Entre medio de mi arremetida cosmopiolitana criolla, vine a dar al cinzano de Valparaiso, un lugar detenido en el tiempo, lleno de pasado y Chaguito Wanderers.
Uno, dos, diez valetudinarios hambrientos de eternidad cantaban las estrofas más añejas de nuesteras costumbres y detenian los relojes y calendarios desde el año 40 en aldelante, hasta el 43 no más. Pero en las voces y miradas de los asistentes, clientes atornillados a sus puestos alrededor de las chorrillanas, vestian de actual el sentido último de un bar.
No se cuanto he visto ni lo que me falta, al fin de cuentas como un cupido siento que al rededor las gentes se enamoran y acercan más que antes, es ese poder seductor que me desborda justo cuando no lo necesito y molesta al amante vecino de mesa, que acerca sus yemas al cuello inquieto, en busca de una mirada cómplice de no se qué causa en la que me envuelve el piropo mudo, espejo coqueto del rincón vacío.
Desde Valpo.
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