La temida cesantía ilustrada que tantos vaticinaron ya está aquí. ¿Tenían la razón esas voces que querían cerrar universidades y restringir las posibilidades de desarrollo de las personas? Ciertamente que no. La cesantía ilustrada es una amenza sólo si no sabemos manejarla, pero existe una clave para transformarla en una gran oportunidad.
Tengo un amigo extremadamente inteligente y trabajador, seguramente su coeficiente intelectual es mucho más alto que el promedio, domina dos idiomas y está aprendiendo un tercero, tiene los más altos pergaminos académicos, fruto de muchos años de estudio; sin ir más lejos, su grado de doctor en filosofía lo obtuvo en una de las más respetadas y antiguas universidades de Europa. Y acaba de quedar cesante.
El caso de mi amigo no es el único que conozco. Está, por ejemplo, el de una persona muy cercana familiarmente que, además de su título profesional, tiene estudios de post-grado y, como si fuera poco, actualmente está terminando una segunda carrera. Aún así, estuvo trabajando hasta hace unas semanas, ganando poco más que el sueldo mínimo, pero también acaba de quedar sin trabajo, a pesar de su excelente desempeño y del alto grado de cohesión que tenía con el grupo.
¿Qué está ocurriendo? Al parecer el mundo ha cambiado, así de sencillo. El mundo de antaño era mucho más estable. Por ejemplo, bastaba con tener un tener un título universitario de pregrado para tener trabajo garantizado. Los riesgos de perder el trabajo, si uno cumplía con el horario y las exigencias mínimas, eran tan escasos que la mayoría de los trabajadores pasaban toda su vida trabajando para un mismo empleador hasta el momento de su jubilación. Ese mundo ya no existe y, por lo visto, en la actualidad hasta un grado académico de doctor no es suficiente para garantizar algo.
Desde hace varios años, algunos han advertido que este escenario se avecinaba y nos hablaron de la posible "cesantía ilustrada". Sin embargo, la idea que este tipo de agoreros planteó, de restringir el conocimiento y la educación a una elite o "casta superior" de escogidos, por suerte, fracasó. Podrán decirnos: "lo advertimos", pero aún así estaban equivocados en lo fundamental: siempre es mejor tener conocimientos que no tenerlos. El tema, definitivamente, es otro: La cesantía ilustrada de hoy no existiría si tan sólo fuésemos capaces de cruzar el río.
En efecto, hay un viejo dicho que señala que quién no se arriesga no cruza el río. Esta metáfora sigue siendo válida en muchos ámbitos y lo es especialmente en relación al tema del emprendimiento. La inmensa mayoría de las personas sigue sintiendo un pánico enfermizo a emprender, cosa curiosa si lo contrastamos con la gran cantidad de personas que cae en la tentación de los juegos de azar. El hecho es bastante curioso, porque el argumento que se suele dar para no emprender es generalmente que resulta muy riesgoso; sin embargo, ocurre que el riesgo de perder dinero en juegos como la lotería es muchísimo más alto. En definitiva, queda claro que no puede ser ese el verdadero motivo por el cuál pocas personas se deciden a convertirse en emprendedores.
El panorama queda aún más claro si constatamos un hecho cierto: en el mundo de hoy el trabajo con contrato laboral es tanto o más riesgoso que emprender. Efectivamente, la necesidad de la flexibilización laboral ha hecho que en la actualidad nadie está libre de perder el trabajo, aún sin un motivo aparente; en cambio, los riesgos de fracasar en un emprendimiento comienzan a ser comparativamente menores. En otras palabras, hoy en día, si se desea encontrar una fuente de ingresos que nos garantice estar en función del esfuerzo que se pone y del talento y conocimientos que se tienen, es más probable encontrarlo en el emprendimiento que en el trabajo subordinado.
Lo anterior es especialmente cierto para las personas que tenemos más estudios que el promedio. Nuestro currículum constituye en un poderoso aval que, en buenas cuentas, podemos usar para que nos presten o incluso nos regalen dinero, si sabemos generar una oportunidad y somos capaces de presentar una propuesta convincente. Incluso existen instancias privadas que están dispuestas a colaborarnos con su experiencia en este camino, a cambio de una participación en las ganancias que obtengamos. En definitiva: están dadas todas las condiciones para emprender.
Perdámosle el miedo al riesgo; o, mejor dicho, démonos cuenta que el riesgo está en todas partes. Ya no hay trabajos seguros y el emprendimiento es, a lo más, igual de riesgoso que el trabajo convencional. De hecho, posiblemente el emprendimiento sea actualmente menos riesgoso, sobre todo si se es un "cesante ilustrado". Emprendamos, para ello sólo hay que atreverse a hacer lo que mejor sabemos hacer, ya sea porque tenemos el talento o porque con nuestra experiencia y estudio hemos adquirido un valiosos conocimiento, o - idealmente - porque contamos con la sinergia completa entre talento, experiencia y conocimientos. Emprendamos y dotemos al país y a la sociedad de un nuevo motor de crecimiento. Creemos un nuevo lugar de trabajo y demos la posibilidad de que otros, que no han sabido emprender, trabajen para nosotros. Emprendamos, y vivamos la gratificante experiencia de ser compensados por nuestro esfuerzo, de materializar nuestros sueños y, finalmente, de compartir nuestros logros con quienes queremos. Esa es la invitación.



















Este es el camino!!!
Muy bien eduardo concuerdo completamente contigo. Sería interesante que pudieras presentar una serie de links con información acerca de instituciones privadas u organismos estatales que apoyan la iniciativa de los emprendedores. Para mi es necesario expresar que no existe nada mejor que ser uno mismo su propio jefe y poder administrar nuestros tiempos como se nos de la gana! No trabajemos para cumplir los sueños de otros, trabajemos para cumplir nuestros propios sueños!
Andy D.