Eleazar Ojeda Salamanca

Tribus Urbanas

Podría denominarse confusión el concepto que da vuelta en mí cabeza durante estos últimos días, luego de observar la mediática aparición de las llamadas "tribus urbanas" en nuestro medios de comunicación. El origen de esta confusión, radica en la incredibilidad de leer en la realidad lo que un texto plasmaba en el papel hace unos 9 u 10 años atrás. En ese momento, leí un texto que describía una situación, que en su instante, encontré alejada de la "realidad" y hoy asocio plenamente a los acontecimientos que están ocurriendo en nuestra país. Era el debate entre la modernidad y la posmodernidad. Este debate planteaba, (resumiendo el tema de forma burda) como las categorías analíticas que habían imperado en el mundo racional, construidas desde la ilustración hasta nuestros días, dejaban su paso a la eclosión de grupos diversos que no eran visibles en el mundo moderno y cobraban relevancia en la estrucuturación de una sociedad multicultural. Movimientos de reivindicación de genero, étnicos, tribus urbanas., aparecían de la "nada" y eran actores protagónicos de un mundo en el cual la diversidad, la tolerancia y la democracia partían por asumir que la condición de convivencia necesaria para construir una sociedad para todos era ponerse en la lógica de compartir un espacio con aquellos grupos desterritoralizados durante mucho tiempo en nuestra sociedad. En su momento, estos planteamientos me parecieron muy atractivos, aunque en la práctica no apreciaba ningún cambio significativo como aquellos que se planteaban en este texto. Paradójicamente, hoy reivindico un discurso posmoderno, siendo que durante un tiempo desconocí su importancia cegado por el atractivo de las certezas racionales que operaban en mi ser. Este nuevo esquema teórico, que se transforma en la ventana por la cual miro el mundo, me permite comprender y reflexionar en torno, a la real gravitancia y singularidad de las tribus urbanas. Históricamente, estos movimientos tienen raigambre extranjera y sus referentes más publicitas se anidan en Chile en plena dictadura pero cobran efectivamente notoriedad en la década de los noventas con el advenimiento de la democracia. Sus lógicas de funcionamiento son muy complejas, no reivindican discursos reduccionistas ni líderes icónicos permanentes. En ocasiones son muy eclécticos y más de alguna vez contradictorios. Responden a realidades adaptadas a nuestros contextos culturales y son de un atractivo más que poderoso para jóvenes que construyen identidad imitando referentes en los cuales los niveles de compromiso están determinados por la fidelidad del momento. Tratar de comprender estos movimientos con lógicas discursivas reduccionistas hijas de la modernidad, sería un pecado capital, debido a que su hetereogeneidad impide encontrar patrones de funcionamiento regulares que permitan observar y analizar su comportamientos. Todas posibilidad de predicción queda objetada, como también instancias de transformación. Sus líderes mutan rápidamente y un día pueden ser fervientes fanáticos de una tribu urbanas y al otro el enemigo más acérrimo no teniendo el más mínimo sentimiento de culpa por tal conducta. Los valores clásicos de la modernidad no son capaces de reducir este movimiento a una cadena lógica de categoría de análisis racional. Por lo tanto, la certeza, en estos casos, es una aspiración cada vez más lejana. Queda solamente observar, comprender y reflexionar asumiendo un mirada muy amplia y tolerante. Desprejuiciandonos y generando espacios de diálogo y tolerancia. Puesto que, cualquier intento de exclusión y represión trae consigo la reivindicación de algunos discurso violentos que subyacen en ocasiones en una minoría de tribus urbanas.
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