Paola

"Fugaces Sensaciones de la Vida"

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      Nunca me he convencido que la vida se nos pase trabajando, lo que no es malo, pero he tenido la intuición que la vida es más allá de los trabajas mecánicos, de trabajar de vendedora de mall, de telefonista, de chofer, de nana. Tengo la intuición que vivir es cuando sentimos, lo digo en el sentido, de cuando usamos verdaderamente los sentidos y de verdad vemos, oimos, olemos, tocamos, y, por su parte,  en el plano intelectual, no sólo razonamos, sino que "comprendemos".

      La vida se nos manifiesta cuando escuchamos música y esta nos hace bailar, nos hace llorar. La vida se nos manifiesta cuando vemos a dos niños echando una carrera, con sus delantales escolares y sus zapatones de colegio, llegando a la meta y levantando sus brazitos  para decir gané. Cuando vemos a gente que por algún motivo no está en sus trabajos  aunque es hora de trabajo, y se están besando en el escaño de un parque. La vida es sentir los humores de la gente en las micros, y de paso sentir su humanidad, su mal holor. La vida es percibir los malos entendidos entre empleados enredosos que no simplifican las cosas, sino que agrandan pequeñeces, mezquindades, mentiras, celos, envidias. La vida es experienciar el sinsentido de la misma y sentir el corazón apretado queriendo amor, afecto de otros. Es claro, no es más que los trabajadores tienen un escapadita y empiezan hablar de lo que realmente les importa, de su familia, de sus amores, de sus sentimientos.    

     Cómo adaptarse, entonces,  a este sistema tan perverso, tan aburrido, para la verdadera naturaleza humana. Cada día, para que se mantenga,  hay que renovar ese subsuelo de los qué haceres básicos, manejar, barrer, lavar platos y tasas, debe existir este grupo de humanos albañiles del diario vivir. Me acuerda de Un Mudo Feliz de Aldous Huxley, con esta sociedad jerarquizada, enrolada y completamente inhumana.

    Ahora, en Santiago, ya se volvió a la rutina y los momentos vitales son menos y más cortos, aunque no sé si menos vitales. Aprovechar esta lucidez que de vez en cuando nos visita es la finalidad. Abrirnos a ese jardín, que a veces  logramos ver lleno de colores destellantes, esa poesía que brota de nuestra boca, esa sonriza o esos ojos  que se nos  ofrecen como mirada infinita y curiosa, esos zapatos gastados del niño pobre, esa mano arrugada, megruzca de la anciana que pide monedas, ese vendedor de lapices a quinientos pesos, sentir el olor a tierra mojada que sale del jardín de  una casa recien regada, sentir la tersura de la piel infantil... en fin, eso,sí es vida.

 

    

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Haroldo Miranda
dijo :



Después de leer tu artículo, quedé pensando y me resultó la pregunta al revés. Pero fue un juego. Al final, la vida es la vida, con la humedad en las narices atravesadas por el aroma de la tierra y la enésima boleta que emitir a un cliente de supermercado.

Un abrazo

Haroldo Miranda 

05/03/2008 a las 23:43
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