Si pregunta sobre el origen de las famosas cartitas, es seguro que le cuenten el cuento según el cual esto tiene su origen en el antiguo Egipto. Toda esa historia no es sino una descarada mentira adornada de mucha fantasía.
Los más descarados serán capaces de decirle que "las figuras" del Tarot, la de los llamados "arcanos mayores" están grabadas en un pasillo de la Gran Pirámide de Keops, lo cual es simple y llanamente, una mentira más grande que la pirámide, por ejemplo como pusieron la carta de "La Papisa", elemento obviamente de la edad media.
Sus orígenes datan al menos del siglo XIV, no teniendo fundamento llevar sus raíces más atrás en la historia. Las primeras referencias al Tarot aparecen en el Siglo XV en Italia. La baraja mas antigua es el Tarot de Filippo Maria Visconti (1412-1447), hoy día en la Yale University Library, Estados Unidos de América.El historiador italiano Giordano Berti supone que fue el duque de Milán el inventor del Tarot. En efecto, algunas imagines del Tarot de Filippo Maria Visconti son las mismas de otra baraja inventada por el duque en 1415.
Es hasta principios del siglo XV (en 1415 o 1430 o por ahí) que Filippo María Visconti, duque de Milán, manda a hacer un juego de cartas que se conserva hasta hoy y al que se llama "tarot italiano", aunque algunas de sus cartas sean distintas a las que se usan hoy. No hay nada que indique que el mazo de cartas de Filippo se haya usado para echarle la suerte a nadie. Las referencias místicas del tarot comienzan en 1546 a cargo de Guillaume Postel.
Las cartas del tarot fueron asociadas con el tiempo por el misticismo y la magia. El tarot no fue extensamente adoptado por místicos, ocultistas y sociedades secretas hasta los siglos XVIII y XIX.
O sea, que el Tarot es un invento bastante moderno si lo comparamos con otras "técnicas de adivinación" inventadas en el pasado, como las que implican interpretar el vuelo de los pájaros, las vísceras de animales sacrificados, los huesos, el I Ching y demás.
"Tarots" era como se llamaba a los "triunfos" en francés y el juego de cartas y parlanchinería llamado "tarots" era popular en Italia en el siglo XV. Fin del misterio. El nombrecito viene del francés y de un juego de azar, nada de idioma egipcio, hebreo, dioses antiguos ni delirios cabalísticos.
El "tarot" actual en sus mil variantes y tienen los conocidos dibujitos del diablo, la muerte, los enamorados, la rueda de la fortuna, etc, mientras que las 56 restantes ("arcanos menores") se parecen mucho a la baraja española, divididas en 4 palos pero con 14 cartas cada uno. Se numeran del 1 al 10 con cuatro figuras: rey, reina, caballo y sota.
Los exprimidores de congéneres suelen limitarse a los 22 "arcanos mayores" y con ellos pueden producir verdaderos milagros, como provocarles miedos irracionales a personas de aspecto normal, hacer que personas razonables actúen como bobos o producir dinero de la nada, mismo que se embolsan con gran regocijo.
La pregunta, claro, es si las cartas éstas o cualesquiera otras pueden "predecir" el futuro o "responder" a preguntas. La respuesta es NO y sin más. Como todos los demás métodos adivinatorios, el tarot se basa en generalizaciones, en la lectura en frío que ya disecamos aquí, en respuestas buenas para cualquier circunstancia y en un descaro verdaderamente asombroso por parte del tarotimador.
Para el ritual, se supone que hay que barajar el tarot y luego el incauto lo debe cortar y luego se van sacando las cartas, disponiéndolas boca abajo en distintas formas, como la "cruz céltica", el "calendario", el "trisquel" o la "sencilla". Una vez puesto el solitario en su sitio, se van destapando las cartas una por una en un orden determinado y se supone que la relación entre el significado original de la carta y su posición respecto a las demás nos va diciendo si conviene o no dedicarnos a la pastelería fina o al regenteo de burdeles, si la sabrosa Jennifer se ha prendado de nosotros o si es mejor pedir el aumento de sueldo en viernes o en martes.
En todo ese proceso, ni el aprendiz de brujo ni su damnificado se preguntan (mucho menos se responden) cómo es que las cartas no sólo conocen el futuro, sino que reconocen que usted es usted y no alguien más, y saben que están respondiendo a una pregunta y no a otra.
Pero la prueba de fuego de cualquier tarotorpe es preguntarle algo concreto que esté fuera de su conocimiento. Porque lo más llamativo de esta forma de adivinación y de todas las formas de adivinación, es que ni las cartas del tarot ni la bola de cristal ni las hojas del té ni las runas ni los granos del café ni el zodiaco van más allá de los conocimientos precisos y medibles del adivino en particular.
Por ejemplo, si usted le pregunta a un tarotonto quién va a ganar un determinado partido de fútbol que se celebrará el domingo, la respuesta variará mucho dependiendo de lo que sepa el charlatán en cuestión.
Si no sabe nada de fútbol, probablemente haga mucha parafernalia para salirle con una vaguedad como "las tendencias cósmicas parecen favorecer a uno o el otro, pero deberán tener mucho cuidado para evitar que el otro equipo aprovechen su influencia afortunada". (Una respuesta que no responder nada)
Igualmente, pocos taroteros (si no es que ninguno) podrán responderle si fue Bob Bakker o Jack Horner el que afirmó que las aves actuales proceden de los dinosaurios. Esa respuesta, tan sencilla que la encuentra en cualquier lado (fue Bakker) está más allá del tarot porque está más allá del conocimiento del supuesto esotérico "superior iniciado en los misterios cabalísticos de los templarios y los rituales egipcios".
Porque si el tarot sirviera de verdad para ver el futuro y aprender respuestas a las grandes preguntas, los científicos estarían echando las cartas alegremente en lugar de quemarse las pestañas en sus laboratorios para encontrar la cura del resfrío común, mientras que los tarotriviales seguramente se dedicarían a algo más honrado, sobre todo porque se enseñaría el tarot en las escuelas como fuente de sabiduría y ellos resultarían obsoletos.
















El tarot y las adivinaciones.
Lo importante es no confundir un "entretenimiento" con un sistema científico.
El futurismo o la adivinación en rededor de personas o agrupaciones, sólo tiene un alto grado de imaginación.
Entre tanta generalidad, algo de coincidencia queda. Si la adivinación fuese posible, los juegos de azar no tendrían justificación alguna.
Nuestra ignorancia, nuestro temor, nuestra codicia, nos hacen proclives a solicitar tales ayudas.
Jugar, sólo eso... jugar. Lo demás es simplemente una tontera.
De acuerdo
Gracias por tu opinión..