Psicomagia
Amanecía. Ya era tarde para resolver el problema, la biblia, el ocultismo, el tarot, las drogas psicodélicas, nada le resultaba satisfactorio. En una jaula especial hecha de magia, o por lo menos así él lo quería ver, volaban infinitas mariposas. A él le gustaba perderse en su contemplación como nosotros nos perdemos en los sueños, pero no había tiempo para eso, no había tiempo para respirar. Las construcciones egipcias desfilaban por su mente como una caravana de elefantes. El pobre hombre, con su alfabeto hebreo, sus versos homéricos, y toda las sinfonías que como manantiales brotaban de su corazón, el pobre hombre hecho del barro del paraíso, a pesar de todo no podía amar. Esa emoción que lo transforma todo, el paisaje, la luna, él no podía sentirla en su tremenda vacuidad. Y entonces sin dormir, ese mismo día fue donde un psicomago, del que le había hablado un conocido. Y esto, amigos míos, fue lo que le recetó:
El veintidós de ese mes, noche de luna llena, debía de correr desnudo por el campo y aullarle a la luna, correr y saltar toda la noche como un hombre lobo, acto seguido apenas clareara el día debía dirigirse a su casa, cubrirse enteramente el cuerpo de polen y miel y abrir la puerta de la jaula de las mariposas. No contento con eso, me refiero al psicomago, exigió el pago inmediato de siete mil dólares. Como era de esperarse ante semejantes barbaridades, el pobre hombre, después de hacer el acto de “magia” de pagar los siete mil dólares, y de seguir al pie de la letra las instrucciones que antes relaté, el hombre no logró nunca recuperar su capacidad de amar. Siguió con sus estudios de letras y arquitecturas góticas y demases.
Un hecho anecdótico: Las mariposas nunca salieron de su jaula.
Publicidad por Bligoo.com







Muchas veces, soñamos con un amigo que no vemos desde hace tiempo y al día siguiente nos lo encontramos en el lugar más inusual. O vamos al teléfono para llamar a un amigo o un pariente y el teléfono repica en ese instante y es él quien nos llama.
Nada ocurre por casualidad, como han demostrado la psicología humanista y la física cuántica. Ni siquiera existe la casualidad como tal.
El psicólogo suizo Carl G. Jung y el Premio Nobel de física (1945) Wolfgang Pauli colaboraron en el desarrollo de una teoría de las coincidencias que bautizaron con el nombre de “Sincronicidades”. Jung creía que estos eventos eran indicativos de cómo nos interconectamos los seres humanos con la naturaleza en general y con otros seres humanos en particular, a través del inconsciente colectivo.
Cada carta del Tarot posee un significado que se relaciona directamente con estados del alma y circunstancias y tipología de personas. Es inespacial y atemporal, pues nos conecta con circunstancias del pasado, presente y futuro. De acuerdo con la teoría de Jung, los Arcanos del Tarot representan arquetipos que sugieren aspectos de la vida. Por ello nos remiten no sólo a lo inmediato, lo evidente; sino que representan las experiencias de la persona, sus propias pasiones, deseos y motivaciones inconscientes, ya que los símbolos reflejan directamente lo que hay en nuestras memorias atávicas y memorias de nuestra vida individual. Cuando seleccionamos y extraemos una carta para representar una situación o persona, el principio que opera es el de sincronicidad. Extraemos la carta justa para decirnos aquello que debemos saber, aquella cuyo simbolismo responde a nuestra pregunta.
Durante el taller, se describen las propiedades de cada una de las 22 llaves de la conciencia que son los Arcanos Mayores, su uso arquetípico y su aplicación en la clarificación de conflictos psicológicos o emocionales. A través de la lectura de las cartas del Tarot, Cristóbal Jodorowsky identifica el conflicto y propone una solución psicomágica. Puede ocurrir en el mismo seminario que se produzcan lecturas de los árboles de la familia o se practiquen rituales de psicochamanismo.
Inscripciones disponibles en www.psicomagos.com
Más información: +689 691419
psicomagos@bigtime.com.mx
Se llevará a cabo los días 12 y 13 de marzo de 2011 en Cercedilla.