Pensamiento y palabras
El otro día, mientras atendía unos sucios pero ineludibles asuntos, pensaba en lo complicado que me es dar forma de palabras a ideas fugaces; articular en un texto, y de manera que me sea satisfactoria, una traducción al mundo tangible y compartible de las letras, la intangibilidad de un pensamiento. Es tal la sutileza de las sensaciones que nos comunican los pensamientos, y es tan rápida su aparición y desaparición, tan constante su mutación, en general tan inaprehensible su naturaleza, que cualquier término que se me pueda ocurrir para encapsular y transmitir de alguna manera el espíritu de la noción que en su momento deambule mi consciencia, me parece muchas veces insuficiente. En raras ocasiones he logrado decir de algo que yo haya escrito: “esto refleja precisamente lo que estaba en mi mente”. Sin embargo, múltiples han sido las veces en que al leer lo que otros han escrito o dicho, principalmente aquellos tantos que son generalmente considerados grandes, logro recibir e impregnarme más que de palabras, de sensaciones, de ideas, de emociones, y hasta de sentimientos. Creo que cuando la obra de alguien de culturas tan distantes y extrañas para mí como son la India, China, Rusa, Británica, Estadounidense, etc., logra manifestar algo que me es completamente cercano y entendible, posible de identificarse con ello, y significativo para mi existencia en cuanto a similitudes formales con la propia experiencia, y también similitudes de fondo en cuanto a la idea que tras las palabras anima y orquesta el mensaje; con justa razón merece tal obra ser llamada un universal.
Al tratar de superar la rigidez de la denotación en los conceptos que usualmente uso para comunicarme, para lograr transmitir aunque sea en una pequeñísima medida, la variedad de matices y sutilezas y novedades y extrañezas que pueden ser parte de un concepto, bueno sería empaparse un poco del alma del poeta, cualquiera que éste sea, en cuanto su poesía sea verdadera. Es quizá gracias a la cualidad de connotación, además de la sujeción a la interpretación a la que cada obra poética está expuesta, la que permite en gran cantidad de ocasiones dar al receptor del mensaje el esqueleto de una idea, esqueleto al cual su propia mente, enriquecida por sus experiencias, pensamientos, creencias, actitudes, etc., le agrega las formas de carne que mejor sirvan al propósito de crear una comprensión e interpretación significativa.






leyendo lo que acababa de escribir, surgió la pregunta: si traducir a palabras los pensamientos me es tan difícil (y de seguro a muchos también les debe ser), entonces las cosas que decimos-escribimos muchas veces son verbórrea que no necesariamente refeja lo que de verdad querríamos decir... como si muchas veces nos conformáramos con algo "como" lo que realmente tenemos en mente, o con mucha suerte con algo "parecido" a lo que nuestra intención inicial quería comunicar
pues aunque fueses un genio de la expresión no lograrías transmitir con precisión lo que en tu cerebro se genera pues para ello necesitas ser escuchado por gente que te entienda y aquí en Atina Chile esa gente no sobra. :) Ja Ja Ja
Saludos Cordiales
Tomás Nomás
p.d. Decidí cambiar de look por un día. :)
El horizonte de por si es amplio, sin límites, salvo para nuestra percepción.