Encontré este inteligente y sabio artículo de Héctor Soto, editor de la revista Capital. Como esta revista no la lee toda la gente, considero importante compartir el texto con ustedes:
Saltos, brincos, confusiones
Salta Irlanda, salta Finlandia, lo hace ahora Estonia y vuelan ???para qué decir otra cosa??? los países asiáticos. Naciones que de la noche a la mañana literalmente ???en tres, en cinco, en ocho años??? parecieran torcer su destino histórico y liberar energías que estaban ocultas, desencadenando procesos muy acelerados de desarrollo que las colocan o las acercan a estándares de vida impensables hasta muy poco tiempo atrás.
Chile también está en la fila del trampolín. No ha dejado de estarlo ni un solo momento en los últimos 16 años. No hay presidente que en este lapso no haya hablado de un salto en función de oportunidades históricas inmejorables. Lo hizo Aylwin, que inauguró la restauración democrática. Lo repitió Frei, que inauguró su mandato con decidido aliento modernizador. Y lo reafirmó también el presidente Lagos, quien a pesar de haber recibido una economía complicada por la crisis asiática y el mal manejo combinado de Hacienda y el Banco Central en la administración anterior, vio en el salto tecnológico una ventana de oportunidades que al final nunca cristalizó.
Seguimos, pues, en la fila y el prometido salto sigue difiriéndose. A lo mejor hay algo de ingenuidad en estos brincos. Tal vez el desarrollo no opera por zancadas sino con una gradualidad algo exasperante pero certera. Al fin y al cabo, el producto interno chileno se ha multiplicado por 3,6, describiendo lo que en la retórica económica iluminista de otra época se hubiera reconocido como ???un milagro???. El desajuste quizás radica en que los estándares, las exigencias, han subido y lo que en otro tiempo parecía una meta inalcanzable, crecer por ejemplo 5% al año, en las actuales circunstancias genera una sensación muy alejada a la adrenalina de los saltos, porque en realidad oscila entre la conformidad y el sopor. Está bien, reconocen todos. Pero la sensación dominante de lado a lado del espectro ciudadano es que podría estar mejor.
La experiencia indica que en este frente los impulsos no caen del cielo. A los chilenos eso nos consta. Las dinámicas virtuosas del desarrollo, del emprendimiento, de la generación de nuevas riquezas y nuevos empleos, suponen esfuerzos muy concertados y complejos para elevar la productividad, ampliar la capacidad instalada y potenciar los recursos y las instituciones en la dirección correcta. Cuando eso ocurre, los países efectivamente dan un salto cualitativo. La apertura de los mercados que tuvo lugar en los años 80 fue eso. La apertura política de los 90 lo mismo. Ambos fueron procesos difíciles y de enormes riesgos. Pero el país, a veces sin mucha conciencia de lo que estaba ocurriendo, se la jugó a fondo y en retrospectiva nadie discutiría hoy que eligió bien.
¿Seguiremos en la misma línea? ¿Podremos decir en 15, en 20 años más, que volvimos a hacerlo bien? Estamos a lo mejor muy cerca de los árboles para ver el bosque completo. Pero hay síntomas preocu-pantes.
¿Cuándo, por ejemplo, se instaló en Chile la disyuntiva falsa y excluyente entre un esfuerzo prioritario por el desarrollo y una sociedad con mayores niveles de protección, acogida e integración? ¿Por qué se le comenzaron a atribuir al crecimiento económico efectos disociadores y traumáticos sobre el cuerpo social, en circunstancias que gracias a él millones de chilenos salieron de la pobreza y entraron a los circuitos del trabajo, de la producción y el consumo? ¿Por qué empezamos a creer que existen seguridades sociales al margen y en cierta forma desprendidas de la madurez del mercado laboral o de la capacidad de la economía para crear más empleos? ¿Por qué sentimos que pueden generarse vínculos sociales más vigorosos que los que unen a un trabajador con una empresa, a un empresario chico, mediano o grande con su actividad, a un empleado o a un profesional con un mercado dispuesto a pelearse por obtener sus servicios con mejores remuneraciones en función del crecimiento de la demanda? La debilidad del discurso que pone énfasis en un Chile más asociativo a menudo invierte el orden de los factores porque reacciona bien ???todo hay que decirlo??? frente a la necesidad de diseñar políticas asistenciales para aliviar la condición de los sectores más vulnerables ???los cesantes, los viejos, los niños desvalidos, las mujeres pobres y jefas de hogar??? pero reacciona en realidad muy mal a la hora de concebir soluciones definitivas para que no exista gente sin empleo, para que las mujeres en peor situación puedan trabajar en jornadas que les acomoden, para que la demanda por servicios alcance también a los ancianos que quisieran generarse algún ingreso adicional y no saben cómo ni encuentran dónde.
Siempre ha habido brechas entre los grandes relatos de las políticas públicas y las pequeñas verdades de la vida privada. Se diría que es una ley de la historia y una de las miserias de la función política. El gran temor es que esas brechas -después de 25 años de gradual acercamiento- se estén ampliando.
Fernando Flores
www.fernandoflores.cl
Kennedy sonio que el hombre iba a llegar a la luna
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