El Financial Times publicaba los resultados de un estudio de la Universidad de Stanford; el 50% de las 1.000 mayores compañías del mundo desaparecen cada 10 años. La vida no se les da fácil a las empresas en este mundo al parecer, pero al mismo tiempo vemos el contraste con lo que nos cuenta Evan Epstein sobre el e-mail de un amigo contándole que había tomado la decisión de dejar un puesto muy bueno en su empresa - un start-up muy prometedor y con mucho capital invertido - para fundar un nuevo start-up. Este emprendedor - de tan solo 26 años y con un pergamino muy “Silicon Valley” - ingeniero titulado dentro de los primeros lugares de su generación en Stanford, ex Yahoo! (y que según me contaba ‘casi millonario’ de haber aceptado una oferta de Google en 2003 pre-IPO). ¿Por qué mueren las empresas? ¿Qué muere cuando muere una empresa?, o ¿cómo debieran ser?
Para no entramparnos más, según nuestro querido Wikipedia, una empresa es la unidad económica básica encargada de satisfacer las necesidades del mercado mediante la utilización de recursos materiales y humanos. Se encarga, por tanto, de la organización de los factores de producción, capital y trabajo.
Las empresas mueren cuando sus costos superan larga, sostenida e irremontablemente sus ingresos. Para ser precisos, cuando las personas que trabajan en ella y en particular las que la dirijen no saben qué hacer y cuando sus accionistas no están dispuestos o ya no pueden invertir. Más concreto aún, mueren cuando quienes trabajan en ella no saben como producir el bien o servicio a costos menores que el precio, o, insisto, cuando quienes trabajan en ella no saben qué (y cómo) ofrecer a los clientes a precios atractivos. Capital, trabajo, insumos.
Pero qué muere cuando muere la empresa?. Si la diseccionamos, vemos que la empresa es varias cosas al mismo tiempo: los dueños, el capital, la marca, los clientes, su cultura, la gente, los activos, la reputación, el lugar en el mercado, las instalaciones, su historia, su conocimiento acumulado, patentes, etc. En un sentido estricto, muere cuando deja de funcionar. Pero de los elementos mencionados, son muchos los que siguen con vida. La mayoría de hecho. ¿Mueren entonces? Relativo.
Si como observadores, experimientadores e insumo de las empresas nos ponemos dentro del fenómeno vida y muerte de estas, son otras las respuestas que aparecen. Respuestas que nos sirven más además.
Habría una tendencia a separar las grandes empresas de las pymes, pero la verdad no creo que aplique. Lo que debiera ocurrir al formar una empresa, participar de ella como nuevo socio o un anónimo colaborador, o tener que cerrarla, es que muera la actividad productiva y/o comercial, pero no el corazón de la empresa. El corazón es la marca, el sueño, compromiso y la cultura encarnada al menos por sus dueños. Con eso resguardado, una empresa puede enfrentar la vida misma con todos sus cambios, adaptarse, tener (y no sufrir) grandes cambios y considerar que sobrevivió. Puede cambiar su producto, puede dejar de hacerlo, puede dedicarse a otra cosa, y seguir viviendo. Su corazón vive.
También es claro que hay "infartos" peores, en los cuáles una cirigía mayor la obligue a cambiar su marca, o una parte de sus dueños emigre. En este escenario, puede que se formen dos grupos, y nuevamente mirado desde la óptica de la vida y la muerte desde dentro del fenómeno, cada uno lleva un gen emprendedor-emprearial que ahora puede actualizar en otro camino. Pero la empresa no muere.
Podríamos armar arboles genealógicos de empresas y veríamos que se va reproduciendo una familia.
Ahora, picando fino en el corazón, creo que no está fácil la pega de hilar fino respecto de cuál de los cuatro componentes que mencioné es más importante: la marca, el sueño, el compromiso y la cultura, son motor y pegamento de la empresa. La marca, dependiendo de su valor, podría creerse que es prescindible, pero basta con oensar qué ocurriría si la Coca - Cola pasa a llamarse distinto para volver a considerarlo importante.
Seguiré en otro post con más cardiología corporativa.



















y las empresas familiares....
Querido Francisco,
También están el mundo de las empresas familiares, que co-existen con los factores que nombras, como otros de la índole del linaje, herencias de estilo. Donde lo corporativo, muchas veces, opera en la lógica del estilo del patriarca que ha fundado la empresa, bajo un apeliido que trasciende generaciones. Donde la marca se origina en prácticas simples como la de la palabra, la sencillez, la confianza, que apelan a un mundo distinto al actual. Y están las nuevas generaciones, hijos, nietos, que traen un cuento efectista, pero no por eso de mayor éxito porque se han formado en un mundo más protegido, el que ha heredado el patriarca, de las buenas costumbres comerciales e intelectuales con el producto que se venda y la relación entre sus clientes; pero están los casos donde lo corporativo se complementa,pero se debe hacer atención, en no cambiar lo simple que en tiempos precedentes fundo el espirítu, y no dejar de crecer con la confianza y la forma de interpretación de ella, por parte de los clientes.
Las empresa deben de vender y tener clientes, pero en una empresa familiar o de clan, una empresa, es siempre, o va más allá, de una transación de producto o servicio, porque es parte de la historia personal de los miembros, que esta ahí dentro. Entonces es una exposicón distinta y un compromiso mayor, ante tus socios sanguíneos y el interactuar con los ejecutivos que no son familia, dentro de un clan con códigos paternales, maternos.
Para mí, las empresa familiares son una joya en el mundo, para la calidad de los mensajes, y el asentamiento de una sociedad más generosa y cercana a la belleza. En mi propia experiencia ha sido un desafío, una constante pregunta, una motivación contradictoria a veces, pero una responsabilidad que le ha dado sentido a la acción de trascender, en mi vida; y me ha hecho tener una discicplina, desde la cual he podido emprender caminos paalelos, o complementarios a mi clan.
un abrazo,
Macarena
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Macarena Carroza
Claro y agradecido
Claro que son importantes y observables en su particularidad. En mi blog he escrito un poco de ellas, y de hecho me hicieron una entrevista a propósito en la revista electrónica City. Te agradezco eso sí, que las hayas alumbrado desde su especial potencia y riqueza, cosa que yo no he hecho. Inundado por los casos malos que he visto en general, he dejado de lado mirarlas desde tu óptica que por cierto también aprecio y rescato.
La potencia de sus culturas, su líbido empresarial por compromisos trascendentes, estilo basado en valores, la tradición, el compromiso con comunidades o sus trabajadores, etc. Las empresas familiares sin duda que son una institución que seguir cultivando, me parece que en el desafío de servir de una manera más potente al desarrollo de los países, con responsabilidad con sus trabajadores. Los intereses de la familia, muchas veces se superponen a los del negocio, y con ello el esfuerzo de los trabajadores y la satisfacción de los clientes.
Gracias Maca por este alumbramiento constructivo que a mi muchas veces me cuesta.
Un abrazo,
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Pancho Cerda
www.franciscocerda.cl