Las Elecciones del Fútbol o Historias Incontables.
Me gustaría contarles una historia de un empresario ímprobo que hizo crecer un imperio económico en base a malos manejos, según decían sus detractores, traicionando a sus empleadores al comienzo, a sus colegas de coalición en algún momento, aprovechándose de su posición privilegiada para hacer fortuna, hasta el extremo de que fue procesado por la justicia de su país, y condenado, pero que como era muy inteligente, salió bien parado y resucitado (en realidad nunca estuvo muerto) de todos sus entuertos de los que cualquier ciudadano común no habría salido bien parado; me gustaría contarles que de la noche a la mañana apareció dueño de una compañía aérea de su país (compañía que había sido de todos los ciudadanos del mismo) y su fortuna se incrementaba cada vez más pues este empresario se parecía al rey Midas, y de bancos, y de instituciones financieras, y de canales de televisión; emprendedor decían sus admiradores, sinvergüenza decían los demás. Hasta que, por esas cosas del destino (¿o de la imbecilidad?) nuestro empresario en cuestión se coronó presidente de su país pues en materia de comunicaciones e imagen pública era experto y si no lo era, contrataba expertos, que para eso tenía plata el hombre y convenció a la mitad más uno del electorado para que votaran por él y listo el pescado, a gobernar se ha dicho que aquí hay harto paño que cortar.
Me gustaría contarles otra historia, la de un dirigente de un club de fútbol que, con la intención de levantar el pelaje del fútbol de su país, llegó a la presidencia del organismo rector del mismo, llevando a éste a niveles de mejora, de reconocimiento mundial, a niveles económicos insospechados pero que cometió el error de pretender que los repartos de la riqueza que generaba el negocio del fútbol fueran repartidos equitativamente entre todos los clubes profesionales. ¡Error! ¡No se hace eso! ¿Cómo se le ocurre? A la primera oportunidad, los tres clubes grandes del país lo sacaron de su cargo apelando a la estupidez (probada, demostrada) de los presidentes de los clubes de menores ingresos que creyeron la pomada que se les ofrecía y estuvieron de acuerdo en sacar a quien defendía sus propios intereses. ¡Liindo! ¿verdad?
Para cerrar el círculo, les debería contar que el empresario aquel de la primera historia, tenía intereses económicos en uno de los clubes grandes y que los hocicones de siempre, esos que nunca faltan, esos que creen ver debajo del agua, esos que aprovechan la primera oportunidad para politizar los acontecimientos, dijeron que había intervenido con influencias en la salida del segundo personaje.
Yo debería contarles a ustedes estas historias pero, ¿saben? no se las voy a contar naca porque capaz que se me vayan encima los seguidores del fulano y yo no me presto para que anden hablando de mi diciendo que yo soy un hocicón.
donbaldomero.
P.S. Sialguienporcasualidadleeestashistoriashagacuentaquenuncalohizo.






Era sólo fantasía... Menos mal, don waldo...
¿Se imagina que fuera verdad semejante cosa?...
Sería terrible... Incluso canallesco e impresentable...
Vaya... De la que nos salvamos, ah !...
es eso, solo una historia sino, al dirigente aquel que creia que se debian reartir por igual las platitas pronto lo habrian tachado de "comunista" y al presidente aquel de "hacer intervencion politica" , tan mal mirada por sus acolitos en otros tiempos.