El balde de uvas
Enviado por Ana Montrosis
el 21/01/2008 a las 5:11
Era necesario decirselo, cada vez que me miraba volvian los recuerdos de niña tristona en la cosecha de uvas que se derretian en mi boca. El balde con aquellas uvas azulinas molidas ante mis pies era mi único desquite. Se lo dije de a poco como se dicen las mentiras guardaditas en cajitas de muñecas de porcelana, para no quebrarlas, para no dañar en ella la escasa belleza que aflora solo en la sonrisa de niña huérfana, me miro detenidamente, su cabello negro recien teñido se montó en mi hombro y me envolvieron sigilosamente hasta soltarnos en llanto.Es tu culpa, le dije, es tu culpa no poder aguantar tanta soledad en tu vulgar ausencia, es tu culpa que busque que otros coman de mis balde de uvas y me quede con la angustia de no quererte, de no amarte sin este maldito odio de infante cortada, cortada de vendimias estacionales que se reiteran sin sanarme en este inseguro sanatorio. Me volvio a quitar el rostro de madre enferma, se alejo de nuevo de mis fantasmas otoñales, llevamos treinta y ocho años sin hablarnos sin comer del balde de uvas.
Etiquetas: De cuentos Urbanos | Regiones Fuera de Chile
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