La luna inventada

(
- ¿Sabes lo que soñé anoche? Me dirigí a mi esposa, en tanto tomaba el desayuno en la mesa de la cocina. - ¡Por supuesto que no! - Si no me lo cuentas….. Dime.
- Bien… A ver… - ¡Me hubieras visto!! Estaba vestido con terno y corbata, pero me hallaba en un desierto. Me suena mucho el nombre de Libia. Uno de esos países de Medio Oriente, me parece. De pronto me encontré vestido de beduino, algo así como Lawrence de Arabia y me asomaba a un profundo pozo cavado entre vastas dunas de arena. Estas arenas se movían, pero no arrastradas por el viento, sino como mecidas por una canción… Sí, era el viento. Ahora me acuerdo. Y, súbitamente era de noche…
Yo también cantaba algo, cuando de pronto me fijé de nuevo en el pozo. Dos pequeños reflejos de agua brillaban en el fondo. Era un hoyo ancho, muy cilíndrico y su profundidad… ya no era tanto. Faltaba poco para que llegara a la superficie y en el fondo también había dos enormes perros negros, me parecieron de la raza rottweiler. Uno a cada lado del piso, me gruñían y mostraban amenazadoramente sus dientes. ¡Realmente estaban muy furiosos! - Miré de nuevo. Ahora los perros eran blancos… -¿Qué piensas?
- Bueno, pienso que el pozo es tu Oficina y los perros son tus famosos Gerentes. Te has levantado un poco tarde y por lo que veo ya vas atrasado, contra tu costumbre. Y es seguro que te enseñan los dientes. - Te lo digo.
Pero no había apuros, ni apremios, ni nada. La planta y el link de microondas funcionaban perfectamente y llegué a la conclusión que un atraso en mi hora de llegada no iba a cambiar las cosas. Máxime si yo era el Jefe del Departamento y tenía el perfecto derecho a llegar mas tarde, por cuanto todos mis subalternos conocían de sobra los trabajos a desarrollar en el día. Pero todos también estaban acostumbrados a verme ya en mi escritorio desde muy tempranas horas, cada mañana. Por cierto, también me retiraba temprano.
- ¡Buenos días, jefecito! Me saludó Oscar, el auxiliar. ¿Ya tomó desayuno? - Claro pues Oscarín…! ¡Si no me vine corriendo, hombre!
- Pero por la cara Jefe, lo veo que está algo cansado. - ¿Se siente bien? Insistió. - Sí, mira. Lo único es que no dormí muy tranquilo, porque un sueño loco me mantuvo despierto gran parte de la noche. – Eso es todo.
- ¡Ah, con razón…! ¿Y se puede saber qué soñó? - Se lo conté.
- Mire Jefe, en la sala de Custodia, en el tercer subterráneo, trabaja esta señorita… ¿Cómo se llama?... ¡Ah sí, Ana Luisa, no sé qué más! Tiene un apellido enredado. - Siempre me ha costado recordar su nombre, se la conoce más por su apodo. Ella, como le digo, es experta en conocer la suerte, por las líneas de la mano, las cartas… y todo lo demás.
- Vaya a verla no más!... Es bien simpática. Aproveche de preguntarle por su sueño.
- Si tú lo dices……Chequea mejor el generador de emergencia…!
Sí, yo también la conocía. Ana Luisa era
Casi nunca salía de su sala en lo profundo del subterráneo, siempre rodeada de carpetas, escrituras notariales y antecedentes legales. Almorzaba en su escritorio y en las reuniones mandaba al secretario en su representación. Era educada y fina en sus modales, pero no se le conocía amistades en la cercanía de su trabajo.
Una vez alguien la mencionó como “Luna” y en un comienzo pensé que ese era su nombre. Pero, al notar la cara divertida de mi interlocutor, quise averiguar de qué se trataba.
- ¿Pero, no sabes? Y tras mirarme, siguió: - Le dicen la luna, porque esta niña “alumbra pero no calienta” -¿Qué te parece? ¡Ja…ja…ja…!
Pasó todo el día y me olvidé del asunto. Pero en la jornada siguiente llegué como tenía acostumbrado, a temprana hora, mucho antes que el auxiliar.
En tanto leía algunas noticias en los diarios electrónicos, sonó mi citófono. Era Ana Luisa.
- Roberto. Llamó. - Oscar me contó que querías hablar conmigo. Fíjate que yo también quiero decirte algo, respecto a la pega. Ya me mandaron desde los archivos contratados del Banco, todos los documentos que pediste en tu memo del viernes. Me costó harto que me entendieran en esa empresa externa y por eso quiero darte algunos detalles. - ¿Vas a venir? Todavía es temprano.
Me recibió cariñosamente. Allí estaba, alta y flaca. Traspasaba el ambiente su intenso perfume. Sirvió café y aproveché de mirarla con detenimiento: No representaba más de cuarenta años y era sin lugar a dudas, rubia original. Sus apellidos extranjeros también lo confirmaba. Una mata de pelo algo corto y medianamente ensortijado, pero muy peinado, bajo una capa de laca. Con largos aunque livianos pendientes, me miraba también algo callada, tras el escritorio.
Su cara y manos de largos dedos y uñas brillantes, eran blancos, de un tono lechoso y sus ojos de un celeste muy claro, glauco es la palabra, que no tenían fondo ni expresión definida. Su rostro totalmente regular, se encontraba maquillado algo en exceso, pensé, tal vez para disimular su intensa blancura. La boca, también muy delineada en un rojo furioso, un fuerte tono violeta en los párpados y las pestañas cargadas de rimel, que dejaban dos negras gotas en los lacrimales.
Sonrió. Sin decir palabras me indicó que extendiera la palma de mi mano izquierda y estuvo alrededor de tres minutos, observando atentamente.
- ¿Qué ves? Pregunté curioso, pero no obtuve respuesta. - A ver! Dijo, luego de un rato.
- Cuéntame de tu sueño, eso que te inquieta…
Lo hice y volvió a sumirse como en una profunda meditación. En un imperceptible ademán, quiso en un momento tal vez adelantar algo, pero noté que se encontraba muy confusa. Esperé entonces a que ordenara sus pensamientos.
Pero luego tras un breve suspiro, como volviendo a la realidad, sólo expresó:
- Mira, todo lo que tú tienes es sólo cansancio y agotamiento. Me tinca que aún no has pedido vacaciones y es lo único que puedo recomendarte.
- Pero el sueño, Ana Luisa. ¡Tiene que tener algún significado! Era tan real… ¡Vamos, no te pongas tan misteriosa!...
- Ah, bueno… En realidad, no tiene mayor significado. No encontré ninguna relación con modelos arquetípicos y lo único que te puedo agregar es que tengas cuidado cuando caminas por las calles. Ese orificio redondo que se acerca y adentro gruñe algo, para mí… Lo veo como algo que ya he conocido, entiendes… es un significado mío solamente, se me asemeja a un camión o microbús que se acerca amenazante. Pero nada mal va a ocurrir si tú te encuentras bien descansado. Es todo lo que te puedo comentar… Olvídate. Uno sueña todas las noches las cosas más extravagantes y no tiene que significar necesariamente algún evento que nos pueda afectar, desde el exterior.
- Toma. Agregó, introduciendo varias carpetas dentro de un gran sobre café. - Ese es el material de archivo que pediste. Te adelanto que faltan algunas cosas, que tendrías que reiterar más tarde. Para eso te dejo una clave, para que averigües otras cosas.
Me despedí afectuosamente, con un beso en su mejilla: - ¡Gracias Lunita, es mej…..! ¡Oh, perdóname! - Quise decir Ana Luisa…
Bajó los párpados: - Está bien, no importa Roberto! ¡Ya conozco de eso! - Que te vaya lindo en todo…
Al día siguiente, lo supe apenas traspasé el hall de los ascensores. Oscar se acercó corriendo a mi lado y sin saludarme siquiera, me tomó de un brazo: - ¡Don Robertito! Dijo apresurado. - Hay una mala noticia… Una noticia muy mala y yo sé que usted no está enterado.
- ¿Pero qué pasa hombre? - ¡Cuéntame! ¿Estamos en quiebra? ¿Van a despedirnos?
- ¡No! Intentó sonreír. - Es su colega,
- Ah, ella… Sí, está muerta. Al poco rato que se fue, llegaron corriendo otros colegas a avisar que ella se había lanzado al parecer a las ruedas del Metro. Se la llevó una ambulancia al Instituto Médico Legal. Es lamentable. - Y usted tiene que haber sido una de las pocas personas que la vio con vida en su último día. - ¿Qué le pasa…?
Bueno, la verdad es que estaba demudado. Llegué a mi escritorio y con la cabeza entre mis manos, traté de recordar todo lo conversado el día anterior. Pero, era un carrusel de atropellados hechos y palabras, que no tenían significado. Excepto, claro: - ¿Por qué me había deseado cosas lindas en todo? - Sonaba a otra clase de despedida. Miré las palmas de mis manos. - ¿Por qué no quiso decirme qué vio en ellas? - Y la clave que anunció ¿De qué se trataba?
Con un súbito impulso, casi rasgué el grueso sobre de la documentación, entregada el día anterior. Contenía un antiguo proyecto de red de fibra óptica, un mandato notarial y un oficio reservado de Segtel. Nada más. En el fondo la mitad de una hoja de carta, en blanco. ¡Ah, ya sabía! La clave anunciada… La extraje cuidadosamente.
Por un lado aparecía una sigla bien marcada. Algo reconocible: BEST.04.cont.87-3U
Pero, al dar vuelta la hoja, percibí un extraño dibujo hecho a lápiz: - Un círculo truncado en su parte inferior y dos óvalos a los costados. Me acordé de mi famoso sueño. Se asemejaba mucho a la redondez del pozo y las siluetas de los perros. ¡Claro, cada
vez estaba más seguro! - Pero además se encontraba trazados dos pequeños rectángulos, en la parte superior de la circunferencia.
Al mirar el esbozo desde cierta distancia, todo se asemejaba, indudablemente también, a la parte delantera de un tren subterráneo………
………
Roberto.





