EDUCACI??N ¿qué educación?
Enviado por augusto cortes
el 27/05/2006 a las 0:06
Mucho paño que cortar habría en este tema si quisiésemos complicar las cosas, como más de alguien trata de hacer al poner en valor temas paralelos como la administración o metodologías pedagógicas, incluso leguleyismos asociados a viejos privilegios docentes que sólo perpetúan el statu quo de decadencia in crescendo de un sistema a todas luces en crisis.--break-->
Menos, si vamos derechamente a la especie -árbol que se pretende esconder, inventariando el bosque entero- en lugar de perdernos por las ramas.
Poco o casi nada importan las modalidades, dependencias, extensión o metodologías que se empleen para transmitir la muy necesaria formación que prepare a los nuevos chilenos para enfrentar con éxito la vida en un futuro que tal vez ni imaginamos qué pueda depararnos y, por tanto, difícilmente podamos siquiera prever qué competencias científicas y tecnológicas pudiera requerirnos un mundo en tan acelerado cambio como el mundo en cuya continua construcción nos toca participar.
Poco o nada pueden servirnos destrezas y competencias que mañana mismo o en breve tiempo podrían estar tan obsoletas como la regla de cálculo, que hace 30 años motivaba un semestre completo de sosos talleres, precioso tiempo penosamente malgastado en la inconciencia de su fatal inutilidad. Poco o nada pueden servirnos categorías que se desmoronan a ojos vista, habilidades cada día menos requeridas, oficios en extinción, carrreras que ya no llevan a ninguna parte, especialidades agonizantes.
Debemos repensar nuestra forma de transmitir el amor por el cultivo de la inteligencia, del pensar correctamente, del hacer el mejor uso de aquello que nos diferencia de los seres que llamamos inferiores: la razón, esa cualidad que nos hace descubrir la solución al problema que se nos plantee porque hemos aprendido a planteárnoslo correctamente.
Ningún problema tiene acertada solución si no se plantea correctamente, y éste parece estarse formulando en términos periféricos al meollo de la cuestión, al irse por aspectos formales o técnico-administrativos.
Poco o nada importan quién o cómo o cuándo o cuánto se enseña. Lo que verdaderamente importa es el què se enseña, qué vale la pena aprender para sacarle partido a lo más humano del ser humano que se espera formar, o, mejor, ayudar a formarse. Porque mal piensa quien cree que un ser humano es como una botella que se llena de conocimientos papagállicos, cuando lo que realmente es es una inteligencia que comprende las razones de su alrededor e interpreta correctamente las señales de su entorno, que a partir de unos pocos datos imagina acertadamente el resto. Nadie tendrá nunca el total de la información acerca de nada, pero una mente verdaderamente bien formada completará acertadamente el enigma ante sí, hallando en sí misma la respuesta, que eso es inteligir: entender dentro de sí mismo.
Y ese ejercicio de la facultad intelectiva se adquiere con el estudio y cultivo de las humanidades, columna vertebral que estructura el desarrollo de la cultura humana. Sin ellas no somos más que depósitos de recetas conocidas,de ideas ajenas, archivadores con ropa.
Debe reconsiderarse los pretenciosos "programas" ministeriales, obesos mórbidos de fatuo enciclopedismo cientifista, diseñados para autocomplacencia de los "expertos" del ministerio. Debe eliminarse mucha paja inútil y ocuparse más del grano, lo que verdaderamente importa y sirve para toda la vida: aprender a razonar de verdad. Todo lo demás viene después y se aprende solo, sabiendo eso.
A.
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