donbaldomero

El Cocoliso y su Postre.

Eramos veinteañeros, trabajábamos por primera vez en una empresa metalmecánica en el área de ingeniería, recién egresados, el Fito y yo. Equipo multifacético; habían personas de más edad, de más antigüedad en la empresa, casados, profesionales, en fin…todo lo típico que podía uno encontrar en la fauna industrial de aquellos años.

El Cocoliso era un recomendado de alguien, que trabajaba en esa oficina de ingeniería y que, si tenía algún mérito, era ése precisamente, ser recomendado de alguien; porque méritos de tipo intelectual no tenía a pesar de que sí era buena persona. El Cocoliso no había sido de aquellos niños que, cuando su mamá se lo mostraba a su tía, ésta exclamaba: ¡pero que niñito más inteligente! no, el Cocoliso había sido de aquellos niños que, cuando su mamá se lo mostraba a su tía, ésta exclamaba: ¡por Dios, qué manera de crecer de este niñito! Era mente de pocas luces el Cocoliso, y nosotros no perdonábamos a las mentes de pocas luces, no lo queríamos.

Todos los días después de almuerzo, el personaje llegaba a la oficina con su postre en la mano para comérselo durante la tarde. Lo dejaba encima de su escritorio y partía al baño a lavarse los dientes; se entiende que todo esto lo hacía fuera de las horas de colación, total, los jefes estaban todos almorzando a esa hora. Era un rito, hasta que con el Fito se nos ocurrió romper con el rito. Un día en que el Cocoliso se fue al baño a lavarse sus dientes, el Fito me propuso comernos la fruta que esperaba dócil encima del escritorio. Dicho y hecho. Nos comimos la manzana a mordiscos entre los dos a vista y paciencia de todo el resto de los compañeros de oficina, dejamos la coronta encima del escritorio y apretamos cachete a la fábrica, a terreno, a trabajar. No supimos nada más. Al otro día de nuevo llegó el muchacho, con su fruta, y de nuevo la dejó encima mientras se iba a lavar sus dientes y de nuevo se la comimos dejándole los restos en reemplazo y de nuevo a apretar cachete a terreno. No me pregunten cuántos días estuvimos comiéndonos la fruta de encima del escritorio, dejándole los restos (cuescos de durazno, cáscaras de plátano, lo que fuera) en el lugar de la occisa fruta. Quedábamos con la trompa toda embadurnada, a esas alturas el objetivo no era comer fruta, era molestar, y el resto de la oficina se mataba de la risa. ¿Y el Coco no reaccionaba? preguntarán ustedes; sí, reaccionó y a partir de cierto día tomó la decisión de dejar la fruta dentro del cajón del escritorio…sin ponerle llave…¡flor de gil! ¡la mesma no más! dijo el huaso; repetíamos la rutina sacando la fruta desde dentro del escritorio y dejando los restos ahí mismo. A estas alturas, ya toda la fábrica se mataba de la risa porque se había corrido la bola. No me pregunten cuántos días estuvimos comiéndonos la fruta de adentro del escritorio, dejándole los restos (cuescos de durazno, cáscaras de plátano, lo que fuera) en el lugar de la occisa fruta. ¿Y el Coco no reaccionaba? preguntarán ustedes; sí, reaccionó y a partir de cierto día tomó la decisión de dejar la fruta dentro del cajón del escritorio…con llave…Hasta ahí no más llegaron, dirán ustedes…¡no señor! con un atornillador grande forzábamos la cerradura (oh maravilla de aquellos escritorios de metal que permitían ser violados sin dejar huellas) y repetíamos la rutina día tras día.

No estoy muy seguro de por qué dejamos de molestarlo, ¿sería que comenzaron a servirle mermelada de postre y se la comía en el casino? ¿sería porque el Coco nos paró el carro amenazándonos con acudir a las jefaturas (las cuales estaban todas enteradas de la locura que cometíamos)? ¿Sería porque una vez el jefe nos llamó la atención? ¿sería porque me confesé y el cura me dijo que era pecado y que no lo hiciera más? El hecho es que un día dejamos de molestarlo y, si te he visto, no me acuerdo. Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

donbaldomero.

P.S. CuandoelCocolisosemuerayestéenelcieloyocreoquenomevanadejarentrarnopormalo

sinoparaquenolomolestemás.

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Tikva
dijo :

¿ No sería que no le gustaba la fruta y le hacíais un favor ?

Saludos.

Tikva.

15/12/2010 a las 18:26
Tomás Nomás
dijo :

y nos contaba ríendose que en un anterior trabajo
un par de compañeros buenos para la chacota
le comían siempre el postre.

No solamente la fruta sino también el pan con manjar blanco y los queques y pasteles y todo lo que él llevaba para disfrutarlo después de su almuerzo.

Tuvo que soportarlos durante unos días hasta que aburrido de las burlas y risas del resto elaboró un plan una noche cualquiera.

El plan consistía en inyectar en la fruta una mezcla de su saliva y de su orina más un poquito de caquita de perro, sòlo un poquito para que por el mal olor no se dieran cuenta.

Y me contaba que justamente dejaba el cajón abierto para que ese par de amigos buenos para la chacota pensaran que él además de distraído era también tontito.

Y así pasaron las semanas hasta que notó que esos amigos habían perdido el interés en comerle sus postres y entonces con el fin de incentivarlos a que continuaran con la chacota comenzó a dejar los postres así preparados en el cajón de su escritorio pero cerrado con llave.

Dio buen resultado pues ese par de amigos que siempre se creyeron muy habilidosos abrían el cajón con la ayuda de un atornillador, un cuchillo, o una navaja.

No recordaba él cuánto duró todo ese cuento pero se acordaba muy bien de que un día el auxiliar de enfermería de esa empresa le contó que no entendía la razón por la que ese par de amigos olían a caquita de perro cada vez que les examinaba las amígdalas.

Saludos Cordiales

Tomás Nomás

15/12/2010 a las 22:21
Tomás Nomás
dijo :

debe haber sido otro Cocoliso pues le cuento que lo tuvimos que despedir por lo bueno que era para sacar la vuelta pues se lo llevaba parloteando contándole a los trabajadores de la linea de ensamblaje historias como aquella de los postres que le comían ese par de amigos tan bromistas. :)

En todo caso le cuento que historias como aquella que usted en su artículo cuenta son muy comunes especialmente en las fábricas grandes y en la construcción con mayor razón.

Yo conocí a un gordito que siempre le comían el pan con manjar blanco hasta que un día se aburrió y preparó un pan con grasa para rodamientos muy parecida al manjar blanco.

Hasta ahí nomás llegó el bromista. :)

Saludos Cordiales

  Tomás Nomás

 





16/12/2010 a las 0:51
MAFALDITA
dijo :

 

porque sus pololas ya no les aguantaban el mal aliento y estoy seguro que algo sospecharon de aquellos postres que le comían a su compañero de labores.

Saludos Cordiales

   Groucho Marx


15/12/2010 a las 22:30
MRPOROTIN
dijo :

que escupía su postre para que los cabros de la fábrica no se lo comieran.

Lo que él no sabía es que todos hacíamos lo mismo.

Escupíamos en su postre y cuando él volvía se lo comía.


 Saludos Cordiales

Condorito Machuca

 

16/12/2010 a las 1:19
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