Me avisaron que alguien me buscaba en la portería de la fábrica en que yo trabajaba. Salí y me encontré con el Cucho, un trabajador de una antigua empresa en la que yo me había desempeñado años antes. en la que yo le comía los postres al Cocoliso. Don Baldo, me dijo, necesito trabajo y me contaron que usted tal vez podría conseguírmelo en esta fábrica, estoy muy necesitado, don Baldo. Llamé por teléfono al jefe de personal y le pedí que dejara postular al Cucho ya que justamente estaban en período de contrataciones y porque yo recordaba que el hombre era trabajador y responsable.
Tenía buena suerte el Cucho; lo contrataron y a partir de esos días comencé a verlo en los talleres, se integró y pasó a formar parte de la dotación de esa empresa en que ambos ahora trabajábamos. Y cuando me veía levantaba el cogote por sobre su trabajo para que yo lo viera a él, y nos saludábamos y conversábamos de vez en cuando. Recuerdo que su contratación ocurrió en los primeros meses de ese año.
Y pasó el año, y llegamos a las fiestas de fin de año, a la navidad y su tradicional cóctel de la víspera en que todas las áreas de la empresa se tomaban su traguito para hacer penitencia por el niño pobre que había nacido casi dos mil años antes. Recuerdo que al salir esa tarde me encontré con el Cucho y su esposa a quien yo no conocía, fuera de la fábrica y que me estaban esperando y se acercaron a mi para saludarme. Don Baldo, me dijo el Cucho, quiero presentarle a mi señora que quería conocerlo y saludarlo para agradecerle lo que usted hizo por nosotros.¡ Ay caballero! me dijo la mujer, usted no sabe cómo nos cambió la vida gracias a usted. Y me dieron ambos un abrazo, pero un abrazo como nunca había sentido antes un abrazo en mi vida, El afecto que me traspasaron en ese abrazo se sentía, se tocaba, emocionaba. Obviamente que recibí los abrazos, no se puede rechazar ese tipo de regalos aunque uno no sea acreedor en lo más ínfimo a recibirlos. Sin darme cuenta había contribuido a ayudar a otras personas de una manera tan simple que sentía que no me merecía los abrazos. Ese regalo de esa víspera de navidad, fue el mejor regalo que recibí ese año; ha sido el mejor regalo de navidad que he recibido en toda mi vida y esa sensación de sentir que uno ha ayudado a alguien cambió mi forma de actuar de ahí en adelante. Les recomiendo que, si alguna vez el Cucho llama a vuestra puerta para pedirles trabajo, no se la cierren para que a fin de año sean recompensados como yo lo fui, pero más que nada para que haya muchos Cuchos más, agradecidos porque alguien ha hecho algo por ellos y sus familias.
donbaldomero.
P.S. Cómonoscambiaríalavida…






Don Cucho, a mi me hicieron un gran regalo tambien en agradecimiento por lo poco y nada que le habia aportado para tener una mejor vida a una sobrina, mujer sola y con dos hijos.
Simplemente me corrio de su vida porque yo la presionaba a ser mejor, mejor mama, mejor trabajadora, mejor hija.
No lo lamento por mi sino por su hijo mayor que es como un hijo mio y al cual le solventaba todos sus gastos, lo regaloneaba, ibamos al cine, al estadio, y hasta lo tengo en una escuela de futbol, haciamos las tareas y yo me tenia que obligar a aprender lo que el tiempo habia borrado de mi mente con tal de sacarlo adelante en los estudios. Desgraciadamente, esta puñalada por la espalda no me la dio a mi sino que se la propino a su propio hijo que ahora quedara en la indefension y en el abandono tal como estaba antes de que yo me interesara por ellos.
Como puede ud. ver la ayuda puede tener diferentes recompensas!!
¿Cómo es eso de que le comías los postres al Cocoliso?
Eso de que le comía los postres al Cocoliso es una historia anterior que conté hace un tiempo. La mencioné para controlar a mis queridos lectores, para ver si tienen buena memoria o para saber si me han leído.
donbaldomero.
P.S. C3AR