ramon sotomayor

El fraude de las pulseras magnéticas

 ¿Qué se necesita para engañar a la gente?

 Todo charlatán sabe y conoce la forma de hacerlo. El asunto es: ¿qué pasa cuando la empresa privada regulada por la ley de abusos de publicidad entra al negocio de lo sobrenatural  para lucrar con la credulidad y la ignorancia de las personas, como en el caso de las pulseras magnéticas?

 Una mega campaña comercial de la estupidez y la estafa, donde los señores empresarios generan alianzas para promocionar un buen cuento  para atrapar  a todos aquellos consumidores desprevenidos, hasta que el Sernac interviene y les echa abajo el tinglado.

Y  al revés, qué pasa cuando esta empresa privada no vende ya  objetos específicos con poderes sobrenaturales sino que vende directamente  estos poderes, y se autodenomina entonces  religión?

Es de hecho una empresa comercial (por más que diga que no tiene fines de lucro) que vende conexión con la divinidad, ayuda, protección y  asistencia divinas, perdón de los pecados, vida eterna, todos productos sobrenaturales.  Y bien mirado,  su conducta no se diferencia en nada de la que vende pulseras, y que ha sido intervenida recientemente  por el Sernac.

Atribuir poderes sobrenaturales a un objeto no es de ninguna manera distinto de atribuirse los miembros de una  empresa  poderes sobrenaturales de conexión o de  intermediación con la divinidad,

No hay diferencia entre estos tipos de negocios sobrenaturales.

Parece sí  que la palabra religión otorga inmunidad para engañar impunemente, sin el control de la sociedad ni del estado.

Una palabra milagrosa.

Da la impresión que sí?

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