Paola

Hoy es la Vispera y Mañana: el Día de la Mujer !!

           En realidad, de esas convenciones esperadas, de los días que celebramos en el año, valoro muy pocos. El día de la raza, el día de los profesores, el día de los trabajadores y por su puesto el día de la mujer. Ciertamente, sólo valoro aquellos que han sido ganados históricamente, por un movimiento social, por un cambio social. Cómo celebrar el día del niño, o el día de la madre o la navidad si son una invitación directa a consumir en extremo.

          A mi me gusta el día de la mujer, porque para reconocerlo las mujeres lucharon.  El día internacional de la mujer se refiere a las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre. El ocho de marzo hace referencia a los hechos que sucedieron en esa fecha en 1908, donde murieron calcinadas  146 mujeres  trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York. Lástima que este hecho, más bien se ignore y menos aún se signifique.

         Pero qué son las mujeres para mí. Qué denotan y qué connotan. Bajo su presencia no dejo de admirar su belleza, su tersura, su gracia. Me gusta mirar en el metro a las mujeres con sus cuerpos apolineos, sus pelos enrizados, tomados con un moño, verles sus manos suaves y sus uñas, ver su color de piel, olerlas,  verles  el escote y sus tacones.  Me gusta cuando entrevistan a esas mujeres madres que piden justicia por sus hijas que han sido maltratadas y hasta muertas por un hombre. Me gusta ver a las pobladoras y a las temporeras, conversar con las dueñas de casa y entender su sentido común.

          Cuando pequeña, por esas extrañas circunstancias de la vida de cada cual, me crié con tres tías y tuve tres amigas. Ahí  se me manifestó la femineidad entendida como seguridad, como sacrificio, como pudor, como cuidado y respeto de sí misma, como amor de tías y de madre. Mi mamá era la hermana menor de mís tías , recuerdo que me traía la leche los fines de semana mientras ella trabajaba el resto de los días. Por su lado, mis tías hicieron una sólida casa en el Cerro Placeres de Valparaíso. Eran mujeres maduras, ejecutivas del siglo XX, que recibían jubilación cuando otras mujeres sufrían en Chile de pobreza extrema y eran violentadas por su maridos alcoholicos y trastornados. Mis tías eran mujeres de bien, un poquito conservadoras, pero ese mismo conservadurismo les llevo a mantener un mini sistema y una política de la casa. Ahora que lo pienso, eramos otra forma de familia, de esas a las que se hace referencia ahora. No había un hombre jefe de hogar.

            Mi tía Agripina era la jefa, la guerrera, la que me persuadía con una papita con mantequilla y tenía una cartera grande, negra donde guardaba el cuaderno de la casa y anotaba cada peso que gastaba la casa. Para mi tía, la casa, era otra integrante, en este caso abstracto, de nuestra familia. Por su parte, mi tía Agueda era las reglas, la tía estricta que me retaba todos lo días porque sacaba mucho confort del baño y lo dejaba tirado, así como lo hace cualquier niño, pero ella no lo soportaba y vociferaba mi error, como una falta grave. Por último mi tía Aglae era el amor y el cariño, le gustaba tenerme cerca, tocarme y abrazarme, me sentaba en un sofa y me hacía cariño mientras todas, en el living,  veíamos Bonanza o El gran Chaparral.       

       Por otro lado, estaban mis amigas, tan graciosas, tan hermosas. Deplegabamos ternura y belleza cuando nos juntabamos, puras niñitas, coquetas, amorosas, dulces. Mi amiga Pamela, siempre fue viva y autónoma, a mí me llamaba la atención porque en su casa sus padres trabajaban y ella se quedaba sola con una nana  que nos dejaba hacer cualquier cosa.  Estabamos en quinto básico y mi amiga ya había besado a un compañerito en un acto furtivo y de telenovela. Mi amiga Natacha era como una princesa para mí, tan blanca y delgada, con su pelo colorín y su naríz respingada, su voz suave y su ingenuidad. Por fin estaba yo, críada por mis tías, de uniforme largo, y peinado a lo paje, siempre acompañada por mis tías... observándolo todo, sintiéndolo todo.

       Después, las cosas se me enredaron. Me codié y me enamoré del género masculino, de los hombres príncipes y de los intelectuales. De ellos, que tienen todos los otros días para celebrar.

      Ahora me llaman la atención mis amigas. Las mujeres coetaneas que son madres y ejecutivas; esposas y amantes; jovencitas y sensibles; trabajadoras y jugadas;  fuertes y dulces; arriesgadas, libres, conscientes, críticas, locas, vulnerables. Cada una un poquito  Eva, un poquito Afrodita, un poquito Frida Khalo, un poquito Violeta Parra, un poquito Simón de Bouvear, un poquito Cesaria Evora, un poquito Gabriela Mistral, pero, antes que nada y nadie, siempre ellas mismas.

     Saludos, entonces, a la mujeres que pasaron y a las que vendrán. Espero que nuestra potencialidad reine no sólo en el interior de una casa, ni detrás del otro género, ni desde el sentimiento, ni la racional política. Espero que invada más aún las calles, las ciudades, los trabajos, los discursos. Y más que en cantidad o que en un rol, que sea en el contenido y en el espíritu de la vida. Que crezca como musgo, como hiedra y como mala hierba también, que sea poder, barbarie,   amabilidad, amor y belleza.   

Publicidad por Bligoo.com
Maria LLácer
dijo :

Hasta hace relativamente muy poco, la mujer sólo era vista en función del varón; y éste veía a la mujer según seis modelos: el de madre, el de hija, el de esposa, el de amante o “querida”, el de sierva . La mujer carecía de poder en todos estos modelos, pero, paradójicamente, , dependiendo de lo elevado de su posición, la mujer podía alcanzar cierta independencia del varón, y hacerse con cierto grado de poder manipulativo.

La sociedad de varones no veía a la mujer de ningún otro modo fuera de esos seis patrones; lo malo es que la sociedad de mujeres, tampoco. Si una mujer osaba verse a sí misma fuera de esos roles y con capacidad de alcanzar independencia, prestigio y poder, era expulsada del ámbito social tanto por los varones como por las mujeres, quienes sólo podían verla como desviada o loca. Una mujer que por su inteligencia, por sus conocimientos, por su arte o por lo que fuera, destacara, era inmediatamente integrada en el prestigio de algún varón, ya fuera su padre, su amante, su esposo, su hijo, etcétera; quien recibía el reconocimiento en su lugar. De ello tenemos múltiples ejemplos a lo largo de la historia; ejemplos que dan cuenta del sistema y de la invisibilidad forzada de las mujeres en los diferentes campos del saber, de las artes, y demás ámbitos públicos. En algunos momentos a lo largo de la historia, algunas mujeres valientes que no quisieron renunciar a sus vidas, a su libertad, y a su lucha contra el sistema, debieron hacerse pasar por hombres para lograrlo; valga como ejemplo el caso de Concepción Arenal, quien tuvo que vestirse de hombre para acceder a la universidad, y de esto no hace tanto tiempo: finales del siglo XIX
Actualmente, muchas cosas han variado -si bien no todas, ya que la discriminación salarial y de otros tipos, persisten en nuestra cotidianeidad- y, lentamente, las mujeres vamos ocupando el lugar de igualdad que nos corresponde, aunque la ocupación de estos lugares no siempre se haga preservando nuestra identidad, sino transformándonos en monas de imitación del varón, lo cual nos denigra, ya que renunciar a la propia identidad es lo peor que le puede suceder a alguien; pero volviendo a la discriminación y a lo que nos queda,  es en las tareas domésticas y en las áreas ejecutivas en donde vamos con más retraso. En las primeras -tareas domésticas-, escucho una y otra vez entre las mujeres hablar de “la ayuda en casa del varón”, expresión falaz ya que las tareas no son propias de la mujer, de manera que no hay que buscar “la ayuda del varón”, sino que el varón desempeñe su parte en las tareas del hogar que son de ambos, y que lo haga responsablemente. Y en las segundas –tareas ejecutivas-, tenemos que deshacernos del chip del desvalimiento y de la búsqueda de discriminaciones positivas y luchar desde el esfuerzo, el trabajo, la formación, la dedicación y la competitividad. ¿Cómo es que Concepción Arenal y otras muchas pudieron lograrlo venciendo todos los grandes obstáculos que tenían a su alrededor, y nosotras tenemos que recurrir a leyes y ayudas de discriminación positiva? ¿Tan débiles y pobrecitas somos? ¡Nada de eso!. Si nos asusta la lucha, el esfuerzo o carecemos de inteligencia y talentos, entonces quedémonos en casa de esclavas mantenidas y no nos quejemos; y si la inteligencia y los talentos forman parte de nuestras facultades naturales, cultivémoslos y desarrollémoslos; porque es muy fácil echarle la culpa al sistema de nuestros errores y fracasos o de nuestras incapacidades. De manera que leyes de igualdad sí, pero coraje, valor y constancia en la transformación propia también.

Otra cosa interesante al hilo de lo doméstico es la especialización de la mujer como cuidadora, oficio que la mujer ha desempeñado a las mil maravillas en todos los modelos arriba reseñados. La dinámica del cuidado ha sido el campo de desarrollo por excelencia de la mujer en función de las necesidades del varón, incluyendo el cuidado propio. Las mujeres somos expertas en cuidados, lo hemos sido siempre; desde que el mundo es mundo hemos sido las cuidadoras por excelencia: cuidado de los hijos, del esposo, de los padres ancianos,  Y también de nosotras mismas… Y no está mal esta superespecialización en el cuidado. Cuidar es algo necesario para el bienestar físico y emocional de los demás y propio… Lo que ya no está tan bien es que lo de cuidar se haya convertido en un monopolio de la mujer en función del hombre mientras que el varón va por ahí descuidándolo todo, descuida a los hijos, a sus padres, a su esposa, y hasta a sus calzoncillos… Es muy positiva esta faceta y virtud del cuidar, pero deberíamos aprender a educar a los niños varones en ella también, porque, admitámoslo: las normas y pilares del sistema machista son transmitidas principalmente por nosotras mismas, y si no dejamos de ser agentes transmisores de tan nefasto sistema, éste seguirá perdurando eternamente. Además, ¿acaso no es una función del varón saber ser padre, hijo, esposo, amigo, él mismo? Pues el ejercicio de esa función implica necesariamente también el conocimiento y la aplicación del arte de cuidar. Si los varones supieran cuidar de sí mismos, de sus parejas, de sus hijos, etcétera, como saben cuidar de sus aficiones y cosas, ya sean aparejos de caza y pesca, armas, coches, deportes, trabajos, etcétera, la vida sería mucho más grata para todos.

Decía que lo del cuidar es algo muy valioso para la mujer, y es cierto, pero deberíamos ejercer los cuidados en función del bienestar y la felicidad propia y ajena en lugar de ejercerlo en función del descanso del guerrero. Y no estaría mal que “los guerreros” aprendieran a hacer lo mismo. En nuestras manos está.

Co mucho cariño desde España Maria

07/03/2008 a las 14:15
Coca
dijo : -----------------


mañana como hoy, como siempre..

HOMENAJE PÓSTUMO A TODAS LAS MUJERES,

A LAS QUE LES CEGARON LOS OJOS .

A LAS QUE NO CELEBRARAN NADA..PERO ESTARÁN EN LA MENTE Y EN EL CORAZÓN DE LOS QUE AÚN VIVEN.

mañana como hoy,

me celebraré yo misma, recordaré a mi madre, a mis abuelas, a mis bis, a mi hijita..

pero no podré evitar recordar ( AMANDO ) a,

Mi padre, mis abuelos, mi hijito.

Circulo infinito de amor verdadero, cadena indisoluble cuando existe como tal..

EL DIA DE LA MUJER / EL DIA DEL HOMBRE

Ambos son la sintonia perfecta, una sin la otra carece de música,

EN ESTE PRE - FESTEJO

UN SALUDO FRATERNO.


07/03/2008 a las 19:24
Comentarios de este artículo en RSS

MENSAJE_LEGAL_ATINA_CHILE.jpg

{container-17}