Ana Montrosis

Entrevista a Hernán Rivera Letelier por Alejandro Lavquén

 "Soy un poeta que escribe novelas"

Publicada en Punto Final N° 534 (diciembre 06. 2002)

Con motivo de la aparición de su última novela "Santa María de las flores negras" (Grupo Editorial Planeta), conversamos con el destacado escritor nacional, Hernán Rivera Letelier. En ella, el novelista describe los acontecimientos relativos a la matanza de la Escuela Santa María de Iquique. Nacido en Talca, pero afincado desde pequeño en el norte de nuestro país, Rivera Letelier es autor además de las novelas "La reina Isabel cantaba rancheras"; "Himno del ángel parado en una pata"; "Fatamorgana de amor con banda de música" y "Los trenes se van al purgatorio". Ha sido distinguido con importantes premios y traducido a varios idiomas. Usted siempre mantiene una línea social en sus novelas, pero en esta última se percibe una mayor intensidad. ¿Cómo nace este libro sobre la matanza de la Escuela Santa María de Iquique? Sí, me salí un poco de mi línea, porque aunque siendo una novela de la pampa, del salitre, aquí me centré directamente en un hecho histórico. Un hecho histórico que la historia no quería recordar. Pienso que es mi novela más importante hasta ahora. El tema de la identidad y la memoria, en este libro, está mucho más marcado que en los anteriores. A pesar de que también antes había rescatado el mundo del minero del salitre. ¿Por qué tomó esta temática? Aunque lo que voy a decir parezca un lugar común, yo no busqué la temática, no busqué el tema, es la temática la que te busca. Habiéndome criado en el norte, en la pampa, en el desierto, habiendo estudiado en el desierto, habiéndome enamorado por primera vez en el desierto, habiéndome casado y enterrado mi primer hijo en el desierto y haber trabajado toda la vida allí, no podía ser otro el tema sobre el que yo escribiera. Y de ahí lo que trato de hacer es rescatar la historia del salitre, una historia muy importante para mi país, tan importante como que el salitre fue el sueldo de Chile durante mucho tiempo. Muchas fortunas de magnates, muchos palacios que se construyeron incluso en la capital, Viña del Mar y otros lugares fueron producto de fortunas que se hicieron en el norte con el esfuerzo de esos viejos salitreros luchando con sangre, sudor y lágrimas en las calicheras, que eran además los más mal pagados del mundo. Todo fue para quienes los explotaban. El norte tiene una historia muy profunda, porque si bien significó mucho para el desarrollo del país, por el otro lado está la situación casi de esclavitud de los obreros. Hubo guerras y luchas muy fuertes. Muy, muy fuertes, yo digo que el norte, el desierto de Atacama, especialmente la pampa del salitre, de Taltal a Iquique, en esa extensión de desierto de casi mil kilómetros, fue la cuna de las más fuertes reivindicaciones laborales, también del socialismo y de allí nació el Partido Comunista, entonces, para el trabajador de mi país, la pampa es importantísima como parte de la historia. ¿Qué pasa con el concepto pampa o pampino? ¿Es, como dice el investigador Sergio González, una categoría cultural que identificaba al trabajador organizado socialmente? Claro, la pampa es un sector de ese desierto inmenso, es donde hay caliche, donde hay salitre, y ser pampino es ser distinto al chileno común y corriente, es ser un tipo solidario, ser muy leal, ser un tipo muy nostálgico. Quizá muy áspero por fuera, muy huraño, pero por dentro de mucha riqueza, en verdad hay que conocerlo para darse cuenta de su total dimensión. Es como la piedra, por afuera es dura y tosca, pero su riqueza va por dentro. Pasando a la novela, llama la atención el comienzo en el sentido de que a Olegario Santana, el personaje central, lo rondan dos jotes, a la manera de mascotas ¿Cuál es el significado de éstos, su simbolismo? Esto no nació con la intención de que fuera un simbolismo, sino que la primera idea, la primera imagen que tuve de esta novela fue este pampino, Olegario Santana, con dos jotes amaestrados, que son mencionados en varios partes del relato. ¿Porque no fueron dos gatos o dos perros o dos conejos, no sé?, fueron dos jotes. Al avanzar la novela, mientras se cargaba de contenido, me di cuenta que en verdad los jotes encerraban un simbolismo muy, muy grande. Era el símbolo de los explotadores. Cuando se va a producir la matanza alguien mira al cielo y ve jotes rondando, planeando sobre la muchedumbre, presintiendo y rondando la muerte. Del proceso de investigación que llevó a cabo para escribir la novela ¿Qué cosas nuevas descubrió que le hayan impresionado mucho? Aparecieron varias cosas, detalles muy cabrones, que en mí surtían un efecto muy grande de impotencia. Por ejemplo, descubrí que los militares chilenos estrenaron sus ametralladoras contra estos obreros, contra los propios chilenos, contra hombres, mujeres y niños, sin misericordia alguna. Eso es algo escabroso. ¿Qué opinión le merece que el ejército chileno se haya prestado para participar en esta masacre? Siempre lo ha hecho, se prestó en esa oportunidad y se ha prestado siempre. Si tú revisas la historia te darás cuenta de algo que es espeluznante. Del año 1879 en adelante, todas las glorias del ejército, todas sus victorias, han sido contra su propio pueblo. Todos los triunfos que ellos cantan desde aquel año fueron contra chilenos. El capítulo más impactante del libro es justamente el de la matanza. También impresiona la cantidad de personas asesinadas. Bueno, si bien no se puede dar una cifra exacta se manejan cifras de más de dos mil hasta tres mil. Los que cayeron muertos en la escuela fueron cerca de dos mil, pero muchos de los heridos que lograron escapar, luego aparecieron muertos en las playas, en las quebradas de los cerros o en las casas donde se iban a esconder. Muchos murieron luego de tristeza porque perdieron a sus seres más queridos. Pienso que ese capítulo es uno de los más fuertes de la novela chilena, pero aún con toda la crueldad que tiene esa narración es imposible alcanzar a describir en su verdadera dimensión como realmente fue la matanza. Tendría que ser un Dios para lograr transcribir en palabras toda la monstruosidad que encerró aquel episodio. ¿Qué fue lo que lo motivo a escribir esta novela? Bueno, el hecho de que yo venía contando la historia de la pampa. Si tú te fijas y tomas mis otros libros te vas a dar cuenta que en verdad es un solo libro. Si los pones uno encima del otro son cinco tomos de un solo libro, una sola historia, una continuidad. Incluso los personajes saltan de libro en libro. Y para terminar ese libro de mil páginas, por supuesto que no podía ser otra historia que la de esa matanza injustificable. Algunas de sus obras han sido llevadas al teatro ¿Existe algún proyecto para el cine? Siempre he dicho que soy un escritor afortunado. De dos de mis novelas se han hecho dos obras de teatro por cada una de ellas, y eso es un privilegio. Tengo entendido, además, que Gustavo Meza está preparando la versión de ‘Santa María de las flores negras’. Respecto al cine hay un proyecto que está un tanto atrasado en Francia. Los franceses quieren hacer una película sobre ‘Fatamorgana de amor con banda de música" que debería haberse comenzado a filmar este año pero parecería ser que se filma definitivamente el año venidero. Usted ha sido traducido a otros idiomas ¿Cómo ha sido la recepción en el extranjero? Yo había escrito mucho sobre la pampa, pero veía que no traspasaba las fronteras, y llegué a la conclusión de que era por la forma, el lenguaje, y no el contenido. Entonces comencé a preocuparme de eso. A partir de ahí pienso que comencé a tener una buena recepción en el extranjero. Las críticas que vienen de afuera son mucho más elocuentes que las locales. Como dice la papa: nadie es croqueta en su tierra. Los títulos de sus libros son muy poéticos además Es que soy un poeta, para ser poeta no es necesario escribir versos, pueden haber versos sin una gota de poesía. Un ensayista puede ser un poeta, he leído ensayos llenos de poesía y he visto poemas secos de poesía. Yo me siento un poeta que escribe novelas. Soy un amante de las palabras, de su música, de su sabor. De su suavidad o su aspereza. La explotación de los obreros en las salitreras fue terrible ¿Cómo observa hoy este fenómeno? Después de leer e investigar lo salvaje de la explotación de los obreros en nuestro país, especialmente en la pampa, percibo que esto a cambiado muy poco. La explotación ha cambiado en la forma pero sigue manteniéndose en el fondo. Y el once de septiembre de 1973 fueron cercenadas de un solo tajo todas las reivindicaciones que habían logrado los obreros en sus luchas. Se hizo un nuevo plan laboral completamente a favor de los patrones y aún hoy tienen el descaro de seguir pidiendo flexibilidad laboral. La explotación continúa, a los trabajadores les pagan cuando quieren, y eso cuando les pagan. El norte de Chile fue forjador de un movimiento sindical muy fuerte, el que hoy está bastante disminuido ¿Cree usted que haya esperanza de recuperar un movimiento sindical de esas características? Es que estos hijos de puta hicieron tan bien las cosas en tiempos de la dictadura, nos cagaron tan bien cagados, anudaron tan bien esa nueva Constitución de 1980, que es una monstruosidad. Enfardelaron de tal modo la democracia, que llegó amarrada por todos los costados y ha habido que empezar a desatar nudos. Se han desatado muy pocos nudos y existen otros que podrían haberse desatada hace rato pero hay poca voluntad de hacerlo, me parece a mí. La gente está decepcionada. Estos tipos hicieron tan bien las cosas que a los sindicatos los dispersaron, los dividieron. Hoy el trabajador está casi completamente desprotegido.

Por ALEJANDRO LAVQUEN

Publicidad por Bligoo.com
Comentarios de este artículo en RSS

MENSAJE_LEGAL_ATINA_CHILE.jpg

{container-17}