Partidos: ¿privilegio masculino?
| ||
En Chile, las mujeres participamos activamente en política y, en las bases partidarias, estamos comprometidas, al igual que los hombres. Sin embargo, a mayores niveles de jerarquía y poder de decisión, la presencia femenina se torna casi invisible. Durante la última década, en la mayoría de los partidos se han aprobado cuotas electorales de representación política para las mujeres en las elecciones internas. Por supuesto que esta acción no fue gratis ni tampoco parte de la reflexión masculina; se debió a una lucha permanente de parte de las mujeres militantes destinada a disminuir las desigualdades y la discriminación de las que somos objeto desde tiempos inmemoriales. En la arena política, aunque las condiciones de participación pueden parecer similares entre las mujeres y los hombres, el camino de ellos es ciertamente más despejado que el nuestro. Hay diferentes investigaciones que han identificado situaciones problemáticas que enfrentan las mujeres que están en los partidos, como la falta de conocimiento sobre la estructura informal del poder; la exposición pública a la crítica; el hecho de que las mujeres en cargos públicos o en actividades políticas se convierten en símbolo de todo su sexo y, si cometen un error, se dice que son "las mujeres" quienes no sirven. En general, carecen de aliados en sus organizaciones políticas y son excluidas de la red formal, porque las decisiones, negociaciones y acuerdos se toman entre los hombres, que comparten espacios, intereses, gustos, aficiones y amistades. Otro aspecto es que a las mujeres se les respeta menos, sus actividades y opiniones suelen ser poco consideradas; y, por supuesto, están los conflictos que desencadenan los diferentes papeles que deben cumplir, como mujer y como política. Las consecuencias se ven reflejadas si se cuentan las militantes que están en las direcciones nacionales de sus partidos o en cargos de representación popular, ya sea en alcaldías (12,1%), concejalías (17,4%), Cámara de Diputados (12,5%) o Senado (5%). La dirigencia masculina de los partidos manifiesta que a las mujeres no se les discrimina en sus partidos y justifican nuestra ausencia de los puestos de alta jerarquía o las candidaturas a elecciones populares con argumentos tales como "las oportunidades están ahí, pero las mujeres no se interesan"; "nos cuesta encontrar mujeres capacitadas"; "ellas dicen que no tienen tiempo", en fin, el rosario de pretextos escuchados una y otra vez. No debemos olvidar que también en los partidos políticos se da una división sexual del trabajo, al igual que en la toma de decisiones, y que a pesar de que las mujeres nos integremos a la política, no por eso lograremos compartir el poder, que es el privilegio masculino. En los partidos aún se mantiene vigente una cultura política y códigos de conducta patriarcal que discriminan a las mujeres: al desarrollarse en horarios que son incompatibles con la vida familiar, por los mecanismos de competencia que instalan, por los mismos prejuicios sociales que han construido sobre ellas. El sistema político democrático no puede desarrollarse sin la presencia política de las mujeres. En Chile, la ciudadanía eligió a una mujer como Presidenta de la República y evalúa en términos positivos la paridad de género al interior del gabinete presidencial. Frente a ello, los partidos políticos que no admitan la representación femenina perderán credibilidad, serán partidos incompletos y se estarán restando a la mitad de la población de contribuir con su visión en el desarrollo sostenible de la nación. Hombres y mujeres militantes debemos empaparnos del proyecto paritario como una profundización necesaria de la democracia. Para que esto se haga efectivo se requiere el apoyo de todas las instituciones políticas (voluntad política) para fomentar la participación política de las mujeres y, de esta forma, romper las barreras que se mantienen al interior de nuestros partidos. El desafío ha sido instalado por la ciudadanía y es hora de que quienes tienen el poder de decidir las candidaturas para las elecciones municipales de 2008 recuerden que los partidos políticos son construidos por hombres y mujeres. | ||






No creo que sea importante el cuoteo por sexo, ser hombre o ser mujer no nos hace mejores; los cargos municipales deben estar en manos de los mejores, independiente de su sexo, no pretendamos establecer una igualdad en las alcaldías en virtud del género, eso podría negar buenos aportes a la comunidad poor ejemplo hombres valiosos con potencial, inteligencia, visión y nobles intenciones que son sacados para mantener el equilibrio, lo mismo para nosotras las mujeres. Si hubieran más varones en los cargos pero son los mejores bien, ahora si fueran mayoría las mujeres excelente pero lo importante es que sean los más capacitados e involucrados con la comunidad.
Qué mejor ejemplo que Alvear, la DC trató de perfilarse con una figura femenina (para competir a Bachelet y la izquierda?) y mire ahora la embarradita y desorden en el PDC, a pesar que no me gusta Zaldivar, la DC obtuvo los mejores resultados cuando él fue su presidente del partido.
No establecer una división artificial, me dá lo mismo si tengo un alcalde o alcaldesa, lo relevante es su gestión. El poder que recaiga en los más preparados para los desafíos comunales y que sepamos elegir bien.
Atentamente
Gabriela
...no tiene razones valederas.
Es otra forma de discriminación. Podría llamarse positiva, pero discriminación al fin y al cabo.
Las personas, sin diferencia de género, deben ganarse su espacio por capacidad, por constancia, por eficiencia y quizás si hasta por paciencia.
Las mujeres están ganando espacios por sus méritos personales no por su género.
Prefiero una persona capacitada a una cuoteada.
Nuestra diferencia física y sexual no altera para nada nuestra similitud intelectual.
La incapacidad democrática de los partidos no pasa sólo por la segregación sexual, pasa por la incapacidad de admitir la capacidad de los demás.
¿No te parece extraño que los rostros políticos en cargos relevantes sean los mismos desde 1973?
Saludos.