Con permiso de los lectores, un homenaje a un gran amigo...Juan Zepeda (Q.E.P.D.)

Johnny:
Hay cosas que se encuentran sólo una vez. Aunque me dirán que todo es único.
Pero la vida enseña.
Enseña que hay cosas parecidas, que hay estereotipos, que existen maneras comunes, que existen lugares comunes, pero en realidad todas y cada una de las cosas son distintas.
También las personas son diferentes, unas de las otras, auque sigan los mismos ejemplos, aunque comulguen con los mismos ideales.
Recuerdo tus palabras: “Ama, Perdona y Olvida. Hoy te lo dice un amigo, mañana te lo dirá la vida”.
Qué palabras más sabias… Recuerdo que yo reía con eso… Pero tú ya lo sabías todo…
… Y ahora la vida me habla. Me dice que el hombre camina como puede, bajo las estrellas. Y ahora sé que tú, entonces, ya caminabas entre ellas… Y también sé que el tiempo me llevará no sé a dónde, ni cuándo, ni para qué.
Los días pasan y separan. En tu tiempo no pasaban y unían. Unían voluntades, familia, amigos, verso y canto. Sí, también el canto… Canto a todo… A lo sublime y a lo absurdo. A lo insignificante y a lo trascendente. Todo, bajo tu mano de alquimista, se transmutaba a materia poética.
Decías que no olvidara al Amor. Que
Aún es lejano para mí el resplandor de los horizontes. Esos que tú percibías claramente todos los días. Esos que cada tarde mostrabas con tu dedo inquieto, mientras sonreías misteriosamente, encaramado en tu alfombra mágica. … Y hoy cosechas soles y luces…
Tu talento que cortaste voluntariamente, ya nos hacía ver lo que tú profetizaste. Tal como contaste, hoy se acrecientan los doctorados y los magíster que no sirven para nada a nuestra vida interior y doy pábulo a tu razón de ver a esa gente como pobres jinetes a horcajadas en tristes jamelgos hirsutos y torpes, de talentos desviados.
Cierta mañana escuché la entrevista de una conocida locutora, a una víctima de un evento telúrico, al preguntar qué sentía ella a la vista de una cercana muerte definitiva. - Sí, Andreíta. Me sacaste las palabras de la boca. La muerte en sí no es definitiva, pese a lo que sostengan los ecuménicos, sus secuaces y los suspicaces que abundan en sus historiografías. No lo es para ti, Juan, por ejemplo.
Una vez desde mi automóvil, te ví cruzar un día a bordo de tu destartalada motocicleta y el gesto de tu saludo hacia mí, quedó prendido en mi retina. Era el de un general triunfante, un orador aclamado, un poeta laureado, un sabio abrumado o un dictador complaciente.. Era todo eso, pero nada de eso…
Me pregunté: ¿Qué hacías con cada uno de tus numerosos hijos, cuando te pedían un juguete, por ejemplo? - No respondes. – Ya lo sé. – Dejabas de escudriñar los escasos artículos conseguidos, acerca de las sustancias coloidales para pulir los lentes de tu telescopio casero, bajar a otro nivel y fabricar un artilugio de madera y metal, movido por una corriente de agua. O bien bordar en la máquina de coser, ese abriguito de lana para la muñeca de plástico.
Pero, ¿ y la muerte, Johnny? - Dímelo, no como lo concibo yo o cualquiera. Sé que también estaba dentro de tu mundo lúdico, como un gesto más de acomodo contigo mismo y el universo. Así lo decías… De ninguna manera un término ni tampoco algo con un sentido definitivo. Me explicaste una vez que era sólo una coyuntura más, como aquella donde sostenías que el ser humano podría algún día vivir sin respirar el aire de nuestro planeta. Era sólo cuestión de tiempo…
Tengo claro que no vivías nuestro presente, sino pasabas a través de tus propias añoranzas, de un ser tal vez fortuito, futurista o quizás nunca creado. Una presencia sutil, monda y lironda, donde no encajan cualidades o miserias humanas. O quizás todas y ninguna. Tal vez sólo una figura adimensional, sublimada en nuestra telaraña de mitos y ritos, que se reía angélicamente de todo intento de enmarcarlo en nuestra horrible cotidianeidad.
Pero Johnny, tus sienes deshechas inician un culto nuevo……………
Roberto.


















Saludos
Saludos y suerte