Una Semilla Flor
Me descubrí observando casi
Perturbado, de ser niño otra vez
Estupefacto, riendo como
El payaso, que ríe en el espejo,
Que ríe de si mismo como recurrencia.
Era un embarazo, sangre de sus huesos
Huesos blandos, músculos débiles
Pulmones empapados, líquidos
Era el milagro, claro espejo
¡Era la vida!, me ponía de rodillas.
Pero ella aún no lo veía, era miedo
Lo que sus ojos reflejaban ayer
El temor de una noche lluviosa,
De platos rotos, gritos con furia
De una soledad fría de cariño.
Mas, el corazón palpitó fuerte
Bombeando sangre, tierra, sal, agua
Y él pateó suave, como toro
Que roza el manto del verdugo.
Pero luego algo ocurrió
Y él respiró, y de sus senos
Obtuvo el ámbar y el fuego,
Endureció sus huesos, se nutrió,
Fortaleció sus músculos, gimió.
Hasta que un día, uno de agosto
El niño, y ahora el hombre,
La miró a los ojos y le habló
De sus alegrías y sus amores
De sus llantos ocultos en las noches.
Y ella pudo cruzar el espejo
Y se descubrió eterna, como
Las flores del desierto en espera.





