max barata

Como lograr la mejor sonrisa en un casting de pobres

Como lograr la mejor sonrisa en un casting de pobres.

Trabajé como iluminador de pobres por dos meses. Rara la huevá. Por otro lado, juro que intenté llegar temprano cada mañana de esos dos meses en  que estuve ahí, pero siempre había algo que salía mal y me ocasionaba 10 o 20 minutos de retraso con la respectiva mala cara de Roberto. Y ahí estaba yo llegando tarde de nuevo y Roberto con su mala cara grabando;

-         Señora, por favor diga su nombre y a qué se dedica cuando le dé la señal.

-         Me llamo Rosa Pereira y…soy dueña de casa.

Rosa Pereira mira hacia delante encandilada y apenas distingue a quien le habla desde el frente, que en este caso es Roberto, mi jefe, si es que hubiese que asignarle un cargo para facilitar la comprensión de lector;

-         Señora, le dije que se presentara cuando le diera la señal. Aún no le he dado la señal. La vamos a grabar y ahora la cámara está apagada ¿Ve esta lucecita? Pues cuando está prendida es porque estamos grabando y ahora está apagada ¿ve? ¿me entiende señora?

Con lo encandilada que estaba la pobre vieja no lograba ver mucho. Tengo la impresión que en el pasado lejano mi jefe era más cordial y simpático. Pero con el tiempo eso se va pasando; cualquier trabajo basado en acciones monocromáticas reiteradas va secando el corazón hasta transformarlo en un huesillo apenas con fuerza suficiente para irrigar el cerebro.

     -         ¿Me entiende señora? ¿Me entiende?

     -         Sí caballero. Entiendo.

-         Perfecto. Sigamos.

Me llamó la atención que esa mañana mi jefe no me puteara por el atraso tanto como otras veces, y eso que esa vez tenía –ahora sí,  de verdad- una buena excusa, una excusa que despertara algo de empatía en mi jefe, ya que cuando se trataba de mujeres Roberto era (o se las daba) una especie de gurú que me bombardeaba con consejos y tácticas distractivas/persuasivas. El tema es que me había desvelado pensando mi polola, en el amor, en el perdón y en esas cosas medias cursis (bueno, y tb en porqué chile no había clasificado para el mundial de Alemania).

La dama en cuestión, a quien llamaremos Carla70, había desaparecido durante todo el fin de semana sin dejar rastro. Le llamé ciento cuarenta y tres veces y siempre la respuesta fue un buzón de voz. La noche del domingo Carla70 me llamó de vuelta y me dijo que a su ex pololo, con quien había salido por tres años justo antes de conocerme, se le había muerto su perro y que como él estaba muy triste y solo, ella fue a consolarlo y sin darse cuenta terminaron tirando, y como ella no estaba dispuesta a mentir, tenía que decirme la verdad porque prefería la verdad a las mentiras. Y no me quedó otra que agradecer esta sinceridad. A la vez que escuchaba a Carla70 decir todo esto por el teléfono, en la televisión el tiranosaurio rex de Jurassic Park I que daban por vigésima en TVN se tragaba a un tipo y lo zamarreaba de una parte a otra mientras las piernas del desgraciado que asomaban fuera de la mandíbula del dinosaurio se movían a pequeños saltitos a seis metros sobre el suelo.

En fin. Con toda esa historia preparada aún así Roberto no me preguntó ni me dijo nada por mi nuevo atraso. Así que seguimos en lo de siempre; grabando y anotando los datos en el formulario para comerciales en que aparece gente pobre. En el fondo Roberto era encargado de los “pobres” en la agencia de publicidad, lo que no sé si le daba estatus o no, pero en lo que respecta al movimiento, los comerciales con pobres la llevaban, ya que prometo nunca paré de iluminar pobres, uno tras otro. Yo tenía entendido que la cosa era al revés, que lo que los clientes piden a las agencias de publicidad son mujeres rubias con tetas de polímeros y culos parados y tipos onda David Beckham. Pero acá el furor eran lo pobres; para las senatoriales, para el Ministerio de esto, para el ministerio de esto otro. Era bien rara la hueá.

Esa mañana las fotos era para el aviso del programa odontológico de implantes de dientes para mujeres que había lanzado la Luisa Durán, la pierna de Don R. Lagos.  Entonces había que mostrar a una mujer pobre SIN dientes sonriendo y luego a una mujer pobre CON dientes sonriendo mientras de fondo seguramente iban a mostrar gente pobre saltando y bailando y pasándola de lo mejor. (A todo esto, a las mujeres se les estropean los dientes porque cuando están embarazadas el feto suple la falta de calcio de la magra dieta obteniéndolo directamente del organismo de sus madres. El ser humano es un parásito ¿cabe alguna duda?).

       -         Muy bien señora. Ahora sí. Voy a prender la cámara y usted tiene que presentarse ¿vale?

A una modelo rubia con tetas de plástico se le pagan unas doscientas lucas por comercial. Pero como acá se trataba de pobres pagaban unas veinte lucas (es un tema de oferta y demanda. Se comprende el comentario ¿no, querido lector?) Y mi pega era armar, iluminar y volver a desarmar lo equipos. Y mientras Roberto sacaba las fotos, yo me sentaba en una esquina y desvariaba. Y ese día en particular mis desvaríos eran sobre por qué mi polola  se acuesta con el ex cada vez que a éste se le muere una mascota. En realidad lo que más me preocupaba es que a su ex aún le quedaban vivos dos peces tropicales, una iguana y un hámster.

“No te pido que me entiendas pero sí que me perdones” me dijo por teléfono ese domingo, mientras yo seguía tratando de convencerme y veía de reojo como el tiranosaurio rex de Jurassic Park I ya se había comido al tipo de hace un momento y ahora iba por el resto de los protagonistas que arrancaban en un jeep. La verdad que unos pocos meses atrás no hubiese tenido inconveniente en perdonarla si es que ella me lo hubiese solicitado tan honesta y cortésmente como ahora, pero en la medida que te empieza a gustar alguien empiezas a quererla sólo para ti, y esto de los revolcones esporádicos con otro molesta. Y el problema era que si le perdonaba esto después me iba a venir con otra cosa,  y luego otra más, y así un día iba a llegar a preguntarme si acaso me molestaría que ella participara en una orgía masiva de una secta apocalíptica, como los europeos que son modernos y abiertos de mente para estas cosas. Pero yo soy chileno y de moderno no tengo mucho. Y ahí estaba Carla70 por teléfono diciéndome que prefería la verdad a las mentiras y  que la perdonara;

-         Yo te quiero a ti- me dijo

-         Y yo te quiero a ti- le respondí.

Y con esa tremenda cagada en la cabeza que me daba vueltas una y otra vez tuve que instalar lo equipos con la cara de mi jefe de diez metros y con esa otra señora ahí posando para salir en la tele. La idea entonces era elegir a una mujer a la que le faltasen dientes, una o dos piezas, depende, y hacer visible su falta de dientes pero tampoco tenía que notarse tanto, o sea, la televisión siempre será la televisión. A veces Roberto me preguntaba cual pobre me gustaba más para tal o cual comercial o afiche, pero esa mañana no me dijo absolutamente nada. Parece que de verdad estaba enojado

    - Muy bien, sonría, sonría. Una más - le dijo mi jefe a la señora. - Muy bien, puede irse. La estamos llamado y gracias por venir.

Y después de hacerle el casting a una docena de pobres más,  Roberto -sin mirarme- me dijo “y tú guarda todo y te vai pa’ la casa. La cagaste pa’ ser flojo e irresponsable”. Y ahí me quedé con mi excusa, que ni siquiera tuve la oportunidad de lanzar. Y no me quedó otra que recoger todo y guardarlo mientras seguía pensando en Carla70 y en su honestidad desconcertante. La verdad que no era más que un trabajo de verano, así que  preocupado por la cesantía estival no estaba. Y además nunca me preocupo mucho por nada. Soy un convencido que las  cosas se arreglan solas, sin hacer ni decir nada. Hay vidas completas que se arreglan solas.

-         ¿Estás triste? – me preguntó Carla70 después de soltar toda su explicación.

-         No, no estoy triste – le dije.

-         Mentira, estás triste. Estas callado.

-         En serio. Te prometo que no estoy triste - Y eso era verdad. Si bien tenía la cagada con el revoltijo de sentimientos, tristeza no era lo que sentía.

-         Entonces sonríe – me dijo Carla70 al otro lado del  teléfono.

-         En serio, estoy sonriendo.

-         No te creo. Por favor, sonríe. Hazlo por mí.

Y mientras en la pantalla de televisión los velociraptores de Jurassic Park I despedazaban el tercer cuerpo de la noche con sus garras de treinta centímetros, sonreí.

MxB

www.elefectogusano.cl

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Mariela Medina E.
dijo :

Me gustó mucho este relato muy urbano, muy chileno, " de lo más que hay".

saludos... 

28/01/2008 a las 18:49
Javiera Muñoz
dijo :


jooooooooooooo

k vida

saludos...en fin no hay mucho k decir.....ya lo tienes todo claro 

28/01/2008 a las 18:49
Mariela Medina E.
dijo :


Me atrapaste con tu novela, "elefectogusano" voy en la pág. 14 y esto se ha transformado en una buena tarde, gracias...

En 1 hora más otro reporte. 

PD:Hay citas notables, jajaj 

28/01/2008 a las 19:05
soyeldiablo
dijo : -----------------
wewewewe



me queda claro,la fealdad de los pobres,veo una malintencionada referencia a los pobres,en su apariencia,en su sonrrisa,en las noticias me fijo en los pobres y adolecen de una dentadura deficiente o carecen de ella,eso explica falta de cultura,de higiene,de tiempo para el cuidado personal.No como los de la television,o los del barrio alto que sellan sus dientes para que no se les carien,y se rien ,se rien en sus palacios a mandibula batiente mostrando 40 dientes las mujeres geneticamente mejores,mire oiga.
28/01/2008 a las 19:53
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