Lionel Henriquez

Jesucristo

JESUCRISTO Entre las cenizas de tu alegría yacían tus ojos prisioneros. Los dolores se protegían con lluvia en la mirada de espinas virulentas. Viajaste por átomos de luces embriagadoras hacia las páginas no escritas de la historia, para dejar en ellas tus manos, tu costado como mensaje a intelectos moribundos. En vuelo por los nichos del tiempo recogiste en tu pecho la tristeza del hombre solitario, errante, vagabundo, con piernas hiladas a la Cruz del Sur de su Universo. Entre la arena y las columnas del horizonte navegaron hasta el continente de la vida con sol y los remos de tu bondad quienes se volvieron niños a la sombra de tus maderos. En la vereda alumbrada con tus parábolas, abrazado escuchaste al desesperante intérprete de la vida y la muerte, orador, con tu nombre tatuado en sus labios. Sonaron las campanas haciendo eco entre los pasillos de todas las constelaciones observantes del hombre y volviste al Padre con una lágrima en tus ojos. ©lionel
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