Consumo actual y concepción naturalista de las necesidades
Las aceleradas transformaciones de la sociedad en las últimas décadas han evidenciado cambios importantes en la manera en que los ciudadanos se han venido relacionando con los productos culturales. La sociedad, en su conjunto, ya no es vista como una globalidad, sino que la atención se ha ido centrando en cada uno de los individuos que la componen. Tras esta nueva realidad -gobernada por las lógicas del mercado- acaece un fenómeno que no ha sido del todo problematizado: el consumo.
Diremos que el consumo es un tipo de relación social que se desplaza en diversas direcciones y que no responde, en absoluto, a fijaciones de ninguna clase. Es por ello que algunos autores plantean la necesidad de una mirada transdisciplinaria para el estudio y comprensión de dicho fenómeno. Para el sociólogo argentino Néstor García Canclini, esto se debe a que las conclusiones de las investigaciones que se han realizado “se limitan a la disciplina en que se generan”<!--[if !supportFootnotes]-->, pero esta desconexión entre las distintas miradas de las relaciones sociales en torno al consumo no sólo se debe a la compartimentación de las áreas que lo estudian, sino también a la fragmentación de las conductas. “La gente consume en escenarios de diferentes escalas y con lógicas distintas, desde la tienda de la esquina y el mercado barrial hasta los macrocentros comerciales y la televisión. Sin embargo, como las intersecciones multitudinarias y anónimas se hallan entrelazadas con las interacciones pequeñas y personales, se vuelve necesario pensarlas en relación”.
Este escenario ha superado la concepción naturalista de las necesidades y la visión instrumentalista de los bienes. Se vuelve evidente la simpleza de esta noción en tanto define el consumo como la relación que se establece entre un conjunto de bienes creados para satisfacer un paquete de necesidades, como una relación estímulo-respuesta. Para García Canclini no existe correspondencia mecánica o natural entre necesidades y objetos supuestamente diseñados y producidos para satisfacerlas.
En palabras de Guillermo Sunkel, García Canclini descarta la definición conductista del consumo, es decir, “aquella donde éste queda reducido a una simple relación entre necesidades y los bienes creados para satisfacerlas”. Descartar la definición conductista del consumo supone re-plantearse para superar dos elementos que sustentan esta definición. Primero, la concepción naturalista de las necesidades, lo que implica el reconocimiento de que éstas son construidas y determinadas socialmente y que incluso las necesidades biológicas más elementales se satisfacen, en las diversas culturas, de manera diferente y en distintos momentos históricos; Y segundo, la concepción instrumentalista de los bienes, es decir, aquella que supone que los bienes tienen sólo un valor de uso para satisfacer necesidades concretas.
Para el autor de ‘consumidores y ciudadanos’, “lo que llamamos necesidades -aun las de mayor base biológica- surgen en sus diversas ‘presentaciones’ culturales como resultado de la interiorización de determinaciones de la sociedad y de la elaboración psicosocial de los deseos”<!--[if !supportFootnotes]-->y prosigue :“el carácter construido de las necesidades se vuelve evidente cuando advertimos cómo se convirtieron en objetivos de uso normal bienes que hace treinta o cuarenta años no existían: ¿cómo podían vivir nuestros padres sin televisor, refrigerador, ni lavadora? Luego, hay que cuestionar el correlato de la noción naturalista de necesidad, que es la concepción instrumentalista de los bienes”<!--[if !supportFootnotes]--><!--[endif]-->
La producción simbólica de nuevas distinciones que han sido monopolizadas por una nueva élite<!--[if !supportFootnotes]--> de raigambre liberal, hacen patente el hecho que tanto el proceso globalizatorio como los ajustes estructurales de las décadas de los
En poco tiempo, las lógicas del consumo ciudadano se han resignificado de modo tal que las prácticas culturales propias de un determinado tiempo se han visto desprovistas de valor, transfiriendo dicha valoración a nuevas prácticas culturales que, a su vez, darán lugar –también en poco tiempo- a otras nuevas formas de significar el proceso de adquisición de bienes.
Lo que Canclini hace en este sentido, es examinar los distintos modelos que se han utilizado para explicar la idea de consumo, como aquellos que lo definen como un lugar donde las clases y los grupos compiten por la apropiación del producto social; o como lugar de diferenciación social y de distinción simbólica entre sectores sociales; o como sistema de integración (o desintegración) y comunicación; o como proceso de objetivación de deseos; o como proceso ritual. Si bien cada uno de ellos es necesario para explicar aspectos del consumo, ninguno de ellos es autosuficiente.
El punto de partida del análisis de las dimensiones del consumo actual será la definición que instala Canclini entendiendo “el consumo como el conjunto de procesos socioculturales en que se realizan la apropiación y los usos de los productos”<!--[if !supportFootnotes]-->. Esta definición supera ampliamente la concepción naturalista de las necesidades en tanto este lugar del consumo como parte del ciclo de producción y circulación de los bienes permite hacer visible aspectos más complejos que los encerrados en la ‘compulsión consumista’.
Un primer modelo sería el consumo como lugar de la reproducción de la fuerza de trabajo y expansión del capital. En esta perspectiva “las ‘necesidades’ de los trabajadores, su comida, su descanso, los horarios de tiempo libre y las maneras de consumir en ellos, están organizados según la estrategia mercantil de los grupos hegemónicos”<!--[if !supportFootnotes]--> Dirá Canclini que “el mercado reorganiza la producción y el consumo para obtener mayores ganancias”<!--[if !supportFootnotes]-->, así el consumo no sería tanto una necesidad de los ciudadanos sino más bien lo sería del sistema productivo, que se encargará de crear necesidades para beneficio propio. Así, la tendencia expansiva del capital será la que explique la incitación publicitaria a consumir determinados productos, así como el hecho de que cada tanto se los declare obsoletos y se los reemplace por otros. En resumen, lo que sostiene Canclini es que todas las prácticas de consumo pueden entenderse, en parte, como medios para renovar la fuerza laboral de los trabajadores y ampliar las ganancias de los productores.
Otra mirada fundamental sería aquella que sitúa al consumo en una dimensión socioeconómica. En estas coordenadas, el consumo sería un espacio de competencia y litigio entre los sectores o grupos sociales por la apropiación de los productos culturales. Este giro de la mirada sirve para rectificar el enfoque unidireccional expuesto en el modelo anterior. “De ver al consumo como un canal de imposiciones verticales pasamos a considerarlo un escenario de disputas por aquello que la sociedad produce y por las maneras de usarlo”<!--[if !supportFootnotes]--> Reconocer este carácter interactivo del consumo y su importancia en la vida cotidiana ha contribuido a que los movimientos políticos no se queden sólo en las luchas laborales e incorporen demandas referidas a la apropiación de los bienes.
En definitiva, cuando una persona selecciona los bienes y se apropia de ellos, lo que hace es definir lo que considera valioso, las maneras en que se integra o se distingue de la sociedad. De este proceso de apropiación emerge una nueva relación entre la persona y el producto cultural, una significación propia, particular y no natural, un flujo de significados que muta dependiendo de la relación de sentido y valor que le adosa la persona que lo consume.
Se comprende entonces que la concepción naturalista queda rebasada pues no enfrenta –y elude-las problematicas que supone el consumo actual, en tanto, proceso sociocultural de apropiación y significación que emerge y se desvanece constantemente apareciendo con otras formas, usos, significaciones y valores, en tiempos distintos, configurándose como una relación social inaprensible históricamente.
Nota: Si alguien se interesa por la bibliografía y las referencias me las puede solicitar por interno
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