nos caracteriza…Uf. Y ya puestos en este trance, y para una solución del nudo, con una sabiduría salomónica, los burócratas y gestores culturales han ideado una manera que busca sacar con pinzas a los elegidos: y – con una originalidad y creatividad pasmosas- han meditado que la mejor manera de hacerlo es mediante un ¡Concurso!

Para tratar de ordenar el maremágnum creativo, los convocantes dividen en cuatro categorías los textos:

1.-Ediciones de producción artesanal. ( 5 % del total)

2-. Ediciones de cuadernillos. ( 5 % del total)

3.- Ediciones de factura de excelencia. ( 55 % del total)

4.- Ediciones de publicación temática. ( 35 % del total)

Cada una de estas categorías debidamente explicitadas para que el asunto marche sobre ruedas o rieles y no haya sobresaltos.

Debo confesar que cuando me hablaron sobre esta opción de enviar libros de nuestra autoría a la FILSA, pensé era una muy buena manera de difundir lo que hacemos. Posteriormente, al leer las bases, el entusiasmo se vino guardabajo al instante. Tratemos de explicar el motivo de este bajón:

Mis cuatro libros (el primero, poemas; el segundo, cuentos; el tercero, crónicas; y el cuarto, fotografía con prosa) se pueden incluir en cualquiera de las cuatro categorías que señalan las bases. Digo que entran en la categoría de Producción artesanal porque están hechos a mano y con la mínima ayuda de la tecnología. Escritos, editados, corregidos, impresos, pegados, plastificados y vendidos por mí. Uso herramientas como una computadora y una impresora del montón con tinta alternativa o pirata. Le sumo sofisticadas herramientas manuales como un corta cartón, un cuchillo, una regla metálica, pegamentos apestosos y hasta tóxicos, plástico autoadhesivo para las portadas. Apretadores y herramientas creadas o adaptadas según la necesidad. A ello le adiciono dosis altas de paciencia y concentración y un caos creativo de papeles, tintas y desorden que pone en duro trance el aguante de mi esposa. Y, como decía, mis libros y revista se pueden incluir en cualquiera de los niveles, pues, modestia aparte, los libros me quedan bastante bien hechos.

Y además, otra vez haciendo a un lado mi natural modestia: están bien escritos, lo cual es muy importante. En cuanto al valor literario, no soy yo el llamado a calificar a mis “hijos”. Pero tornemos al “modo de hacer”: Así, con la práctica y en un proceso de error y mejora, he creado un sistema artesanal que sirve para ir publicando poco a poco mis libros. Y varios colegas literatos de Ovalle, a la vista de los resultados, me han ido pidiendo les imprima algunos libros. Y así lo vengo y sigo haciendo desde el año 2006. ¡Ah, lo olvidada!.., falta agregar la “Revista Literaria Tipeos”…aires literarios, de este año. Por supuesto que todas las ediciones son en modesto tiraje…Van saliendo a goteras y según las “apremiantes necesidades del mercado” Ja.

Decía que el gusto duro menos que oferta de farmacia. Ello porque a medida que avanzaba en la lectura de las benditas bases, la cosa se ponía cuesta arriba o abismo abajo -como usted prefiera. Lo primero era que había que postular, es decir someter mi trabajo de 20 años de escritura a un grupo de desconocidos, pues las bases no dicen quiénes serán los calificados seleccionadores, los Bielsas literarios. Sólo nombra a umbrosas instituciones como el Gobierno Regional, Concejo de la Cultura, Dibam y Corporación Montegabriela. Me pregunto, serán, como dice una canción: Será un ingeniero, dice el abuelo. O un gran arquitecto, sería perfecto. Tal vez un artista..¡Qué horror, un bohemio!...¿O alguno que siga las huellas de Jesús Nazareno?… Lo más seguro es que quién sabe. Por lo tanto, o por lo rematadamente tonto que soy, permítanme dudar de las condiciones e idoneidad del jurado para dirimir estos intríngulis literarios.

En una de ésas me equivoco, y el jurado seleccionador es una pléyade de hombres buenos certerísimos…No lo sé. Sólo sé que el asunto no termina de convencerme. Además, y en esto mis dudas y planteamientos acaso estén errados, pero ¿los burócratas especializados en el tema cultural, a quienes se les paga al parecer generosamente por hacer esta tarea, no conocen a los autores de la región?...La pregunta seguro está de más, y los funcionarios son parte de la media nacional que señalan las escalofriantes estadísticas: forman parte del 60% de ciudadanos chilensis que no leen ni las etiquetas de los alimentos que consumen. Además, me molesta esta impronta seleccionadora que se da en la cabecera regional (¡oh, el centralismo!)…Desde la capital regional seleccionarán a los limarinos, choapinos, a los coquimbanos para saber si son dignos de figurar al lado de la colonial y señorial serenense. ¿Sólo en Serena hay gente capaz para elegir?... Se me ocurre que esta comisión podría haber invitado a los más destacados autores regionales para concurrir con sus obras a la FILSA. No someterlos a un indignante proceso de selección en manos de un jurado desconocido que por lo tanto no da garantías de calidad. Acá en la provincia del Limarí hay notables narradores, poetas e investigadores, que se han ganado sobradamente su derecho para estar en cualquier feria del país u otras más empingorotadas. Lo mismo en el Choapa…En Serena, claro, no los conocen. Y como no los conocen, hay que adjuntar, Juajuajua: Certificados de residencia, es decir, se mal duda de los autores limarinos y demases, y hay que ir al extremo de solicitar la venia de Carabineros para que certifiquen la certeza de la información. Se pide, además, un CURRICULO. Eso demuestra que nuestras autoridades y gestores involucrados en esta gestión cultural no conocen siquiera a los principales escritores de la región.

Lo otro: como los burócratas que diseñaron las bases, desde sus amplios o mínimos escritorios, no saben de la realidad de los literatos de la región, se olvidan o no saben que al ser “Artesanales”, las ediciones son en número mínimos. Luego, no creo haya autores que imprimiendo de manera artesanal sus libros tengan un stock como para partir a la FILSA. Eso ya nos deja a todos los artesanales afuera.

Otro aspecto no menor, es el registro de Propiedad Intelectual. Una leguleyada que los burócratas consideran indispensable. Y aquí tenemos otra dosis de realidad que los jerarcas culturales no manejan: un porcentaje importante de los escritores no tiene registrados en los anales de la república sus textos. ¿Las razones?...Son varias. En mi caso, ninguno de mis cuatro libros tiene el bendito registro leguleyo. Eso es razón para estar fuera…Sin derecho al pataleo. Quienes escribimos en las fronteras, en los márgenes de la “legalidad”, no existimos para nadie. Bueno, en realidad, sí existimos para nuestros escasos y eventuales lectores, ya sea en papel o en formatos electrónicos.

Por estas y otras razones es que la Provincia del Limarí prácticamente no envío libros –o fueron muy pocos- a esta selección. Y no es que no existan autores de peso en la Provincia del Liq Malliñ

En definitiva, cualquiera sea el resultado al que llegue esta comisión de notables, no cabe duda que esta selección no será – una vez más- representativa de la realidad literaria de la región.

Y antes del punto final, un alcance más. Me refiero a los famosos fondos del Estado para la creación literaria. Precisamente, los verdaderos creadores literarios, es decir los poetas, cuentistas, novelistas y dramaturgos debemos estar permanentemente en competencia con investigadores, recopiladores, cronistas, quienes son los niños mimados y obtienen la mayoría de estos fondos. Y ¡ojo! con esto no digo que los temas no creativos sean menos importantes. Su valía es notable, por cierto. Es claro que necesitamos conocernos integralmente, en lo histórico, social, étnico, pero pienso al igual que muchos colegas escritores creativos, que nosotros los escritores somos los parientes menos considerados. Ese es otro tema, al que espero hincar el diente en mi próxima verbosa y diarreica crónica. Ja.

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