La memoria:
A veces creemos que el transcurso de la vida se nos presenta lento, sin expectativas en lo inmediato sin consecuencias atractivas o emociones intensas y podemos caer presa fácil de depresiones eludibles. Esta sensación puede hacerse presente con inusitada frecuencia en los años jóvenes y a veces, agarrar por derroteros sin retorno donde algunas lozanas existencias acaban demasiado temprano, cuando las esperanzas de una vida plena se desvanecen en un futuro incierto o sombrío. Afortunadamente esas sombras de dudas, a las que todos nos vemos confrontados, son superadas generalmente con éxito y el joven inseguro, colmado de incertidumbres se enfrenta a la adultez con brios renovados e inicia una carrera por la subsistencia más o menos exitosa. Después de un periodo productivo, el individuo entra en una etapa en que el cuerpo que le ha tocado habitar, se empieza a desgastar y con ello también el órgano más noble de todos los órganos, el cerebro, empieza a dar muestras de cansancio, influyendo en las funciones de todo el organismo. La agilidad muscular se hace reposada y la memoria empieza a flaquear.
A continuación expongo un caso que bien puede ser real y en el cual tal vez algunos de nosotros nos veamos reflejados; en lo sintomático de la pérdida de la memoria. Aquí les va:
“Había decidido que este era un buen día para lavar el auto. Cuando estaba en camino al garaje descubrí un alto de cartas del correo diario en el pasillo en la puerta de entrada. Mejor será que mire el correo antes de lavar el auto, me dije a mi mismo. Deje las llaves del auto sobre la mesita de pasillo, separe las cartas de la propaganda y elimine esta ultima en el papelero y entonces me di cuenta que estaba lleno y era hora de vaciarlo. Acto seguido, deposito las cuentas que habían llegado, las cartas y un formulario por llenar sobre la mesa pensando en vaciar el papelero primero. Y como a pesar de todo, tenía que pasar por el buzón cuando llevara los papeles al reciclaje, aprovecharía de echar el formulario al buzón también pero, para llenarlo necesitaba un lápiz.
Mis lápices deberían estar sobre el escritorio en mi cuarto de trabajo, entonces me dirigí allí y me encontré con una botella de jugo que había empezado a beber recientemente. Antes de buscar un lápiz debí retirar la botella de jugo para evitar derramarlo sobre el escritorio. El jugo empezaba a entibiarse así que había que ponerlo en el refrigerador. Camino a la cocina con la botella de jugo en la mano observé un macetero sobre el estante de cocina. Estas plantas necesitan agua, pensé, y deje la botella de jugo sobre el estante. Entonces, me dí cuenta que allí estaban mis anteojos, los mismos que había estado buscando durante toda la mañana. Mejor será que los deje en mi escritorio, pensé, pero primero voy a regar las plantas.
Puse los anteojos sobre el estante y empecé a llenar la regadera con agua. Estaba en eso cuando de improviso observé el control remoto de la TV sobre la mesa de la cocina, alguien lo olvido allí, pensé. Esta tarde cuando sea hora de ver la tele vamos a empezar a buscarlo y a nadie se le ocurrirá que puede estar aquí. Debería ponerlo en su sitio, pensé, pero primero voy a regar las plantas. Eche un poco de agua con la regadera en el macetero pero, casi toda fue a dar fuera de el empapando el piso. Volví a dejar el control remoto sobre la mesa y fui en busca de un paño absorbente para secar. Entonces me dirigí al pasillo y me tropecé con el canasto de los papeles, lo cual me recordó algo y allí me detuve para repasar lo que había pensado hacer…
Al final del día el auto seguía sucio, el formulario sin llenar y sin haberlo echado al buzón, había una botella de jugo tibio en el estante de la cocina, las flores se habían empezado a marchitar, no había encontrado ningún lápiz, tampoco encontré el control remoto ni mis anteojos y no tengo la menor idea donde están las llaves del auto. Intenté explicarme porque no había hecho nada en todo el día. Eso era un verdadero misterio porque había estado ocupado todo el tiempo y me sentía muy agotado”
¡Esa es la triste realidad!
La memoria suele jugarnos más de alguna mala pasada.
Jorge






con el tiempo empeora a pesar de que se dice que la sabiduría mejora...
¿ será que mientras más olvidamos mejor estamos ?
no importa... le dejo una sonrisa para que no se deprima por eso de la memoria que se deteriora con la edad...
Me ha pasado siempre, debo obligarme a parar de querer hacer cien cosas a la vez y ninguna finalmente.
Asi que me imagino, que será más adelante si no fijo la atención en una sola, ay, en que iba ?, voy a poner la manguera y vuelvo, seguro en el camino me pongo a leer un libro en la cocina..
Voy y vuelvo...¿ a que iba ? a ya a calentar pan con quesito
... de hacer mil cosas a la vez, como si fueramos malabaristas pero no somos mas que simples mortales con demasiadas limitaciones. La memoria es una de esas benditas debilidades. No solo olvidamos regar las plantas sino que tambien olvidamos con demasiada frecuencia, llamar a quienes queremos y recordarles cuanto los extrañamos...
Ahora me voy a llamar por telefono a mis amigos, pero antes debo revisar mi agenda de direcciones para recoradar sus nombres!
mmm pancito con quesito caliente, que delicia; creo que pasare por la cocina primero antes de llamar a los amigos. Se me olvidaba que hay algo de loza que lavar y ya que estoy en la cocina, voy a aprovechar de sacudir el mantel que esta lleno de migas...
Bueno, no hay remedio...
Jorge
Ay!!! Maldita memoria, yo que ando siempre a mil por horas e intento hacer muchas cosas a la vez y aprovechar al máximo el tiempo, me pasan cosas peores que esas.
He dejado la peineta en el refrigerador, el azucarero en el baño, me he ido al trabajo con pantuflas y le cuento mas aún, he pagado cuentas de luz del vecino por tomar las boletas equivocadas y no leer ( tengo testigos aquí mismo en Atina) y he hecho largas colas en un banco para cobrar un cheque de otro…será memoria o simplemente que con los años uno se va poniendo distraída? Ay! Si una vez llamé una amiga y en el transcurso que la fueron a buscar se me olvidó quien era, y la tuve que hacer hablar un rato para reconocer la voz y no ser descubierta en mi olvido jaja
Podría llenar páginas escribiendo sobre mis olvidos y sus consecuencias.
Saludos para usted
No se haga problema por esos detalles de la memoria, son un condimento mas del sano vivir...
Si hasta los mas encumbrados intelectuales no recuerdan el numero, ni el nombre de la calle donde viven y eso no les resta ningun laurel. Y los laureles suyos son re´ muchasos po´s misia, Jacinta.
Echele pa´elante no mas con la vida, que hay que vivirla como una ilusion!
Que este muy bien, Jacinta!
Jorge