La promesa del regreso a la casa Azul del oriente no logra contener la rabia y las lagrimas de los hermanos. Venimos del azul y volveremos al azul, repite Elicura Chihuailaf recordando las palabras de sus mayores. Mas, pareciera que a esta hora nada sirve para calmar el dolor. Nada seca la lágrimas que se derraman por un jóven mapuche muerto en un pastizal.
Sueño Azul
"La casa azul en que nací está situada en una colina
rodeada de hualles, un sauce, castaños nogales
un aromo primaveral en invierno —un sol con dulzor a miel de ulmos—
chilcos rodeados a su vez de picaflores
que no sabíamos si eran realidad o visión ¡tan efímeros!
En invierno sentimos caer los robles partidos por los rayos
En los atardeceres salimos, bajo la lluvia o los arreboles, a buscar las ovejas
(a veces tuvimos que llorar la muerte de alguna de ellas,navegando sobre las aguas)
Por las noches oímos los cantos,
cuentos y adivinanzas a orillas del fogón
respirando el aroma del pan horneado por mi abuela,
mi madre, o la tía María
mientras mi padre y mi abuelo
—Lonko de la comunidad—
observaban con atención y respeto
Hablo de la memoria de mi niñezy no de una sociedad idílica
Allí, me parece, aprendí lo que era la poesía
las grandezas de la vida cotidiana,pero sobre todo sus detalles..."
Elicura Chihuailaf
Inutilmente me pregunto si Matías Catrileo recordó la promesa del retorno a la casa Azul del oriente. Se que no tiene sentido preguntarlo, pero lo hago y no dejo de pensar en ello. ¿Hubo paz en él al momento de su muerte?...sigo rumeando la misma pregunta que me ha atormentado desde niño. Leo los poemas de Elicura y pienso en Matías sin dejar de pensar en la hora que me espera.
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..¡Respeto, porque son la gran raiz de nuestros orígenes!
Ojalá Insulza haga algo provechoso en su cargo, y escuche la voz de Aucán
Basta de permitir que extraños hagan lo que quieran en nuestras tierras.
(Olvidé incluir esto en las sugerencias, sobre lo que debe mejorar el Gobierno).
Saludos y condolencias a nuestros hermanos Mapuches. Su pena es nuestra pena.
He reiterado en este espacio que si bien es cierto se han producido avances en la construcción del camino hacia el diálogo entre los pueblos chileno y mapuche, este andar ha sido muy lento, fundamentalmente porque la sociedad chilena (¡para qué hablar del Estado!) en su mayoría sigue ignorando el contenido profundo de la cultura mapuche y –además– no ha tenido ni tiene gran interés en asumir –en todo lo que implica– la realidad verificada por científicos chilenos respecto de que el ochenta por ciento de los chilenos y chilenas tiene en sus genes la presencia mapuche. Eso sí, parece que son cada día más los que empiezan a reconocer dicha posibilidad en los otros / otras, pero rara, muy rara vez en sí mismos. Ha de ser por eso que una de las preguntas que se repite con creciente insistencia es: "¿Chile es un país racista?".
Pregunta que fue respondida hace ya décadas por chilenas y chilenos "adelantados / adelantadas" como Gabriela Mistral y Pablo Neruda, entre otros. Recordemos lo referido por Neruda –de su experiencia en el servicio consular– en su libro Confieso que he vivido: "El Ministerio me imponía que averiguara los orígenes raciales de las gentes, africanos, asiáticos o israelitas. Ninguno de estos grupos humanos podía entrar en mi patria.
La tontería alcanzaba a grados tan extremos que yo mismo fui víctima de ella cuando fundé, sin ninguna plata del fisco chileno, una revista primorosa. La titulé Araucanía y puse en la portada el retrato de una bella araucana, riéndose con todos sus dientes. Esto bastó para que el Ministerio de Relaciones de entonces me llamara severamente la atención por lo que estimaba un desacato. Y eso que el presidente de la república era don Pedro Aguirre Cerda, en cuyo simpático y noble rostro se veían todos los elementos de nuestro mestizaje.
Ya se sabe que los araucanos fueron aniquilados y, por fin, olvidados o vencidos, y la historia la escriben o los vencedores o los que disfrutaron de la victoria. Pero pocas razas hay sobre la tierra más dignas que la raza araucana. Alguna vez veremos universidades araucanas, libros impresos en araucano, y nos daremos cuenta de todo lo que hemos perdido en diafanidad, en pureza y en energía volcánica".
A dicha visión adelantada se han venido sumando diversos chilenos y chilenas como ahora María Teresa Larraín y Guido Brevis, quienes presentaron recientemente sus documentales "El Juicio de Pascual Pichun" y "Territorio de Fronteras". En ambos trabajos se hace un recorrido en torno a la historia de nuestro pueblo y se expone el origen del conflicto generado por el Estado y los terratenientes en nuestro territorio. El primero a través de la vivencia de la familia del Lonko Pascual Pichun (en el tiempo en que éste fue sometido a juicio y luego absuelto), y a través de diferentes personajes y momentos el segundo.
En "El juicio de Pascual Pichun" el Lonko resume en su Palabra toda la dignidad, el dolor y la angustia de nuestro pueblo, y la firme decisión de continuar la lucha en defensa de la Madre Tierra: "Estoy pagando un costo por mi propia pobreza y también por mi gente. Yo aquí estoy detenido, preso, no porque haya hecho cosas malas. Yo creo que daño no le he hecho a nadie... Es mi deber.
Dios me está escuchando hoy día: Yo daño no le he hecho a nadie. Porque somos mapuche, porque somos de colores diferentes, no sé quién..., será el Estado, serán los empresarios..., quieren mantenernos en la cárcel y no darnos una oportunidad para poder desarrollarnos.
Hoy nos tienen pobres, sin tierras, sin derecho de ninguna cosa, y especialmente yo por hablar, por decir que estoy pobre, me tienen preso".
En "Territorio de Fronteras" el senador Alejandro Navarro afirma que el Estado, con el pretexto de imponer "la tranquilidad y el orden", "hace ocupación militar de un territorio en el que hay tranquilidad y orden y es un lugar en el que además no hay delincuencia".
Un Anciano, Lonko, habla a los niños y jóvenes acerca de la sabiduría de los Lonko: "Nosotros también somos personas; venimos del cielo Azul", dice.
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Gracias Alvaro, me fui buscando el sueño azul