La Globalización toma rostro Humano....
Enviado por gustavoperaltaduran el 20/05/2006 a las 21:31
Etiquetas: Sociedad | Regiones Región de Valparaiso
Hace un tiempo atrás comentaba en el articulo ???Humanismo y Globalización ¿una contradicción vital? ??? posteado 25 de Sept 2005 que la globalización existe y en lo sustancial es un proceso irreversible, ligado a nuevas condiciones estructurales y no solamente a intenciones políticas y economías perversas.
La globalización entendida así entonces, es la capacidad nueva que la sociedad tiene de actuar sobre sí misma. Es su nueva manera de ser. Nos referimos, por ejemplo, a aspectos como la nueva capacidad de información y de análisis, la potencia que ha adquirido el conocimiento tecnológico o la nueva conciencia que tenemos todos de interdependencia y globalidad.
Esta es la nueva realidad, inducida sin duda por las nuevas tecnologías y los intereses de las sociedades más ricas. Pero en lo que lo sustancial, ya no es posible la marcha atrás.
¿Qué hacer entonces?
El desarrollo de estos valores, exigidos ahora más que nunca por la globalización dada a los productos, ¿serán antihumanos? ¿No tendrían mucho que aprender de ellos los humanistas?
Para sorpresa de éstos, bien puede ser que las nuevas condiciones entrañen más humanismo del que se cree.
En todo caso, no es desde la ignorancia y la condena que se va a humanizar la globalización, sino desde el conocimiento analítico y crítico de la misma"
En Enero de este año 2006 rescate un interesante articulo que vino a contestar, reafirmar y potenciar algunas reflexiones e inquietudes sobre este apasionante tema que me ha parecido importante compartir con mis amigos
??? La globalización toma rostro humano
Hasta 2005, globalización fue una palabra maldita, patrimonio del capital.
Desde 2005, globalización empezó a ser una palabra solidaria, patrimonio de la humanidad. Para llegar a este resultado han sido necesarios varios espasmos tecnológicos y una insólita explosión de la tragedia natural, desde el tsunami hasta el Katrina, desde la locura terrorista hasta el terremoto de Cachemira y Pakistán. La tragedia constituye la materia prima de la humanidad y de su infalible aura humanitaria. El bien que despide el mal total.
Nunca antes de 2006 se alcanzó una conciencia más integradora y dolorosa del mundo. Las desigualdades continúan, pero, paralelamente, se ha hecho crecientemente insufrible la injusticia, la miseria y la enfermedad de las multitudes. Los medios de comunicación -multiplicados en las pantallas; desplegados en los blogs, los wikis, los móviles o los podcasting- han producido el efecto paradójico de transformar en ciudadanos críticos a espectadores entretenidos y a consumidores locos. Porque nada hay más convincente que la emoción.
La satanizada televisión, por ejemplo, ha logrado, tras propagarse y diversificarse, desencadenar el máximo grado de conciencia revolucionaria posible en los tiempos de la posrevolución. Como consecuencia, el Globo ha dejado de ser un juguete del poder para convertirse en una Tierra a mejorar, a sostener y a participar.
Y no ya de una manera idealista o evangélica, sino como forma de supervivencia radical y material. Hasta hace poco, las mejores empresas guardaban sus secretos bajo siete llaves. Ahora ya no es -ni puede ser- así. Muchas de las corporaciones que han crecido más aceleradamente en los últimos tiempos han desplegado modelos donde se comparte la información, desde Google hasta eBay o Amazon.com. Y Wikipedia, la enciclopedia de uso libre creada por voluntarios, es hoy la herramienta referencial de mayor uso en todo el mundo, según Newsweek.
El nuevo paradigma no es acumular, sino compartir, y Thomas Shelling recibió el Premio Nobel de Economía 2005 por demostrar que la gente tiende a cooperar más de lo que dicen los modelos económicos aceptados. Igualmente, el profesor Yochai Benkler, de Yale, ha decidido titular su próximo libro The wealth of networks: how social production transforms markets and freedom (La riqueza de las redes: cómo la producción social transforma los mercados y la libertad), apoyando la misma línea en boga.
Si la gente ha trabajado hasta ahora de dos modos, bien fuera bajo las órdenes de un gran jefe o para sí mismos, hoy, dice Benkler, estamos contemplando la emergencia de un tercer modo de producción: la nueva economía de una información trabada y tramada. Firmas como IBM, Intel, Dow, AT&T, Eli Lilly y muchos otros que han descentralizado su I+D, pero también Sony o Stanley Morgan, han deconstruido su organización jerárquica. A su vez, varios Gobiernos bajaron sus guardias y docenas de países han pasado de la propiedad y los softwares cerrados (de estilo Microsoft) al modelo de open-source en donde la programación tecnológica es libre y compartida.
Participar en multitud
Los mismos clientes son reclamados a participar en los muestrarios de las empresas, tanto a la manera en que los electores inspiran los programas políticos tras ser sondeados por las agencias de demoscopia como en una interacción real que muy pronto imitarán los ministerios. P&G, Coach, Toyota y Lego siguen el procedimiento de hacer probar sus productos a los usuarios antes de llevarlos al mercado, en una modalidad que un profesor del MIT, Eric von Hippel, llama "democratización de la innovación".
¿Reivindicación de la comunidad y el ciudadano común?
Los movimientos políticos espontáneos o semiespontáneos que han propiciado los móviles y los SMS en Ucrania, en Filipinas, en China o en Madrid se asemejan a las convocatorias de boca a boca para boicotear un artículo, para recomendar un libro, para difundir un rumor o para lanzar una petición de auxilio. Su protagonismo se encarna en las smart bands o bandas inteligentes que ha estudiado extensamente Howard Rheingold en una obra con ese título.
Más de cien millones de jóvenes entre los 12 y los 25 años (los screen-agers) se comunican a través de los messenger, con cámara incluida, de MSN, Yahoo! o Wanadoo para intercambiar escrituras, imágenes y música a lo ancho del mundo. Y estos muchachos, al revés que la mayoría de los adultos, se sirven de Internet menos como una reserva de saber que como un vehículo de contactos.
¿Desaparición de lo social?
Nunca hubo más tejido social ni mayor intercambio afectivo, aunque los viejos registros no detecten estos nudos y sus particulares emoticones.
¿Reuniones breves, asociaciones suaves, grupos de viajeros? Sí, pero de este modo las ocasiones se multiplican de acuerdo al estilo del mundo; lo gozoso no es fundirse con una fe de hierro, ni hundirse en el seno de un cónyuge insoluble, ni marcarse con una sola identidad, sino experimentar la cinta tornasolada del nuevo ADN cultural, el nuevo deseo comunicacional del mundo.
Porque así como la invención de la pólvora o de la misma imprenta no desencadenaron ni mayor poder militar ni cultural en la China de hace cuatro siglos, la tecnología de la comunicación actual prende con voracidad porque coincide con una fuerte demanda de ella.
El mundo se hace así mejor, más participativo, por donde menos se le esperaba. El consumo de bienes y de servicios, de sensaciones e informaciones, ha generado un nuevo sujeto más despierto y complejo.???
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