¿Aun piensan que por comer carne tenemos un cerebro más grande?
La importancia de la dieta en la Evolucion Humana20 a un 25%, frente al 8-10 % que destinan los primates no humanos. Está claro que no se podría haber desarrollado un cerebro tan grande si se hubiera mantenido la misma dieta. Hubo que recurrir cada vez más a alimentos en los que las calorías y las proteínas estuvieran muy concentradas.
Los primates han seguido fundamentalmente dos tendencias evolutivas en cuanto a su estrategia de alimentación.
Algunas especies han optado por consumir alimentos vegetales fácilmente accesibles, pero pobres en nutrientes y en contenido energético, por ejemplo hojas maduras. En consecuencia deben comer grandes cantidades de éstas y poseer un sistema digestivo capaz de asimilar bien los nutrientes. Los tubos digestivos son largos y alojan muchas bacterias capaces de digerir la fibra vegetal.
Otras especies han optado por consumir menos cantidad de alimento, pero más rico en energía y nutrientes, y prefieren los frutos y las hojas tiernas. Sus tubos digestivos son más cortos y no digieren tan bien la fibra. Estos alimentos son más raros y difíciles de obtener. Para conseguirlos, el cerebro tiene que trabajar más: debe recordar dónde se encuentran los árboles que poseen frutos comestibles y cuándo maduran, debe aprender a observar signos de su presencia, como el revoloteo de aves sobre los árboles, debe desarrollar formas de comunicación con otros individuos para organizar las búsquedas de alimentos. ¿Adivináis cuál es la estrategia que han seguido los antecesores del hombre?
Se ha podido establecer, entre los simios actuales, una correlación bastante clara: a igual tamaño corporal, las especies que se alimentan de frutos y brotes tiernos tienen cerebros mayores que las que se alimentan de hojas. Aparece un claro ejemplo de retroalimentación: un cerebro grande permite una mayor eficiencia en la búsqueda de comida, lo que a su vez permite que crezca el cerebro, que es un órgano que necesita consumir mucha energía para funcionar.
Se supone que los primeros homínidos proceden de formas semejantes en su estrategia alimentaria a los chimpancés (que son también los que están más próximos genéticamente a nosotros). A diferencia de los gorilas, que comen grandes cantidades de hojas que fermentan en sus grandes barrigas, los chimpancés comen muchos frutos y brotes tiernos, y complementan su dieta con insectos y la caza ocasional y cooperativa de algún animal más grande (la materia animal tiene mayor densidad energética y de nutrientes esenciales que la vegetal). Los australopitecos parecen haber compartido los hábitos alimenticios de los chimpancés. Tenían dentaduras fuertes, adaptadas para triturar alimentos vegetales, sobre todo los australopitecos robustos, que debieron vivir en las sabanas más despobladas y debieron recurrir a vegetales duros y fibrosos.
Con la aparición del género Homo, hace unos dos millones y medio de años, cada vez es más importante el porcentaje de materia animal en la alimentación. Los dientes se hacen cada vez más pequeños y las mandíbulas más débiles, señal de que se consumía carne despellejada por medio de herramientas de piedra, y alimentos vegetales tiernos, algunos de ellos posiblemente procesados por el fuego. La vida en las sabanas abiertas, donde escasean los frutos, hizo que se recurriera al alimento animal, que abundaba, ya que se desarrollaron grandes rebaños de herbívoros (al mismo tiempo evolucionaron terroríficos depredadores que tuvimos que aprender a evitar).
Los primeros miembros del género Homo, recurrirían sobre todo a la carroña, y también a la caza coordinada de pequeños animales. Recientes estudios han sugerido que otra posible fuente importante de alimentos ricos en proteínas y energía pudieron ser los moluscos y crustáceos, en zonas costeras. Posteriormente, se adoptaron tácticas de caza cada vez más complejas y eficientes (los neandertales por ejemplo llegaron a cazar animales del tamaño de rinocerontes lanudos y mamuts). Las tendencias que prosiguieron, con la ganadería y la agricultura, fueron en la misma dirección: seleccionar los alimentos más ricos en nutrientes y garantizar su disponibilidad y bajo esfuerzo de recolección.
Se puede decir que los homínidos hicieron todas estas cosas, fundamentalmente, para alimentar a sus cerebros, que cada vez tenían requerimientos energéticos mayores. El tejido cerebral consume unas 16 veces lo que gasta el tejido muscular por unidad de peso. Aunque la relación del tamaño cerebral con el peso corporal sea en el hombre el triple de la de los otros simios antropomorfos, el metabolismo basal es prácticamente igual. Ello significa que el hombre destina una fracción mayor de su energía a mantener el cerebro: de un
También se puede decir, inversamente, que el cerebro se desarrolló cada vez más y adquirió capacidades más complejas, para adoptar tácticas alimenticias cada vez más eficientes. La fuerza que movió la evolución humana durante algunos millones de años fue la mejora de la capacidad de conseguir alimentos, que sin duda determina la vida o la muerte en un entorno seco, cambiante, con alimento disperso y móvil, y con la presencia de innumerables competidores y depredadores poderosísimos. Los homínidos inventaron herramientas para obtener alimentos que antes estaban fuera de su alcance, usaron el fuego sobre todo para mejorar las propiedades de los alimentos, desarrollaron formas de cooperación y comunicación social para conseguir una caza más eficiente y dividieron el trabajo en función del sexo y la edad para conseguir un suministro estable y variado de alimentos.
Todo esto no significa que cada vez debamos comer más alimentos ricos en grasas e hidratos de carbono refinados para seguir con la tendencia natural de la evolución de nuestra especie y aumentar aún más el tamaño de nuestros cerebros. Ahora consumimos más alimentos ricos en energía que nunca en nuestra historia y debemos recordar que todavía, nuestro sistema digestivo y nuestro metabolismo, están adaptados a consumir sobre todo alimentos vegetales. La carne fresca y el azúcar eran premios relativamente raros para nuestros antepasados, no la norma diaria.
A pesar de ello, una comparación de nuestra dieta con la de diversas culturas de cazadores recolectores actuales revela que no es determinante el número de calorías totales y el porcentaje de carne sobre diversos parámetros clave de la salud, como el índice de colesterol y el de masa corporal. Sí influye mucho el porcentaje de energía que se quema y el tipo de grasas que contienen los alimentos. No existiría una dieta única a la que los humanos nos hemos adaptado en la evolución, sino una variedad de dietas en función de las condiciones ambientales y el grado de actividad de cada comunidad.
Bueno, a cambiar la dieta entonces, porque ya no necesitamos comer carne, además nos hace mal y es cara.
Saludos.
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Al menos los carniceros que yo conozco lo único que tienen grande es la Guata ;)
Saludos amistosos, Katina
Otro mundo es posible. Comienza a cambiarlo dejando de comerte a los animales. (Katina)
Y te felicito, Fernando, por tan excelente aporte...
En todo caso no creas que aquí convenceremos a nadie...
Pues a nadie le interesa que dos más dos sean cuatro...
Si el resultado debe ser otro para que puedan continuar comiéndose a los animales no dudes de que incluso te quemarán en la Hoguera para que, como Galileo, abjures... :(
Saludos amistosos, Katina
Otro mundo es posible. Comienza a cambiarlo dejando de comerte a los animales. (Katina)
Fernando
El exceso de carne pudo haber atrofiado mi cerebro, pero por lo que leí, lo que queda claro es que dentro de la evolución alimenticia desde una dieta abundante en fibras complejas (celulosa, lignina) y pobres en nutrientes hacia alimentos ricos en nutrientes (frutos, brotes, carne) disminuían las cantidades ingeridas.
Me pareció entender que la idea propuesta era reducir el consumo de carne a un nivel parecido al que actualmente poseen los chimpancés, no que debamos eliminar el consumo de carne.
Pero bueno, uno entiende lo que quiere entender, yo he propuesto aqui en varias discusiones sobre la necesidad de alimentarse de la manera mas sustentable posible, lo que en ciertas situaciones incluye un consumo moderado de carne. Quizas por eso entendí lo que entendí, otras personas parecen entender según les dicta su religión o ideología de turno.
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Jorge Muñoz Camadro
Este es un articulo informativo que señala una opinion que es compartida por muchos, rechazada por otros tantos y tambien es indiferente a algunos otros, y cada uno va a sacar sus propias conclusiones segun como lo entienda, la capacidad de decision es privilegio de pocos, de quienes dejan sus intereses de lado por el bien de otro, eso subjetivamente hablando, pero objetivamente lo que se desprende es que la carne no es esencial para vivir y seguir evolucionando comiendola en las cantidades exageradas que hoy en dia la gente lo hace, y para que hablar de los metodos que se utilizan para que se disponga de ella facilmente y obtener ganancias de esos productos, y esto ocurre en muchos ambitos de produccion de insumos y alimentos, como ya saben todos.
En el fondo el problema no es lo que comes ni lo que usas, sino el método usado para que ese producto llegue a tus manos, que cuando se haga de una forma sostenible y sin daños colaterales hacia el planeta y otros seres vivientes a lo mejor yo, personalmente estaría de acuerdo, espero que llegue el dia en que todo se realice de forma clara y transparente tambien.
Saludos.
Te felicito por tu post súper interesante, claro, contundente
Saludos cordiales
Ignacio