La Iglesia tiene en su haber el poder de Dios
y lo usa a mansalva para atemorizar a los ignorantes y también, porqué no, para hacerlos sentir más ignorantes frente a los misterios de la vida y la existencia.
Pero el mundo tiene a su haber el poder de la verdad y mito a mito, mentira a mentira, engaño a engaño irán cayendo por su propio peso, desahaciéndose cada una en su inconsistencia, desapareciendo como arena, como polvo, hasta no quedar ni el recuerdo de tanta falsedad que construyeron.
Como por ejemplo, el gesto predilecto de arrodillarse frente el altar frente a la Biblia, como si estuvieran frente a Dios, y con gran respeto exclamar: Palabra de Dios.
Con tanta genuflexión la han promovido como un objeto sagrado, cuando todos saben cómo fue escrita.
Nos engañaron por dos mil años, a quién más quieren engañar?






o de objetos a los que se atribuyen poderes sobrenaturales es un fraude.
Así falló la justicia en el caso de las pulseras mágicas.
La venta de gestiones sobrenaturales, como la de perdonar pecados y de transformar a las personas naturales en hijos de Dios, o la de ser intermediario directo en la comunicación con la divinidad no tiene diferencia con el caso anterior: en uno son los objetos que tienen poderes mágicos, en el segundo son personas que se atribuyen a si mismas esos poderes, por el solo hecho de pertenecer a una determinada Institución, que la historia ha demostrado que no tiene nada de limpia.