MAFALDITA

EL PAPA ANULA VISITA A «LA SAPIENZA»

EL PAPA ANULA VISITA A «LA SAPIENZA»

Para no dar pretexto a protestas «desagradables», Benedicto XVI no asistió a esa universidad romana.

            Benedicto XVI no visitará la Universidad «La Sapienza» de Roma para «quitar todo pretexto» a protestas «desagradables» que podrían tener lugar con ese motivo.  

            Lo explicó el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, en una carta que  envió al rector de la universidad, Renato Guarini, con la que le ha hecho llegar el texto del discurso que el Papa había preparado para su visita.

            En su mensaje al rector, el purpurado italiano recuerda que «el Santo Padre había acogido con mucho gusto la invitación» «para ofrecer una señal del afecto y de la alta estima que siente por esa ilustre institución, que surgió hace siglos por voluntad de su venerado predecesor», Bonifacio VIII (en 1303).

            «Dado que un grupo claramente minoritario de profesores y alumnos han acabado con las condiciones necesarias para una acogida digna y tranquila, se ha considerado oportuno aplazar la visita prevista para quitar todo pretexto a actos que  hubieran sido desagradables para todos», informa el cardenal.

            «Consciente, sin embargo, del deseo sincero de la gran mayoría de profesores y estudiantes de escuchar una palabra culturalmente significativa, de la cual sacar indicaciones estimulantes para su camino personal de búsqueda de la verdad, el Santo Padre ha indicado que se le envíe el texto que él había preparado personalmente con este motivo», indica Bertone.

            Adjuntando el discurso escrito, el secretario de Estado desea que los estudiantes y profesores «en él puedan encontrar elementos para una reflexión enriquecedora y para la profundización».

            Las protestas de estudiantes tuvieron lugar después de que se hiciera pública la carta de 67 profesores, entre los más de 4.000 de la universidad, dirigida al rector en la que pedían que revocara la visita del Papa.

            En la misiva decían que el Santo Padre negaba la libertad de investigación, citando un discurso pronunciado por el cardenal Joseph Ratzinger en 1990, en esa misma universidad, sobre la crisis de confianza en la ciencia en sí misma.

            En la conferencia Ratzinger citó esta frase incriminada por los profesores: «En la época de Galileo la Iglesia permaneció mucho más fiel a la razón que el mismo Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo».

            Los profesores, sin embargo, no explicaban en su carta que esa frase no era del cardenal Ratzinger, sino del filósofo de la Ciencia Paul Feyerabend. El purpurado alemán la citó únicamente para ilustrar la posición de la Iglesia sobre Galileo.

            Se trata de un caso análogo al de las protestas de musulmanes radicales después de que el Papa citara una frase de Manuel II Paleólogo (1350-1425) en el discurso que pronunció en la universidad de Ratisbona en septiembre de 2006.

            La rehabilitación del «caso Galileo», que tuvo lugar durante el pontificado de Juan Pablo II, se debió en parte gracias al cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

INVITACIÓN A BUSCAR LA VERDAD

            En el discurso que Benedicto XVI debería haber leído en su truncada visita a la Universidad «La Sapienza» de Roma, lanza un llamamiento a la cultura occidental a no cerrarse a la verdad de la fe cristiana en nombre de una «presunta pureza» de la razón, pues ésta se resecará.

            Si bien el Papa no pudo participar en su previsto encuentro con profesores y universitarios, envió al rector de la universidad, Renato Guarini, el texto que había preparado para esa ocasión.

            El documento habla del particular vínculo que se da entre fe cristiana y búsqueda de la verdad, como parte integrante de la naturaleza y misión de la universidad desde sus inicios, en la Edad Media.

            De hecho, la misma Universidad de «La Sapienza», que en estos momentos tiene el mayor número de alumnos de Europa, fue fundada por el Papa Bonifacio VIII en 1303.

            Aclarando que habla como «representante de una comunidad creyente», «que custodia un tesoro de conocimiento y de sabiduría ética, que resulta importante para toda la humanidad», el pontífice se pregunta: «¿Qué hace o puede decir el Papa en la universidad?».

            A la pregunta responde explicando que su tarea no consiste en «tratar de imponer a los demás de manera autoritaria la fe, que sólo puede ser trasmitida en libertad», sino en «mantener despierta la sensibilidad por la verdad».

            El obispo de Roma quiere «invitar nuevamente a la razón a ponerse en búsqueda de lo verdadero, del bien, de Dios y, siguiendo este camino, alentarla a percibir las luces útiles surgidas a través de la historia de la fe cristiana y a percibir de este modo a Jesucristo como la Luz que ilumina la historia y que ayuda a encontrar el camino hacia el futuro».

            En este sentido, el Papa ilustra los presupuestos de «razonabilidad» sobre los que se fundamenta el cristianismo, citando a uno de los filósofos políticos más influyentes del siglo XX, el estadounidense John Rawls (1921-2002).

            Este pensador, explica Benedicto XVI, «si bien niega a doctrinas religiosas globales el carácter de razón "pública", ve en su razón "no pública" al menos una razón que, en nombre de una racionalidad secularmente endurecida, no podría ser simplemente negada a quienes la profesan».

            El gran filósofo alemán en vida, Jürgen Habermas, nacido en 1929, que en sus últimos escritos ha explorado la relación entre religión y Estado liberal democrático, ha hablado de «la sensibilidad por la verdad como elemento necesario en el proceso de argumentación política, reintroduciendo el concepto de verdad en el debate filosófico y en el político», subraya el pontífice.

            En particular, sigue diciendo, Rawls «ve un criterio de esta "razonabilidad", entre otras cosas, en el hecho de que estas doctrinas derivan de una tradición responsable y motivada, en la que en el transcurso de un largo período de tiempo se han desarrollado argumentaciones suficientemente buenas para apoyar la relativa doctrina».

            «En esta afirmación me parece importante el reconocimiento de que la experiencia y la demostración a través de generaciones, así como el fondo histórico de la sabiduría humana, son también un signo de su "razonabilidad" y de su significado duradero».

            De hecho, los cristianos de los primeros siglos «no acogieron su fe de manera positivista, o como la válvula de escape de deseos reprimidos», sino que, «disipando la niebla de la religión mitológica», buscaron «la verdadera naturaleza y el verdadero sentido del ser humano».

            Querían «reconocer como parte de la propia identidad la búsqueda exigente de la razón para alcanzar el conocimiento de la verdad plena», que «tiene como objetivo el conocimiento del bien».

            Después, gracias en parte a la contribución de santo Tomás de Aquino, y en contacto con las filosofías judías y árabes, en el ámbito de la universidad medieval, se subrayó «la autonomía de la filosofía y con ella el derecho y la responsabilidad propios de la razón que se interroga basándose en sus fuerzas».

            «De este modo, el cristianismo, en un nuevo diálogo con la razón de los que iba encontrando en su camino, tuvo que luchar por la propia razonabilidad», dijo.

            Sin embargo, en la época moderna, con la apertura de «nuevas dimensiones del saber», gracias al método experimental, el mundo occidental corre el riesgo de que «el hombre, precisamente en consideración de la grandeza de su saber y poder, se rinda ante la cuestión de la verdad».

            «Ahora bien, si la razón, buscando su presunta pureza, hace oídos sordos al gran mensaje que procede de la fe cristiana y de su sabiduría, se resecará como un árbol cuyas raíces dejan de tocar las aguas que dan vida».

            Si «pierde la valentía de buscar la verdad», asegura, «no crece, sino que se empequeñece».

            Aplicando esta constatación a la cultura europea, el Papa llegó a esta conclusión: «si sólo quiere construirse a sí misma basándose en el círculo de sus propios argumentos, en lo que la convence por el momento, y si pierde el contacto con las raíces de las que vive ---preocupada por su laicidad---, entonces deja de ser razonable y pura, por el contrario, se descompone y se fragmenta».

Mirko Testa, traducción de Jesús Colina

ROMA MANIFESTARÁ ESTE DOMINGO 19 SU AFECTO AL PAPA

            El cardenal Camillo Ruini ha invitado a todos los romanos, no sólo a los católicos, a que este domingo 19 de enero de 2008 manifiesten en la Plaza de San Pedro del Vaticano su afecto a Benedicto XVI, después de las protestas que le han obligado a renunciar a la visita a la Universidad «La Sapienza».

            El vicario del Papa para la diócesis de Roma considera que el Ángelus, a mediodía, «será un gesto de cariño y de serenidad, una expresión de la alegría que sentimos por tener a Benedicto XVI como nuestro obispo y nuestro Papa».

            «En esta circunstancia que golpea tan dolorosamente a toda nuestra ciudad, la Iglesia de Roma expresa su filial y total cercanía a su obispo, el Papa, y expresa el amor, la confianza, la admiración y la gratitud a Benedicto XVI, que está en el corazón del pueblo de Roma.◙
Zenit


REACCIONES POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

            La mayor parte de los medios de comunicación españoles se hicieron eco del aplazamiento de la visita de Benedicto XVI a la Universidad «La Sapienza» de Roma, ante las protestas de un grupo minoritario de profesores y alumnos a los que califican de «extremistas» y de tendencia anarquista.

            Los periódicos madrileños citan las declaraciones de importantes personalidades italianas del mundo de la cultura, como, entre otros, Dario Fo, premio Nobel de Literatura, el profesor de «La Sapienza» Giorgio Israel y Massimo Cacciari, alcalde de Venecia y profesor de Filosofía.

            El diario de Madrid “ABC” minimiza la importancia de la protesta de un grupo al que califica de «extremista» y aduce que, en una universidad como la de «La Sapienza», la carta de 67 profesores oponiéndose a la visita representa exactamente el 1,4% de un personal docente compuesto por 4.767 profesores.

            Las palabras de Dario Fo afirmando que está «contra todo tipo de censura, pues el derecho a la palabra es sagrado» han sido recogidas por un buen número de medios españoles.

            Según informa el corresponsal de “ABC” en Roma, «el grupo de profesores de Física que comenzó la protesta acusando al Papa de haber atacado a Galileo ignora que fueron precisamente Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger quienes rehabilitaron en 1992 al astrónomo italiano».

            Destaca así mismo que «en sus veinticinco años de profesor universitario y en otros tantos en Roma, Joseph Ratzinger ha promovido siempre el entendimiento entre la fe y la razón».

            Recoge también las palabras del profesor de Matemáticas de La Sapienza, Giorgio Israel, judío, citando a Voltaire en «L'Osservatore Romano»: «Lucharé hasta la muerte para que tú puedas decir lo contrario de lo que yo pienso».

            Otros medios recogen las palabras del profesor de Filosofía y alcalde de Venecia Massimo Cacciari que señaló que Benedicto XVI es una gran autoridad moral y cultural «más allá de la fe» y que es necesario mantener un diálogo con la Iglesia.

            Por su parte, la agencia Colpisa subraya que se trata de un caso similar al de Ratisbona, recordando que todo el mundo ha ido a buscar el antiguo texto de Ratzinger sobre Galileo de 1990, origen de la protesta, para ver qué dice realmente.

            El citado texto de hace 18 años, desempolvado por los revoltosos, ha sido el pretexto del conflicto fabricado por la minoría de estudiantes de tendencia anárquica que constituyen la «Red de Autoformación».

            Según Colpisa, el texto, como muchos textos académicos de Ratzinger, tiene «alto contenido filosófico» y «recuerda la polémica del discurso de la Universidad de Ratisbona en 2005, donde una cita medieval, sacada de contexto, desató las iras del Islam radical».

            «Esta vez, Ratzinger ---indica la citada agencia--- habla del proceso a Galileo y explica que "se elevó a mito de la Ilustración", pero apunta que varios autores, incluso marxistas y agnósticos, lo han revisado. Cita a Bloch, Von Weizsacker y el "drástico juicio" de Feyerabend: ‘La Iglesia se atuvo a la razón más que el propio Galileo y consideró las consecuencias éticas y sociales de su doctrina (...) Su sentencia fue racional y justa'».

            A un texto de tipo académico, redactado para el público universitario, en el que se aportan una serie de citas para explicar lo que diversos pensadores dijeron sobre el tema, se le da la vuelta para poner en boca del Papa, fuera de contexto, la cita del filósofo agnóstico Feyerabend.

            En 2005, a raíz de Ratisbona, la inicial polémica sobre un texto mal entendido abrió un espacio a ulteriores y fecundas iniciativas de diálogo con el sector más ilustrado y moderado del Islam.

            Es posible que, ahora, la polémica prefabricada produzca una reflexión que lleve a una profundización en el actual y fructífero diálogo fe-ciencia que, por iniciativa eclesial, mantienen numerosos representantes del mundo académico de todo el mundo. (Copy/Paste)

Saludos amistosos, Katina

 

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