Lugares
Descanso en lugares en los que no hay sitio, duermo entre puentes olvidados y me cubro con hojas de libros jamás leídos. Cuando despierto, respiro del humo de un agua oscura recién hervida entre fogones de sobras que ya nadie recuerda.
Me levanto entre calles grises y un frío oculto, que parece venir de a poco entre calles vacías de un pueblo fantasma. Existen tardes vacías y plazas desiertas, regadores incansables que buscan acabar con el agua de una ciudad. Entiendo poco de pavimentos aunque podría llegar a creer que éste no crece, ni germina, más bien avanza como una enorme bestia arrasando la mentalidad superficial de lo sumamente inútil.
Al llegar la noche siento que mi visión apenas sirve, que de nada sirve abrir los ojos y respirar del atardecer, este ya perdió su sentido, lo que queda es lo que fue, y lo que fue es el olvido.
Al dormir lo hago cantando entre músicas que entonaba mi abuela, y recuerdo notas de niñez y una tranquilidad angelical, recuerdo risas y fantasías, recuerdo corriendo en un campo lejano, donde flores rodeaban nuestra pista de obstáculos, y dónde en cada árbol teníamos nuestro hogar, campo que almacenaba mi niñez como frutos cuidadosos, que vale la pena cultivar, como esos tallos que cortábamos con cierta ligereza, porque pronto veríamos unos nuevos crecer, y comienzo a sentir que soy libre esta vez, y me voy a soñar, a dormir por fin, a descansar, y despierto riéndome de los que creen conocer a este pequeño ser, y juegan a juzgar mi actitud, a deformar lo que soy, porque jamás entenderán lo que yo puedo ver, lo que ya para siempre vi.






