Chinchorro

La Comarca de los Changos

La intensa actividad de la pajarada allá en lo alto, alertó a Teba y Cutipa que en ese momento se afanaban por alcanzar unos huevos de gaviota. Al dirigir la vista hacia el mar advirtieron que una gran banco de peces navegaban en dirección a la bahía en la que acampaban. En el mar los lobos y toninas ya se daban un festín con las anchovetas y jureles que lograban separar del gigantesco cardúmen. En el aire, los estridentes sonidos de las gaviotas se entremezclaban con el rugir de los lobos y zambullidas de pelícanos y piqueros. El corazón de ambos se aceleró y sus nervios y músculos se prepararon para entrar en acción, decidieron descender desde el puesto de observación que se encontraba en lo más alto de la Gran Guanera. La bajada no era cosa sencilla, ya que tenían que seguir por un estrecha huella que descendía zigzagueando peligrosamente por la ladera y que había sido esculpida por los cuerpos de sus antepasados centímetro a centímetro, debían realizar cuidadosamente esta acción y así avisar a los mayores que a esa hora aún permanecían en el refugio. Mientras ellos descienden, al interior de la cueva muy cerca de la playa, Kopta la madre de Teba, atiza las brasas que quedaron de la noche anterior, ayudada de un poco de paja y leños que recolectan en las playas, fue alimentando el fogón que da vida a unas fuertes llamaradas que fueron iluminando y descubriendo que en rededor dormían esparcidos y envueltos en cueros de lobos y totora los demás miembros del Clan. También el fuego revelaba las dibujadas paredes que conformaba el interior de esta gran cueva que por generaciones les había servido de refugio en sus acostumbradas migraciones por la costa. El clan estaba compuesto por tres familias que desde ya algunos años viajaban juntos y que en total alcanzaba a veintitrés personas. Pronto llegaron desde afuera los gritos de ¡pesca! pesca! que emitían Cutipa y Teba. Con la velocidad de un felino Mako que era el líder del grupo se incorporó ágilmente, camino hacia la entrada y con su poderoso brazo empujo hacia un lado los cueros de lobos y camélidos que protegían el portal. El paisaje que se asomó a sus escudriñadores ojos era excepcional! el Mar azul, sereno, infinito se encontraba de frente con los gigantescos acantilados que desafiantes conformaban la Cordillera de la Costa. Más allá ¡las blancas Guaneras! que terminaban junto a los islotes en los que reinaba la acostumbrada algarabía de las crías de lobos marinos. Llenó de aire sus pulmones y disfrutó del regalo de vivir un día más en la Comarca de los Changos.
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Shyvy
dijo : Cuando la belleza habla por sí sola...y las palabras no bastan para retratarla...es más a veces nos distraen de la contemplación. Una vez, hace años me extasié con un cardúmen de sardinas y jureles, que se desmayaban en las orillas de una playa, quería cogerlos todos, y se resbalaban entre mis manos, plateados, vivos, saltando para volver al agua salada...nunca más lo vi, nunca más... Sylvia Rojas P. " Cada hombre debe pensar que es él, el llamado a resolver las injusticias"
18/05/2006 a las 20:55
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