Siempre he sospechado de los talleres motivacionales. Los sitúo al mismo nivel de incredulidad que me despiertan los vendedores de Amway, Herbalife, o bien cualquier otra persona que se vea sobreactuadamente contenta haciendo su trabajo. He ido a un sólo taller de esos, y porque me obligaron;
Día: Martes 6 de Julio de 2004 Lugar: Edificio Corporativo de ING Seguros. Oficina 302.Ambiente: Cincuenta sillas de tapa dura y respaldo corto (el paraíso de cualquier lumbociática).
8:50 AM.Llegué diez minutos antes, y cómo no, ya habían llegado casi todos. Eran una treintena de colegas. Estaban agrupados alrededor de las sillas en pequeñas manadas de tres a cuatro personas. Unos pocos se contaban chistes y se reían. Yo me preparé un café y me quedé solo de pie junto a la máquina ya que no conocía a nadie. Estoy consciente que esas actitudes no ayudan al desarrollo de mi carrera profesional, pero de verdad me cuesta hablar con desconocidos.
8:59 AM.Llega el monitor del taller motivacional. Mide un metro cincuenta y pesa unos doscientos kilos. Se presentó frente a todos y nos dijo que antes de continuar debíamos comer algo "para tener más energía"(sic). Aplaudió dos veces muy fuerte con las manos y entraron dos carros con leche, fruta, canapés y galletas que no estaban nada de mal. Acá hay gato encerrado, pensé. La verdad, ya antes de comenzar, venía prejuiciado respecto a esto de los talleres motivacionales. En todo caso, la experiencia se ajustó bastante bien a lo que tenía previsto, pero aún así, y aún hoy, como ya dije, hay algo perverso y recursivo en este tipo de actividades colectivas que no logro resolver del todo.
9: 24.
Luego de comer el monitor nos ordenó sentarnos y se paró frente de todos y hablo una media hora sobre cosas del tipo Quién se llevo mi queso e Inteligencia emocional en la empresa. Una de las frases que anoté y que me quedaron dando vuelta por mucho tiempo fue; "la diferencia entre el hombre y los animales es que nosotros tenemos sueños y ellos no", lo que me pareció una falta de respeto para con los animales. Me molesta de sobre manera que se utilicen a individuos que no pueden defenderse, en esta caso los animales, para hacer estas estúpidas comparaciones. Por lo demás los animales tiene bastantes cosas que enseñarnos y nosotros debiéramos aprender de ellos. Por ejemplo; el león africano macho es alimentado con la caza que realizan las hembras de su harem y se aparea veinte veces por día. En fin, luego de proclamar esta dudosa hipótesis de superioridad con el mayor de los descaros, el monitor comenzó a preguntar uno por uno a los asistentes sobre sus "sueños" gritando a todo pulmón y apuntando con el dedo "¡¡¡Y TÚ, CUÁL ES TU SUEÑO!!! El corazón se me arroba en compasión cuando recuerdo a la primera persona que le tocó responder CUAL ES TU SUEÑO esa mañana;- ¡¡¡TÚ, DINOS, CUÁL ES TU SUEÑO!!!
Era una pobre mujer que con tremendo grito se quedó de una pieza. Quizá estuvo cerca del desmayo.
- ¡¡¡SÍ, A TI TE HABLO, CUÁL ES TU SUEÑO!!! Ahora estaba seguro, la pobre se iba a desmayar.- ¡¡¡PERO QUE PASA, VAMOS, CUENTANOS SOBRE TUS SUEÑOS!!!
Dos tipos que estaban junto a la mujer comenzaron a alejarse lentamente para no estar cerca cuando empezaran las convulsiones.- ¡¡¡VAMOS, PARECE QUE TE COMIERON LA LENGUA LOS RATONES, DINOS, CUAL ES TU SUEÑO!!!
El tipo ya se estaba molestando un poco. Por mi parte, y creo que junto con todos los que estábamos ahí, estábamos aplicando toda nuestra fuerza mental para que la mujer lograse superar su catatónico estado y separara su maxilar inferior del superior, dilatara la laringe y apretando el diafragma lograra resoplar, musitar, o susurrar lo que sea. Y ocurrió. Separó sus labios y dijo; - Quiero… tener… una… linda… familia.Realmente todo era muy estúpido. Eso de estar ahí teniendo que discutir intimidades con un tipo hiperventilado que no conoces era realmente muy estúpido. Y para terminar esa increíble charla de hora y media, terminamos con una clase de “gimnasia” parecida a estas jornadas de ejercicio proletario sincronizado que he visto hacen en la república de Corea del Norte para celebrar el día nacional.
El monitor comenzó entonces a estirar los brazos por sobre su cabeza. La idea era que le siguiéramos. Tímidamente comenzamos a levantar los brazos. Luego tratamos de tocarnos los pies con la punta de los dedos y las piernas estiradas. Nadie llegaba más allá de las rodillas. La verdad, todos ahí éramos la prueba viviente de la inexistencia e inutilidad de los programas de educación física que implementa un sistema educacional municipalizado.
Mientras me movía escuchaba los chirridos de mis articulaciones atrofiadas. Al resto le crujían la espalda y las piernas. Me imaginaba que en algún momento a alguien se le partiría el fémur y este saldría con fractura expuesta a través de la pierna, o bien se rompería por ahí una costilla con desgarro de pulmón incluido. Estábamos siendo llevados al límite de nuestras capacidades. Era como aplastar la chatarra de un cementerio de automóviles. Si bien el monitor era mórbidamente obeso, al lado de nosotros se movía como Mikhail Baryshnikov. Luego comenzó a mover la cintura en círculos como cuando bailas ula-ula mientras repetía "e-lon-gue-mos nues-tro-cuer-po pa-ra es-tar más sa-nos". En eso nos quedamos un buen rato. Estábamos reconociendo nuestro cuerpo. Era una sensación agradable. Mis articulaciones seguían crujiendo. Veía como el resto se movía. En realidad, el cuerpo humano es una máquina increíble, dejémonos de cuentos. En los documentales de animales siempre dicen que no somos los especimenes más rápidos ni los que tenemos mejor vista, ni mejor olfato, y claro, al lado de un chita corriendo a 180 kph o si nos comparamos con un águila picando al vacío parecemos un atado de carne y huesos buenos para nada, pero junto con el lobo, somos los mamíferos con mayor capacidad de marcha. Un humano entrenado podría eventualmente caminar treinta kilómetros diarios por la estepa alimentándose día por media. Que pena que nuestras hermosas estructuras se desperdicien sentadas todo el día. Entonces, mientras me movía y elongaba veía de reojo al resto de mis compañeros y compañeras en la sala y la verdad, a pesar de lo jóvenes que eramos algunos y debido a las toneladas de micropartículas aspiradas provenientes del sempiterno smog y más la falta de entrenamiento, nos veíamos realmente espectrales, fantasmales, como si hubieramos recién salido de una tabla ouija. La sangre debía estar abriéndose camino con mucha dificultad por entre nuestras arterias. Para que cobráramos vida lo que necesitabamos en realidad no era una pequeña sesión de ejercicios de una charla motivacional, sino que pasarnos una buena temporada en una sala de emergencias para que nos desfibrilaran el corazón a punta de golpes eléctricos.
Y eso fue, más o menos, lo que vi e hice aquel día aciago. En definitiva, motivado así como quien dice "enfermo de motivado" no quedé, pero al menos, y esto lo agradezco, desde entonces, además de quedar con una crónica molestia en la rodilla, me propuse dejar de fumar y me juro y rejuro cada 1° de Enero que este año sí que voy a comenzar a hacer deporte.
Feliz año nuevo para todos.
Para Chilevisión Noticias, Max Barata, entomólogo free lance.


















ExCelente!! Max barata
Está relatado de una forma que no puede dejar de leerse una vez comenzado.
Y como expresa todos los sentimientos y pensamientos que nos inundan cuando estamos en los famosos Cursos, Jornadas o Capacitaciones.!!!
Me sentí interpretada, pero mas que todo divertida con la sonajera de huesos durante las flexiones.
Un gusto leerte Max