Paola

"La Biodanza: Hospedar al Otro y Centrar la Vida"

                   normal_17341889_laguna.jpg                                                                                                                                

       

          Ciertamente la biodanza es inatrapable en palabras, porque más bien es una vivencia, sin embargo, las palabras aparecen tan tentadoras

-qué seríamos sin ellas, me

pregunto-,  que intentaré acercarme  lingüísticamente a  la biodanza.

            Rolando Toro, creador de la biodanza, en uno de sus poemas escribió:

-“Todo en ti es serpiente y follaje, sol y leones, desastre de rozas, todo es rocío y pétalo, abismo y silencio de aguas, todo en ti se estremece en fruto genital, en abertura y sueño y confusión de nacimiento”-.

                  Por cierto, el poema parece estar dedicado a una mujer, a la vida o quién sabe a quién, el hecho es que se puede asociar a la biodanza. La biodanza se asemeja a "una serpiente", a Kundalini, por el poder  energético de la misma. A "una confusión de nacimiento", por el estado expansivo en que se sienten sus practicantes. A "un desastre de rozas", al rocío y a los pétalos porque como una roza, en estado de eclosión, así, la biodanza abre un camino hacia el autoconocimiento.

                En otro poema, dice:

-“Me siento un poco perdido últimamente, ando buscando un lugar para vivir, un lugar que sea realmente mìo, ¿en el hueco de la noche? ¿al borde del acantilado? ¿bajo el ciruelo? No lo sé, un lugar entre tus brazos, amor"-.

                Para mí, por ejemplo, la biodanza  ha sido como el poema:  “como un ciruelo”, o como “los brazos de un amor“, cada vez que me he  sentido presa, en el laberinto vital. 

                Por último, para mis amigos biodanzantes, la biodanza ha significado un sin fin de percepciones. Hector dijo que era una liberación, Claudia una adicción, Alex el encuentro con lo desconocido,  Pepe una entretención, Marta la sensación de la alegría, Fresia una cantidad de sensaciones y emociones,  Catalina una herramienta para curar y Carlitos un medio para analizar su posición en el mundo.   

             Pero vayamos un poco más allá. En la entrevista que Rolando Toro  dio en la Belleza del Pensar, hace unos años, señaló que  recogió al filósofo  Lebinaz  cuando la creo. Para Lebinaz, “la presencia del otro” es una experiencia fundamental fuera de la cual no podría existir significado. Esto mismo, Rolando Toro, lo aplicó en la biodanza en el sentido de que al danzar  se hace huésped al otro y en eso se puede llegar al éxtasis, a la epifanía.  De acuerdo a su experiencia mencionó: “Las personas se instalan en el otro: en la mente, otras en el corazón, otras en el sexo, en el cuerpo, pero, se instalan más allá de los órganos” como apelando a la trascendencia en que se instalan y al significado que cada uno le da al  otro cuando nos mira, cuando lo recordamos, cuando lo acariciamos, cuando danzamos con el o ella. 

               Ahora bien,  viajemos más lejos aún. Si  bio- danzamos, los otros y el mundo se nos instalan como presencias trascendentales, misteriosas, y a la vez como seres vivos unidos a la vida, en una relación indestructible. Desde tal punto de vista, podemos devolvernos a la vida, conectarnos con la misma y ver cómo vivir es  danzar al compaz de la naturaleza,  asemejarse al movimiento de un árbol, al crecimiento de una semilla, a la fluidez y devenir  del agua, a la pasión del fuego, a la expansión del aire y a la riqueza y receptividad de la tierra. Justamente,  si ese es nuestra mirada, podemos colocar  la vida al centro de todo. De la política, de la economía,  de nuestro qué hacer diario, de la linealidad del tiempo, de uno mismo. Si danzamos la vida, nos devolvemos a la vida, nos conectamos con la vida, vemos como todo, en realidad, está traspasado de vida.

 

                                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicidad por Bligoo.com
Comentarios de este artículo en RSS

MENSAJE_LEGAL_ATINA_CHILE.jpg

{container-17}