Enrique Ernesto Lavin Orellana

Nibaldo Mosciatti, sinceró su visión de país y se atrevió a decir lo que vió.

Me parece que es lo más relevante ocurrido en el acontecer nacional.

Vale la pena leerlo, analizarlo y discutirlo.

 

Con cada palabra que leía Nibaldo Mosciatti, el rostro de la ministra de la
Secretaría General de Gobierno, Ena von Baer, se descomponía cada vez más.
Lo mismo le pasó a Juan Claro, presidente del directorio de Embotelladora
Andina que la acompañaba en la testera, y a los militares, empresarios y
autoridades invitados. Era la 31ª versión de una ceremonia formal y
protocolar, la entrega del Premio de Periodismo Embotelladora Andina 2010,
donde el periodista de *Radio Bío Bío* era el invitado de honor, el
galardonado por su trayectoria. Pero el protocolo se esfumó apenas comenzó
su discurso. Desde un comienzo, Mosciatti disparó contra la Universidad
Católica, la Iglesia, la dictadura, los militares y los periodistas al
servicio de las relaciones públicas y el poder. A éstos últimos los retrató
desde “un rincón un poco humillante, como esas casuchas para los perros
guardianes, que te guarece de la lluvia pero que incuba pulgas y garrapatas,
pero allí nunca falta el tacho con comida”. El calibre de sus palabras
provocó que la ministra Von Baer, quien habló a continuación, se saliera de
libreto para replicarlo. Lea aquí el discurso completo de Nibaldo Mosciatti.

*****

Como el orden de los factores SÍ altera el producto, este discurso comienza
así: ¡Familia!, Constanza y retoños, amigas y amigos, queridos auditores,
añorados lectores, circunstanciales televidentes, jurado del premio,
embotelladora del premio (siempre hay que ser bien educado), autoridades
varias y vagas; autoridades en la vaguedad. O sea, en la distancia.
Amablemente.

Este texto consta de tres partes. A saber: agradecimientos, reflexiones
sobre el oficio y, finalmente, piloto para un espacio de radio de trasnoche.
Vamos, pues…

*1.- Agradecimientos:*

Quiero agradecer a mis maestros. A los que, primero, me enseñaron. Quiero
agradecer a mis padres. El rigor de la Loli y la fantasía de Pocho. La
perseverancia y pasión de ambos. El aprendizaje de ver pasar el río, de
plantar algunos árboles. El vivir la vida sin ambición por el dinero, ni
ínfulas sociales.

En este oficio de periodista quisiera haber heredado una pizca del talento,
la sensibilidad y la rebeldía de mi padre. Sin esas cualidades, el
periodismo se convierte en otra cosa: en una simple reproducción de
discursos, en un engranaje más de las máquinas de los poderes y los
poderosos, en esa cosa amorfa, triste, gelatinosa, y, a veces, ruin y
malvada, que son las relaciones públicas o todo tipo de comunicación que
está al servicio de unos pocos en detrimento de la mayoría anónima.

Quiero agradecer, andando ya el camino, a algunos profesores. De mi colegio:
Lamiral, Varela, Tolosa, Fierro, Boutigieg, Pilon, Biancard. La añoranza de
ese espacio de libertad cuando la libertad escaseaba.

Y de la Universidad… allí, en verdad, gracias a pocos. Es más, si hablo
largo terminaría a los garabatos y repudiando a muchos de esa Universidad
Católica, la UC de aquella época, puta prístina de la dictadura, con sus
sapos, sus silencios cómplices, sus injusticias mofletudamente bendecidas,
bendecidas por sus monseñores y sus autoridades venenosas que no se
arrugaban en tolerar, avalar y alentar la brutalidad para preservar el
orden, que era un orden chiquitito, orden sólo de ellos.

Doble mérito entonces para mis profesores de la Universidad a los que
agradezco: Juan Domingo Marinello, Cacho Ortiz, Gustavo Martínez y los
Óscares: Saavedra y el RIP González, lo que no es maldad, porque todos nos
vamos a morir. Así es que RIP nomás.

Y, en el oficio, más gracias. Gracias a algunos que me apuntalaron,
mostrándome matices de dignidad: Salvador Schwartzmann, Jaime Moreno Laval,
Mario Gómez López, Gabriela Tesmer.

Los otros, los amigos que me enseñaron y que, por sobre todo, quiero: Andrés
Braithwaite, el mejor editor de prensa escrita que haya conocido nunca;
Pancho Mouat; los laberintos del pensamiento de Ajens; Pablo Azócar y el
filo de su pluma; Rafael Otano y su erudición que te obliga a ubicarte donde
siempre debe ubicarse un periodista, que es en la ignorancia; y Patricio
Bañados, que me ha mostrado el valor de las convicciones y la decencia que
debería imperar en este medio. Pero ustedes lo saben: NO impera.

En cuanto al premio mismo, gracias al premio, que permite esta convocatoria.
Así veo a gente que quiero. Premio gracioso y gaseoso. Tan gracioso que creí
que era pitanza. Premio de fantasía y bebestible, para mí, que me ufano de
haberme criado bebiendo agua de un pozo alimentado por una napa subterránea
que desciende al río Bío Bío desde la cordillera de Nahuelbuta. Agua pura.

Gracias, entonces, al jurado que me eligió. Gracias sinceras porque, por lo
demás, no he postulado a premio alguno, lo que me indica que mi nombre les
salió del corazón. O de la razón, lo que no sé si es mejor o peor, todavía.

Y gracias a la empresa que da el premio. Premiar periodistas es labor
samaritana. Mejor que el Hogar de Cristo o la Teletón, en la medida en que
no se convoque, paradójicamente, a la prensa.

Sugiero a la embotelladora que también se incluya, en galardones paralelos,
a zapateros remendones, desmontadores de neumáticos en vulcanizaciones,
panaderos, imprenteros, empastadores de libros, ebanistas y expertos en
injertos de árboles frutales, para que se consolide la idea de que lo que se
premia es el ejercicio de un oficio, el día a día de las letras, y no la
ruma de certificados, con sus timbres y estampillas, ni la galería de
cargos, ni, menos todavía, la trenza de contactos, pitutos, militancias,
genuflexiones (para no usar imágenes obscenas) favores y deudas. Así debiera
ser.

En suma, muchas gracias. Gracias por mí, pero también gracias por La Radio.
Este premio es, en gran parte, mayoritaria parte -seamos sinceros-, un
premio a Radio Bío Bío. Un premio a un proyecto que nació en 1958, en Lota,
con radio El Carbón. Un proyecto que mi padre no sólo ideó, parió,
construyó, afianzó y encauzó, sino que es un proyecto que sigue siendo fiel
–y esperamos no tropezar nunca en ello– a lo que mi padre quiso. Eso es lo
que más se merece un premio: la idea de un medio de comunicación al servicio
de la gente, sin cálculos, sin ideas de trampolín para lanzarse a otra
piscina. Señoras y señoras, muchas gracias.

*2.- Reflexiones sobre el oficio:*

Lo primero es que trataré de evitar, probablemente, sin éxito, el peligro de
todo discurso, que es terminar pontificando. Imagínense: yo de pontífice.
Pondría mis condiciones eso sí: fin al celibato y, por supuesto, me negaría
a usar esas polleras que usan los pontífices. Báculo sí usaría: más de
alguno con que me cruzo merece un garrotazo, y los báculos papales y
obispales, a veces pesados con tanto oro, deben ser buenísimos para tal
efecto.

Bien, no nos desviemos, aunque el tema provoque curiosidad malsana.

Entonces: evitar pontificar. Porque el periodismo debiera estar lo más lejos
posible de los pontífices: los de las religiones, la política, los negocios,
la banca, el capital, la revolución, la involución, las dietas, las verdades
reveladas, las ideologías, la numerología y tantos etcéteras. O sea, lejos
de las certezas. El periodismo sólo se sostiene en su falta de certidumbres,
en la duda permanente, en el escepticismo, en la incredulidad.

Vivir poniendo en duda todo puede, es cierto, generar angustia. Pero si no
se busca el poder, la certeza mayor que te da el poder y, por consiguiente,
la posibilidad del abuso –porque eso es el poder: la posibilidad de abusar–;
si no se busca esa certeza, se puede vivir de lo más bien.

¿Cómo vivir en el ejercicio de la duda? Aventuro una respuesta: haciéndolo
desde la sensibilidad. Sensibilidad para entender al otro. Hacer el
ejercicio de despojarse de lo propio –las ideas, los odios, las fijaciones–
para intentar reconocer, conocer, entender lo ajeno.

Hay, al menos, dos periodismos. Voy a dejar fuera a esa manga de serviles
que, por opción (libero de culpa a los que no tuvieron alternativa), fueron
útiles plumíferos de la dictadura. Siempre he sostenido que en dictadura,
hacer periodismo es hacer oposición. Si yo pretendiera hacer periodismo en
China, hoy, sería agente opositor (y qué bueno que el Premio Nobel de la Paz
se haya otorgado a un disidente chino).

Bueno, dejando de lado esto, repito que hay, al menos, dos periodismos: Uno,
el que le habla a la gente, porque piensa en la gente y siente que está al
servicio de ella. Otro, el periodismo que le habla a los poderes, porque
vive en ese rincón restringido y cálido –pero nunca gratis– que los poderes
guardan a ese periodismo. Es un rincón un poco humillante, como esas
casuchas para los perros guardianes, que te guarece de la lluvia pero que
incuba pulgas y garrapatas, pero allí nunca falta el tacho con comida. Sabe
mal, pero alimenta. Y, en general, engorda.

Lo que entiendo por periodismo es lo primero: el periodismo es un ejercicio
de antipoder. Repartir, difundir, democratizar la información que, si es
tenida en reserva por unos pocos, constituye poder. ¿No les suena acaso la
figura de “uso de información privilegiada”?

Mi convicción, entonces: lejos de los poderes, que el poder corrompe. Y a
más poder o más dinero, más corrupción.

De lo mucho que le debo a mis lecturas –en rigor no he hecho más que repetir
cosas que he considerado inteligentes y por otros dichas–, le debo a Albert
Camus la mejor definición de patriotismo. Si la bandada de sujetos
vociferantes que se dicen patriotas se aproximara a esa definición, algo de
eso que se sueña como humanismo sería factible. Escribió Camus, a propósito
de la resistencia francesa a la ocupación nazi:

*“Fue asombroso que muchos hombres que entraron en la resistencia no fueran
patriotas de profesión. Pero el patriotismo, en primer lugar, no es una
profesión. Es una manera de amar a la patria que consiste en no quererla
injusta y en decírselo”. *

Uno podría cambiar el término patria por humanidad y patriotismo por
humanismo. Y uno podría considerar que ese ejercicio de humanismo es el buen
periodismo.

Para no subirse por el chorro, una advertencia: muchos periodistas estaban o
están convencidos que el periodismo es la palanca o instrumento para generar
un cambio social. Nica. O sea, no. Quienes piensan así exhiben, quizás sin
darse cuenta, una arrogancia y un mesianismo temible. Allí no hay duda, ni
cuestionamiento. Los cambios los hacen los pueblos, no el periodismo.
Tratemos –termino igual como empecé–, tratemos de no pontificar.

*3.- Piloto para un espacio radial en el trasnoche. ¡Invito a que me
acompañe **(en saxo)** Nano González!*

¿Por qué te premian? ¿Porque ya eres suficientemente viejo? ¿Por qué ya lo
que dices son puras boludeces y tus dichos perdieron filo, agudeza,
desparpajo, y te repites como un viejo gagá que no dice nada nuevo ni nada
que escandalice? ¿Por eso te premian, porque la lengua te la comieron los
ratones? O, mejor dicho, ¿porque tu lengua se pudrió, de desprendió, añeja,
agria, inútil?

Sobrevuelas un pedazo de tierra, hermoso por lo demás (bueno, hermoso en lo
que va quedando de hermoso, porque lo otro ya lo arrasaron) y te dicen:
mira, esa es tu Patria. ¿Qué es eso? ¿Una Patria, La Patria, tu Patria?
¿Para despedazarla y repartirla? ¿Para prohibirla, censurarla, amordazarla?
Será mejor, entonces, no tener Patria, y ahorrarnos uniformes, paradas
militares, desfiles, aniversarios, profesionales ociosos de la guerra. No,
no, no; mejor así: que los militares sigan siendo ociosos y que no ejerzan
su trabajo. Digo: no a la guerra. Y agrego: mar para Bolivia, y con
soberanía.

En cada uno de nosotros habita ese lobo que ve a los otros como ovejas, y
quiere devorárselas. Pero no nos engañemos, los lobos son los lobos de
siempre. Se les reconoce por el hedor que van dejando sus meados. No trates
de domesticar al lobo. Sácale lustre, aliméntalo con carne cruda y no lo
retengas cuando llegue la hora de las dentelladas. ¿Se acuerdan de ese coro,
auténtico, maravilloso, porque ponía en duda el orden que es, como todo
orden, en el fondo, una prisión? El coro decía: ¡va a quedar la cagada, va a
quedar la cagada, va a quedar la cagada…!

Nosotros, asesinos. Esa cualidad última es la que se promueve. No veas al
otro como un socio, olvídate del concepto de prójimo (salvo cuando vayas a
ese teatro vacío que se llama iglesia). Gánate un espacio, desplazando a
otro. Es una lógica asesina. Bienvenidos al carrusel de los depredadores.
Nuestro futuro está escrito: feliz regreso al canibalismo.

¿Dónde están los que no están? Bueno, yo lo sé, porque así lo siento: en
ningún lado, por algo no están. Chau, listo, se acabó… Pero están. En
nuestros recuerdos, en la memoria. Me gustaría que estuviera aquí Galo
Gómez. Galo Gómez hijo. Romántico y pendenciero, pero tan buen tipo que sus
peleas eran pura bondad. Galito, ¿te mataste o te mataron? No, parece que
fue la borrachera y el exceso de velocidad. Te mataste, entonces. Te echo de
menos.

Luciérnagas en la noche. Bajo los boldos, vuelan encantadas las luciérnagas
de mi niñez y juventud. No las vi por años, casi décadas, hasta que una
noche reaparecieron. Allí, en la orilla del Bío Bío. ¡Luciérnagas en la
noche de nuevo! Como un mensaje que dijera: no todo está perdido, no todo es
derrumbe. La sobrevivencia de las luciérnagas como metáfora de la
supervivencia de lo hermoso, de los sueños, de que sigan existiendo
luciérnagas para los futuros niños.

Y sí… Quisiera volver a ser un niño. Vivir, aunque sin saber, que todas las
posibilidades del mundo están abiertas y disponibles para mí. Eso es la
niñez: la infinitud de rumbos, la ausencia, por el momento, de
condicionamientos, directrices, guías. El primer día de colegio es el primer
navajazo a esa infinitud. Quisiera volver a ser un niño, antes del colegio.
Niño, niño. Puro horizonte, posibilidades infinitas. Quisiera ser niño. ¡Y
sin premio!

Muchas gracias.



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Jose Luis Silva
dijo :

pero es como el sexto articulo que dice exactametne lo mismo

21/11/2010 a las 12:48
Christian Mardoñez
dijo :

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LibroArte

Ese es el problema de la informacion envasada. Es tanta, que finalmente la gente solo se conforma con leer titulares...Son muchas veces estas personas, las que se dicen a si mismos Informados...aaajaja!!

Patrañas extrañas, con olor a plastico.

Sinceramente.

21/11/2010 a las 15:32
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