De Bar en Bar
Me dió un beso en la frente y dejó dos mil pesos sobre el velador.Desperté asustada, olvidé prepar el desayuno del día viernes, huevos a la copa, tostadas y café con leche. Me llamó a las diez de la mañana para decirme que me pusiera mi mejor vestido.Limpié bién la casa como para todo el fin de semana, no me gustaba dedicarme a las labores domésticas cuando él estaba en casa. Fuí a la feria, compré unos aros de fantasía para el vestido naranjo, el vestido que Andrés me regaló en navidad, pues le encantaba, le fascinaba que lo acomodara junto a su cuerpo varonilmente opuesto, tenía según él un encanto antojadizo, nunca entendí bién eso del encanto antojadizo, intuyo a mi modo de ver que debe ser alguna especie de encantamiento, cosa de hombres. Casi no comí en todo el día, salir a algún sitio con Andrés siempre era una aventura.Llevábamos casi siete años de casados, una niña de tres años y todo un mundo por descubrir y conquistar. Mi empleo en una revista, una vez a la semana y unas clases de literatura pagaban mis publicaciones de escritora mediocre cada dos años. Andrés se las batia bién en su miniempresa de ingenería, podía pagarme algunos caprichos, como quedarme todo el día en casa escribiendo mientras a mi pequeña la veía Rosita, mi nana. Rosita era buena, trabajadora y alegre, me hacía reir y era mi mejor amiga, nos pasabamos horas conversando y terminabamos limpiando el departamento a medias.Una mañana no vino a trabajar, nunca supe que paso con ella, la busque por todos lados sin saber nada, literalmente desapareció como desaparecen los sueños cuando llevas siete años de casada.Trabajaba bastante en la revista, la casa estaba echo un asco y mi nena lloraba todo el día por la Rosita, a mi marido parecía que no le afectaba, me ayudaba con las labores cuando podía y no reclamaba por nada. No quería a otra nana en casa, nunca le han gustado, eceptuando Rosita. A eso de las cinco de la tarde me llamo Andrés para que llevara a la niña a casa de su madre y que lo esperaba ahi, la lleve y no quise quedarme a verle la cara a la vieja. Regrese para hermosearme para ver si se producia un milagro, estaba tan gorda, pero mi marido nunca reclamó, hace tiempo que no saliamos a carretiar en las noches santiaguinas.Me hacia ilusión ir al Bellavista, estaba de moda en esa época. Rosita siempre me hablaba que su novio la llevaba a la Casa en el monte, de primera creía que era un motel, luego una disco, en fin sería genial descubrir que era. Empece a inquietarme ya eran las once de la noche y el celular no sonaba, no era costumbre que lo llamara, a él no le agradaba, menos a mi. Me atreví y llame, no contestó, espere unos minutos y volví a marcar, apagado, el aparato se le apagó, pense que debió tal vez descargarse la porquería, de aburrida encendi el televisor, el único televisor 29 pulgadas que hay en la pieza, lo odiaba, me distanciada de mis quejas, copuchas y opiniones cotidianas, mientras Andrés gozaba sapiar y eso me causaba celos que me hacían ir a dormir a la habitación de invitados, para soñar con Andrés pretendiendo quitarme lentamente la ropa hasta que despertaba mojada y retornaba despacito a nuestras sabanas que compramos en Buenso Aires para nuestro tercer aniversario. Desde esa fecha que no saliamos de vacaciones. Nació la bebe y a las pailas el romanticismo. Engorde como vaca, más sentada todo el día en el pc, no lograba perder kilos, sólo perdía la atención de mi marido que a esa altura ya ni me reclamaba. Desperté con la musiquita del celular. Preguntaron por la señora de don Andrés Bernotti, - si soy yo.....que pasa-, respondi asustadísima al 133, - su marido está detenido por manejar en estado de ebriedad- dijó el tipo, - a no sé- repondi, - no lo conozco-, fue la única salida a mi ataque de nervios. Volvieron a llamar, les dije que la verdad que era mi ex y que llamaran a su mamá, les dí el teléfono y no supe nada hasta las diez de la mañana cuando llegó mi suegra enojadísima.Me dejó dinero para ir a ver a su hijo y algo de ropa. Fuí con una amiga, tenía bastante miedo, era la primera vez que vivía una situación tan chocante. Andrés era loco, pero borracho jamás. - ¿Que te paso? le pregunté,- se me pasaron las copas en la oficina y me olvidé de nuestro aniversario,cuando recordé que ibamos a salir me desesperé y corrí a 150 k/h-.Me respondió sin mirarme a los ojos.Después de un mes sin tocar el tema me invitó a salir como para remidiar en parte la falta, está vez me dejó más dinero en el velador y le preparé un delicioso desayuno, fuí con una hermosa sonrisa a la casa de mi suegra y lo espere sin reclamar la pequeña tacita de té y las tres gallitas de agua que la señora me ofrecia para que bajara de peso, más la lata de escuchar el típico discursito de ser madre en los 90´. Pude escaparme de la lata cuando a mi nena le dió sueñito, hasta que me quede parcialmente dormida esperando a mi principe azúl desteñido. Sonó el celu, tipin cuatro de la mañana, sorprise my God......la Rosita. - Señora salí a carretiar con mi novio y me encontré, imaginese usted en la casa en el monte a su esposo con unos amigos, se le paso la mano al caballero, se pusieron a conversar, luego a pelear y están presos los dos señora, están presos, puede venir a buscarlos, por fi, no tengo ni uno. Ni uno, ni dos, yo tampoco tengo la más idea, ni plata, ni ganas de ir a buscarlo hasta que amanesca.Estaba choreada, de verdad que estaba enojada hasta con la Rosita, la linda se desaparece y para remate tomando con mi marido, la muy patuda.No le dijé nada a mi suegra, sabía que la agarraría conmigo, sabía que me echaría a mi la culpa, de mi gordura, de que trabajo en algo que no me alcanza ni para la peluquería, que su hijito se saca la cresta, que su post grado, la cuota del auto, el departamento y cuanta estupidez, saldría perdiendo como siempre salgo. Fue así que tome a la niña, la lleve conmigo a la comisería, cara de palo, haber si así al padre del año le daba verguenza y se le terminaba el carreteo que últimamente no le estaba funcionando. Un ojo negro y el hocico roto, ese fue el resultado de la pelea en el barcito, el novio de la Rosita jamás lo ví, desaparecido del mapa, ella la linda también estaba presa, no sé porque me dió la sensación que salieron los dos,que tal vez se veían a espaldas mias, no sé aún tengo mis dudas, la Rosita no me quiso dar la cara, ni la dirección. Hoy cuando Andrés viene los domingo a buscar a la niña, mi pequeña llega contenta y dice que la Rosita la regalonea muchisimo y mi suegra dice que Andrés me extraña tanto que contrato a la Rosita, pero nadie me dio la dirección ni de la Rosa, ni de Andrés.Lo único que tengo claro Doctora es que debo bajar de peso, buscarme un empleo completo y salir de bar en bar.







...si puedes escoger mejores lugares para pasarla bien.El cine, el teatro, el campo, las playas o Arica.
Pero ir de bar en bar para olvidarlo?..no, no.
Y la Rosita...mmm, nada que hacer.Así es la vida, salió ganando esta vez.
Buen cuento urbano.
Un abrazo amiga.
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Movimiento Ola Verde
me gusto...
:)
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LiRio, Una más del montón
http://dlirio.blogspot.com
relato Anita, lo mejor es que es de una realidad asombrosa.
Cuántas Rositas y Andrés andarán de fiesta por ahí ?..ufff
en todo caso, concuerdo con Puma, jeje.
Saludos y un abrazo amiga
como siempre no más, ud. sorprendiendo
Estupendo relato Anita, eres muy versátil, me gustan tus cuentos...están llenos de desbordante y certera realidad, vidas que caminan con el desencato a cuestas, el amor olvidado en el recuerdo del ayer..., y hoy anclado a las espinas de Rosita...Buena retórica el final...
Hay una canción de un grupo español, Gabinete Caligari, que dice más o menos así: "Bares, que lugares, tan bellos para recordar, no hay, como el calor del amor en un bar..."
Bares, lugares de información, de ocio, de tertulia, de copas...de...amores...todo depende lo que se busque y el uso que se haga de él...
Saludos...
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wewewewe
y empinar el codo solo
meditar sobre la vida sobre todo
me gustan los bares por su silencio o su algarabia
me gustan los bares y no es porfia
aveces el barman no me fia
me gusta tomarme un pipeñodel bueno
y en eso pongo harto empeño
despues salir afuera y que te agarre el aguacero
con esmero
caminar tambaleando rumbo al hogar
como barco en la tormenta
no se quien se lamenta me gustan los bares
por su olor a cigarro,aunque no fumo
me hace toser el humo
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anitamontrosis
Gracias por los comentarios, a veces los finales no son del gusto de todos, pero aquí la protagonista debía vivir y sentir en parte lo que el hombre de su vida vivió. Nada se pierde, no tiene porq ser una tipa loca solo por el hecho de experimentaR lo que puede o no suceder en un bar, aunque yo que ella hubiese tomado otra desición que no viene al caso contar, es por supuesto personal, pero lo hermoso de un cuento es el relato en si, como fluye, como se desarrolla la historia y q en un momento x puede desviarse y zas dejarnos plop.
Anita